Venta ambulante de mascarillas en el metro de Nueva York

Y es que, a pesar de que la Gran Manzana vive aletargada desde que el pasado 23 de marzo se decretara el cierre de toda actividad no esencial, el metro sigue en marcha.
Y es que, a pesar de que la Gran Manzana vive aletargada desde que el pasado 23 de marzo se decretara el cierre de toda actividad no esencial, el metro sigue en marcha.

Los hospitales de Nueva York no tienen mascarillas, en las farmacias se han agotado desde hace varias semanas y las tiendas por internet o nos las venden o lo hacen a precios astronómicos, pero en el metro, que continúa en marcha a pesar del letargo en el que está sumida la ciudad, sí se pueden encontrar.

O más bien son ellas las que pueden encontrar al posible cliente, porque quien las ofrece es un vendedor ambulante, que ofrece pequeños paquetes con cuatro mascarillas a los pasajeros por un precio de cinco dólares.

Por ejemplo, el vendedor ambulante atraviesa un vagón de la linea 6 ofreciendo las mascarillas, con un puñado de bolsas en una mano cubierta por un guante de plástico y otra gran bolsa negra cargada con más mascarillas.

Sin embargo, no se sabe si la calidad cumple con los estándares de fiabilidad o si es uno más de los cientos de timos que se han denunciado en la ciudad de Nueva York desde que se empezó a extender el Covid-19, que ya afecta a más de 43.000 personas, 75.795 personas en todo el estado con más de 1.700 muertes.

Y es que, a pesar de que la Gran Manzana vive aletargada desde que el pasado 23 de marzo se decretara el cierre de toda actividad no esencial, el metro sigue en marcha, aunque algunas líneas no tienen horario fijo y, en otras, los metros circulan de manera espaciada cada diez o quince minutos.

La ONU dona a Nueva York 250.000 mascarillas para hacer frente al coronavirus

Esta frecuencia provoca a veces aglomeraciones no deseadas en algunos vagones, donde la gente hace equilibrios para intentar mantener la distancia de seis pies (dos metros) recomendada a través de los altavoces del metro tanto en inglés como en español.

Otros usuarios también hacen equilibrios, pero para evitar agarrarse a las barras de seguridad por miedo a que puedan estar infectadas con el coronavirus.

Y esta aglomeración subterránea atrae también a quienes piden dinero para sobrevivir y que han abandonado las vacías calles de la ciudad, que hasta hace tan solo quince días no estaban acostumbradas a dormir y menos aún a avanzar a un ritmo de siesta de verano. EFE News

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