
Dos astrónomos discuten acaloradamente, uno es dueño de las de las tablas de mediciones astronómicas más precisas y valiosas de su tiempo, el otro, dueño de una mente brillante, capaz de interpretar las tablas a la perfección, se necesitaban mutuamente, esa relación y sus vicisitudes permitiría a la postre identificar la órbita de los planetas.
Son varios los personajes a los que se hace referencia, Tycho Brahe, Johannes Kepler, Hamlet y Lear de la literatura shakesperiana y dos más que son el resultado de un cambio de timón que tiene la obra, marcado por el sonido de un celular, que repentinamente nos hace observar un plano diferente transportándonos de la ficción a lo real.
Ahora vemos a dos personajes enfrascados en un duelo generacional, en un duelo de percepciones artísticas, de percepciones creativas, de la vida, de experiencias, un discurso entre padre e hijo separados por una brecha repleta de rivalidades bien sustentadas.
Juan Villoro nos entrega un extraordinario texto impecablemente dirigido por Antonio Castro, texto que navega en varios entornos, desde el discurso entre hombres de ciencia hasta la discusión de dos actores, de dos hombres desencontrados que pudieran tener un vínculo tan cercano como inesperado.
Adicionalmente en escena, dos histriones de alta envergadura se encuentran frente a frente, Joaquín Cosío demuestra estar alcanzando los mejores niveles de su carrera, por su lado Jose Maria de Tavira no desmerece en lo absoluto, ambos creíbles, conectan, son sumamente precisos.
Castro se apoya en Damián Ortega en el diseño de escenografía en Victor Zapatero en el diseño de iluminación en Miguel Angel Hernandez Montero en el diseño sonoro y en Edyta Rzewuska en el diseño de vestuario, “La Desobediencia de Marte” presentada por la Secretaria de Cultura a través del Centro Cultural Helénico, Magnifico Entertaiment y Lado Be estará en el teatro Helénico hasta el 1 de Octubre con funciones los viernes sábados y domingos.
La Desobediencia de Marte cuenta con todos los ingredientes y se convierte en uno de los trabajos mejor logrados en lo que va del año.
“El infierno moderno es una zona sin cobertura” referencia a la brutalidad tecnológica que nos encadena sin piedad en estos días, como muchas que utiliza Villoro en su esplendida entrega.
Hasta la próxima y recuerda que también hablaré de ti.
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