Lejos quedó el tiempo en el que los medios eran empresas familiares, donde el diario, la radio y la televisión solían ser tecnologías con identidad propia. Los periodistas eran jóvenes muchachos que deseaban a toda costa contarle al mundo lo que sucedía en cada rincón del planeta. Ese genuino entusiasmo de comunicar y entretener, de imaginar una sociedad conectada e informada a través de la redacción y producción de artículos periodísticos, programas de radio y también de televisión. Una sociedad hambrienta de información compuesta por un público asombrado por lo que los medios podían lograr y confiado en su totalidad con lo que recibían a diario.
El periodismo se transformó lentamente en una nueva especie. Ayudado por una ciudadanía ávida de información y verdad y por un progreso significativo de los medios técnicos de comunicación. Este arte de contar e interpretar la realidad se consolidó en lo que conocemos hoy como empresas cuasi monopólicas dueñas de conglomerados multimedios, en la disminución de grandes representantes de este oficio por su nombre y trayectoria y, finalmente, en la inclusión de un público interactivo y productor de contenidos.
La historia nos permite observar un cambio y crecimiento simultáneos en la forma de hacer periodismo a través de sucesos de impacto mundial. El telégrafo en 1832, las inmigraciones a partir de 1880, los comienzos de la radio en 1870 y abriéndose paso la televisión en 1930 para renacer luego de la Segunda Guerra Mundial.
Estos nuevos medios técnicos de comunicación revolucionaron la manera tradicional de ver el mundo. Aún mayor fue el impulso cuando en los ’80 se lanzó la primera computadora moderna y luego en los ’90 todo comenzó a interconectarse con la llegada de Internet. Los distintos medios y ámbitos periodísticos se fueron fusionando. Hoy nos encontramos con empresas multinacionales dueñas de diversas áreas encargadas de transmitir y entretener, enfrentadas con un público como nuevo protagonista en los medios. El contenido se piensa y se produce para el espectador al mismo tiempo en que el espectador piensa y produce para el medio.
Es una balanza en donde, por un lado, encontramos una información estructurada para salir en los medios y que en ciertos casos se duda de su veracidad al poder estar influenciada por los intereses propios de los dueños. Por otro lado, un periodismo llevado a cabo como acción colectiva ciudadana para conocer la verdad pero que a su vez también se le recrimina no tener un trabajo exhaustivo de verificación.
Analizando ambas partes por separado podemos encontrar dos formas opuestas y a su vez complementarias de hacer periodismo.
El llamado “periodismo ciudadano” nació como expresión de una ciudadanía ávida de participación, de suministrar información de manera independiente, confiable y exacta de todos los ámbitos de la vida y que a su vez sea relevante y significativa para lograr contribuir a la democracia. Esta innovadora forma de producción y difusión de contenido tiene como protagonista no solo a los civiles, sino a las redes sociales que en el los últimos 10 años se abrieron paso para ser consideradas claves en la difusión de información.
Ya se dejó de lado el formato comunicacional lineal del medio al receptor en donde se producía, se distribuía y consumía un mensaje. Hoy, gracias a la variedad y versatilidad de los medios, nos encontramos con un esquema circular y de feedback constante donde el consumidor toma la información, la interpreta, modifica y envía nuevamente al medio.
Mientras el paisaje de la comunicación se torna cada vez más denso, más complejo y más participativo, la población interconectada a través de la red crece y gana acceso a la información, a una mayor cantidad de oportunidades para ser partícipes de la opinión pública, y aumenta su habilidad de emprender una acción colectiva.
Una noticia ya no es solo relatada por los medios tradicionales sino por un sinnúmero de personas a través del globo, que aportan nuevas miradas e interpretaciones y ayudan a formar opiniones propias. Las compañías multimedios filtran la información y la estructuran de forma que esté lista para el consumo a conciencia, de quien la reciba. Los nuevos medios envían contenidos de manera continua para encontrarse en una instancia posterior con el filtro que los lectores, entrenados en el arte de la comunicación, interpondrán para decodificar los mensajes.
El periodismo ciudadano fue cobrando fuerza y tomó un lugar central en la escena mediática. Aún siendo así, se le critica el hecho de que a veces los temas son tratados con ligereza y carecen de fuentes certeras más allá de sus propias opiniones.
La noticia es poder. Informar es poder. Ejercer el control de los medios técnicos de comunicación es ser protagonista del entretejido de una de las redes más complejas y, a su vez, más importantes.
Tener la palabra y ser el responsable de formar opiniones es lo que vale, más allá de quien sea el emisor.
Los grandes Holdings son mega corporaciones dueñas de distintas áreas de la comunicación y el entretenimiento. Nuclean en una misma empresa distintas vertientes.
Esta pluralidad de áreas que abarcan comprende canales de noticias, diarios, revistas, radio, shows de televisión, obras teatrales, merchandising, productoras de cine y también incluye a la industria musical y del deporte, entre otros.
Estas empresas se entregan al público en diversos formatos y son las encargadas de informar con fuentes de primera mano, o a veces las que resulten convenientes.
Los usuarios se ven en muchos casos molestos con el empresariado de los medios cuando detectan su intención de manipular a través de la información, bajo el discurso ya trillado de “darle a la opinión pública objetividad periodística”.
Tanto de un lado como del otro, los periodistas siempre fueron considerados los representantes y responsables de llevar a cabo la recolección e interpretación de información. Su rol como “defensores últimos” de la verdad se encuentra en una encrucijada o más cuestionado que nunca, debido a esta dualidad en el esquema que los lleva a dos posibles extremos, con algunos matices intermedios: ser parte de la empresa mediática o ejercer como FreeLancer. Puede que la cuestión esté en dilucidar qué tipo de periodismo se hace de un lado y que tipo de periodismo se hace del
otro.
¿Producción de contenidos dentro de una estructura y marco de referencia o producción sin aparentes ataduras, ni condiciones previas, pero con posibles consecuencias a posteriori? La elección se reduce pura y exclusivamente al periodista que se encuentre en esa disyuntiva.
… medios, empresas, periodistas, ciudadanos, todos protagonistas indiscutibles del universo de la información…




























