Aquí seguimos

EDITORIAL

Hay momentos en los que celebrar nuestra herencia significa recordar nuestras tradiciones, nuestra música, nuestra comida y las costumbres que nos conectan con los países de donde venimos. Pero también existen momentos en los que celebrar significa reconocer nuestra fortaleza.

Este Mes de la Herencia Hispana llega precisamente en uno de ellos. Para miles de familias inmigrantes en Estados Unidos, los últimos meses han estado marcados por la incertidumbre. Las redadas, las deportaciones, los cambios en las políticas migratorias y la situación de programas como el Estatus de Protección Temporal han creado preocupación en hogares donde muchas personas llevan años, e incluso décadas, construyendo una vida.

Detrás de cada discusión sobre inmigración existen personas. Hay padres que llevan a sus hijos a la escuela, trabajadores que se levantan antes del amanecer, empresarios que abren sus negocios, jóvenes que estudian para convertirse en profesionales y familias que han hecho de Estados Unidos su hogar.

No todos tienen la misma historia ni la misma situación migratoria. Tampoco existe una única opinión dentro de nuestra propia comunidad sobre cómo debe funcionar el sistema de inmigración. Estados Unidos tiene el derecho y la responsabilidad de establecer y hacer cumplir sus leyes. Al mismo tiempo, un debate tan importante no debería hacernos perder de vista la dignidad de las personas afectadas por esas decisiones.

Esa dimensión humana merece estar presente en la conversación. Muchos inmigrantes llegaron a este país dejando atrás padres, hermanos, profesiones, propiedades y una vida que conocían. Algunos escaparon de la violencia o la inestabilidad; otros simplemente buscaron mejores oportunidades. Empezaron nuevamente, muchas veces desde abajo, trabajando en empleos que nunca imaginaron desempeñar y aprendiendo a desenvolverse en otro idioma y otra cultura. Con el tiempo, echaron raíces.

Compraron casas, formaron familias, crearon empresas y vieron crecer a hijos que hoy son ciudadanos estadounidenses. Esos hijos estudian en nuestras escuelas, participan en deportes, ingresan a universidades y comienzan sus propias carreras. Esa también es parte de la historia contemporánea de Estados Unidos.

Por eso resulta demasiado sencillo describir a la comunidad inmigrante únicamente a través de estadísticas o categorías legales. La comunidad latina también se entiende recorriendo cualquier ciudad estadounidense. Está en los restaurantes, hospitales, hoteles, construcciones, jardines, comercios y oficinas. Está en miles de pequeños negocios que comenzaron con unas herramientas, una camioneta, una cocina familiar o unos cuantos clientes y que hoy generan empleos y oportunidades.

Y cuando llegan tiempos difíciles, aparece otra característica que conocemos bien: la solidaridad. Familias que ayudan a otras familias. Iglesias que ofrecen orientación. Vecinos que comparten información. Empresarios que apoyan a sus trabajadores. Organizaciones que explican derechos y ofrecen recursos. Amigos que se convierten en familia cuando los familiares verdaderos se encuentran a miles de kilómetros.

Nada de esto elimina la preocupación que muchas personas sienten actualmente. Tampoco pretende minimizar la complejidad del debate migratorio. Pero sí recuerda algo que algunas veces desaparece entre discursos políticos, cifras y titulares: nuestra comunidad es mucho más que su estatus migratorio.

El Mes de la Herencia Hispana debe servir para celebrar nuestros logros, pero también para recordar de qué estamos hechos. Nuestra herencia incluye música, gastronomía, idioma y tradiciones. Pero incluye igualmente sacrificio, perseverancia, trabajo y una extraordinaria capacidad para comenzar nuevamente.

Las generaciones anteriores enfrentaron sus propios desafíos. Las actuales enfrentan los suyos. Y las próximas recibirán no solamente las tradiciones que decidamos conservar, sino también el ejemplo que dejemos.

En estos tiempos de incertidumbre, ese ejemplo debe ser de unidad, responsabilidad y esperanza. Porque después de cada dificultad seguimos trabajando. Seguimos educando a nuestros hijos.

Seguimos creando negocios. Seguimos ayudando a nuestros vecinos. Seguimos aportando al país que también ayudamos a construir. Este Mes de la Herencia Hispana tenemos muchas razones para celebrar, pero quizás también una frase sencilla que recordar: Aquí seguimos. Y seguimos adelante.

En tiempos de incertidumbre, la fortaleza de los inmigrantes latinos se sostiene en la familia, el trabajo, la solidaridad y la esperanza

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