Durante varias décadas, Alejandro González ha rescatado y recreado el Día de Muertos, una de las tradiciones de la cultura popular mexicana en Nueva York, desde una perspectiva filosófica.

Profesor de profesión, nacido en Ciudad de México, es pionero promocionando la cultura gastronómica de su patria natal en Long Island y también la celebración del Día de Muertos, que la revive cada noviembre, cuando prepara el altar en su restaurante al Este de Nueva York.
Lo entrevistamos para comprender mejor la tradición de los altares y el contexto conceptual de la celebración del Día de Muertos.
¿Por qué es importante celebrar el Día de Muertos?
- Actualmente es una celebración muy popular. La celebramos el 1 y el 2 de noviembre porque cuando España colonizó nuestros países, nos daban permiso de celebrar el Día de todos los Santos y de las ánimas, entonces se aprovecharon esos días, no es necesariamente que se celebren esos días, de hecho se celebra todos los días.
El origen está en nuestra cosmovisión de que la dimensión de lo creado viene a surgir de otra dimensión, en donde no hay espacio ni tiempo y al no haber tiempo no hay nacimiento ni muerte, pero al pasar a la dimensión en la que estamos, todo lo que nace muere, es una condición dentro de la naturaleza de nuestro universo de que todo lo que nace muere y esto no se asume como una terminación, si no como una continuación.
La muerte no es un final si no una transformación, es decir la energía se transforma de una cosa a otra, cuando algo muere sus componentes van a dar vida a otras cosas y su parte espiritual pertenece a la dimensión de no espacio y no tiempo, esta dicotomía o polaridad se puede ver más bien como complementaria, es decir, nosotros existimos por algo que murió.
Los altares son lo más visual de la celebración del Día de Muertos, ¿cuál es su estructura?
- Debe elaborarse en tres niveles, que significan la trinidad, que es algo universal y que representa a la madre, al padre y al hijo, pero en la cristiandad como era un régimen machista, quitaron a la madre y la reemplazaron con el Espíritu Santo, pero en realidad es una triada, que la vemos en Pitágoras, en la semilla de la vida en Egipto, en la India, en Yucatán.
Hemos sido educados para separar espacio y tiempo, pero no existe tal cosa. Todo el espacio-tiempo es uno, no dos cosas separadas. La fuerza de la creación se da en una trinidad, conformada por una fuerza activa o masculina, una fuerza receptiva o femenina y una fuerza neutral, que es el resultado de la oposición de la fuerza activa a la receptiva.
El altar está conformado de tres fuerzas: la primera, la de arriba, que es la parte más cercana a la dimensión no espacio-no tiempo, que sin serlo, tiene contacto o representa lo espiritual; luego está la materia, que es la tierra donde caminamos y el tercer nivel, que es el inframundo.
En el nivel superior, o la parte espiritual, es donde se colocan cosas como iglesias, que representan lo espiritual, pájaros, palomas. La parte del medio es donde estamos nosotros y en la tercera hay muertos de todo tipo, unos alegres, otros tristes.
¿Hay un lugar específico para los retratos de los seres queridos?
- Usualmente los colocamos arriba, porque queremos liberar a las personas que ya han muerto, no queremos mantenerlas atadas con rencores o pensamientos de cosas que no nos gustaron, por el contrario, tratamos de liberarlas de cualquier cosas que nos haya hecho, de perdonarlas y liberarlas de la carga energética para que puedan más fácilmente retornar a este mundo en un plano más elevado.
¿Qué significado tienen los alimentos en el altar?
- Tienen mucho que ver con lo espiritual. Cuando comemos es cuando el amor se expresa de una manera más obvia. Nos sentamos todos a la mesa para dar gracias y reconocemos que todo lo que estamos comiendo ha muerto y que nos está dando vida y que nosotros daremos vida a otras cosas cuando ya no estemos. Es una práctica diaria.
La comida, es una manera de decir a nuestros muertos que los queremos mucho, que deseamos que estén de lo mejor y que el día de hoy les recordamos mucho más fuerte que en otro día y que es bueno que estén con nosotros en este día. La comida es una manera de tenerlos cerca.
¿Las flores también son importantes?
- Son muy importantes. Todo evoluciona en siete, es algo mundial, entonces tenemos siete colores, siete notas musicales, siete días en la semana, el siete es el que organiza la creación.
La flor simboliza el séptimo paso en la evolución de las plantas, así como en los minerales son los cristales, como el cuarzo y las piedras preciosas que simbolizan el último paso. Las flores de cempasúchil se dan principalmente en las laderas de las montañas, se producen mucho en Puebla y Oaxaca, también en Tlaxcala. Si uno puede colocar un faro para que un barco no choque con las piedras, si utilizas flores o piedras preciosas, les indicas a las almas el camino para que vengan a tu casa.
Un mensaje final
Que comencemos a comprender que las enseñanzas de la muerte son únicas y especiales, el ángel de la muerte, -podemos llamarlo así-, es el que nos está diciendo y recordando que cada cosa que hagamos la hagamos como si fuera la última que vamos a hacer, de esta manera le ponemos el deseo muy fuerte y el amor fuerte a todo lo que hacemos.




























