Países latinoamericanos prometen restaurar más de 20 millones de hectáreas de tierra

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Por Camille Padilla Dalmau
IMPACTO LATIN NEWS

 

Siete países de América Latina y el Caribe y dos programas regionales lanzaron el pasado domingo 7 de diciembre, una iniciativa para la restauración de 20 millones hectares de tierra degradada para el año 2020. La Iniciativa 20x20 llega a la misma vez que los acuerdos de cambio climático en Perú en donde los países Latinoamericanos se preparan para los acuerdos globales que se harán en Paris el año entrante.

La iniciativa, apoyada por el World Resources Institute (WRI), el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) tendrá financiamiento de cinco inversionistas quien ofrecerán un total de US$365 millones.

"La restauración de tierra en la región es un elemento esencial para promover la equidad, reducción de pobreza, alternativas para el desarrollo en comunidades rurales pobres, así como un mecanismo para lograr un futuro bajo en carbono y más resiliente," dijo Gabriel Vallejo, ministro de ambiente de Colombia en un comunicado de prensa.

“La iniciativa es positiva pero si hay algo que nos caracteriza, es que muchas veces no acabamos lo que iniciamos,” dijo a Impacto Latin News la Dra. Isabella Alcañiz, profesora en el departamento de Gobierno y Políticas en la Universidad de Maryland quien se enfoca en políticas sobre el medio ambiente en América Latina continúa, “Me reservo el optimismo.”

Según WRI, más de 40 porciento (650 millones de hectáreas) de los bosques en América Latina y el Caribe han sido completamente deforestado o degradados en los pasados años. El maltrato de suelo y la deforestación causa alrededor de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Latinoamérica y el Caribe. Los factores que llevan a las tierras degradadas son la agricultura a pequeña o grande escala, infraestructura, y minería. Algunos ejemplos de degradación de suelos según Alcañiz es el exceso de soja genéticamente modificada producida en América del Sur por la demanda de China, los fertilizantes que crea Monsanto cuales envenenan la tierra, y el uso de antibióticos en la ganadería y las granjas.

La profesora reserva su optimismo porque ha visto como los fondos financieros han sido un problema en el pasado cuando se aplican las iniciativas. Duda que los $350 millones sean suficientes para algunos de los mecanismos que usan, como pagarles a productores agrícolas para que no dañen la tierra. El tamaño de tierra que quieren restaurar se puede comparar con Uruguay.

Los países que están participando y sus metas de reforestación son: México: 8.5 millones de hectáreas, Perú: 3.2 millones de hectáreas, Guatemala: 1.2 millón de hectáreas, Colombia: 1 millón de hectáreas, Ecuador: 0.5 millón de hectáreas, Chile: 0.1 millón de hectáreas y Costa Rica: 50,000 hectáreas. Además están las dos organizaciones regionales: Conservación Patagónica: 4.1 millones de hectáreas y Bosques Modelo: 1.6 millones de hectáreas.

Brasil, el país Latinoamericano con el mayor problema de deforestación no está incluído en el acuerdo. Aunque Alcañiz dice que desde el 2006, nuevas leyes han mejorado la política y desacelerado la deforestación, todavía se encuentran muchos problemas. “Brasil es un caso ejemplar muy dramático donde las leyes no solo no se cumplen bien pero se violan abiertamente en áreas que han sido protegidas por el estado.” Dice que en la Amazonía hay muchos casos de violencia donde grupos económicos tienen ejércitos privados que saben intimidar a los que tratan de frenarlos y a los grupos civiles que habitan las áreas atacadas.

Entre los países que están participando, Alcañiz dice que Costa Rica tiene los mejores recursos para completar la iniciativa. “Costa Rica es un ejemplo de país serio en cuando e manejo de sus recursos naturales y tiene mucho experto en lo que el manejos del bosque sustentables,” dijo.

También mencionó el caso complicado de Ecuador—un país que tiene minería y mucho potencial de excavación petrolera pero que bajo el liderazgo del Presidente Rafael Correa ha buscado otras alternativas. “Ecuador hizo un llamado al público internacional para que depositaran dinero en un fondo para la reparación y cuidado de su tierra y entonces ellos no iban a avanzar con su industria petrolera,” explicó Alcañiz quien se refiere a Yasuní ITT Trust Fund cual empezó oficialmente en el 2011 y terminó en el 2013 por escasez de fondos. Continúa, “No ha prosperado, pero la pauta es que Ecuador busca una alternativa.”

Alcañiz dijo que le gustaría verse implementado más el programa de Bosque Modelo. Este tipo de programa comenzó en Canada y suele ser efectivo. El modelo le da herramientas y recursos a las comunidades, muchas veces de pueblos originarios, que viven en los bosques para que puedan tener políticas sustentables y sean los protectores de su tierra. “Por vivir ahí y vivir del bosque esas personas tienen un conocimiento mucho mayor del bosque que el tipo de capital trabajando en el ministerio del medio ambiente,” dijo Alcañiz.

El Bosque Modelo balancea el avance económico y la protección ambiental. “En general cuando hay conflicto entre defender los recursos o utilizar los recursos para fines económicos—usualmente gana el interés económico,” dice Alcañiz.

Por muchos años, las organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales verdes han defendido las políticas sustentables con el argumento que si se revienta la reserva natural, no hay desarrollo económico posible en el futuro. “El costo económico de los efectos negativos son cada vez mayores y creo en lo que vienen diciendo las no-gubernamentales para el medio ambiente hace mucho tiempo: que también hay una razón razonable en políticas sustentables.” América Latina aunque tiene sus dificultades, si está adelante en lo que es hidroelectricidad— una de las fuentes de energía que menos dióxido de carbono emite. Otra ventaja que tiene la región, particularmente Sudamérica, según Alcañiz, es que la mayoría de los gobiernos son centro-izquierda y tienen en su agenda el cambio climático.

Además, en América Latina no hay porcentajes importantes dentro de la población que no creen en el cambio climático global como pasa en los Estados Unidos. “Hay un reconocimiento mayor [sobre el cambio climático] y la gente tiene mayor evidencia en su vida diaria que las cosas han cambiado,” dice Alcañiz. Sin embargo, piensa que globalmente se le ha dado más atención al medio ambiente. “Ha habido tanto desastre natural que es muy difícil mirar hacia el otro lado.”

 

 

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