EDITORIAL
En la historia continental el 10 de agosto de 1809 marca un hito con el cual inicia el proceso de independencia de las colonias españolas en América.
Si bien durante los trescientos años de coloniaje florecieron en diferentes etapas y lugares de los territorios conquistados, muestras de descontento, protestas y sublevaciones por parte de diferentes grupos, no solo indígenas, conquistadores españoles y mestizos, fue el 10 de Agosto de 1809 cuando un grupo de letrados presenta un proyecto de gobierno estructurado completo y detallado.
La madrugada de ese 10 de agosto, muy educadamente el cuerpo colegiado denominado Junta Soberana de Quito, notificó al presidente de la Real Audiencia y Presidencia, que había cesado en sus funciones y no hubo derramamiento de sangre. Al llegar las noticias de un suceso inusitado y único, las demás colonias lo emularon proclamando independencia, así en fechas posteriores en la Capitanía General de Venezuela el 19 de abril de 1810 se proclama la Junta de Caracas, el 25 de mayo de 1810 la junta de Buenos Aires, el 20 de julio de 1810 la Junta de Bogotá, el 16 de septiembre de 1810 tiene lugar el Grito de Dolores en México y el 18 de septiembre de 1810 la Junta de Santiago de Chile.
Estos hechos históricos demuestran el sentido de unidad continental de los latinoamericanos que han compartido y comparten no solo una unidad territorial continental con sus circuitos de islas y archipiélagos, donde han coexistido desde hace por lo menos doce mil años.
Las realidades de los países latinoamericanos se entrelazan en muchos aspectos y la historia nos lo demuestra. La Declaración de Independencia de Quito fue el inicio de un proceso que culminó en 1822 solamente gracias a la intervención de un ejército independentista comandado e integrado por hombres y mujeres de varios países de América e incluso de otros continentes.
La conquista y celebración del triunfo de valores tan elevados como la libertad, rebaza todo tipo de fronteras, no solo geográficas, mentales, religiosas, raciales e ideológicas. Al conmemorar y celebrar los ecuatorianos sus fiestas, fundamentadas en hechos históricos de gran trascendencia para la historia continental, nos dan la oportunidad de reflexionar sobre ello.
Las actuales celebraciones, al igual que las actuales realidades son el resultado del trabajo de mucha gente, no son conquistas individuales. Para que los ecuatorianos puedan disfrutar de sus festejos han habido innumerables compatriotas e incluso personas de otras nacionalidades que han aportado con su tiempo, su capacidad, sus recursos y parte de su existencia para que ello sea posible y es muy importante que la comunidad desarrolle y fortalezca ese sentido de gratitud.
Comenzando con miles de personas que pasaron hambre, malas noches, conformando los ejércitos libertarios por lugares inhóspitos, durmiendo en el suelo, viviendo de la caridad de los pueblos por los cuales atravesaban, luchando sin estar preparados militarmente para ello, siendo heridos y muchísimos ofrendando con su vida, hasta los pioneros de la organización de la comunidad ecuatoriana como el mismo presidente Jaime Roldos y sus diplomáticos Embj. Miguel Albornoz, Martin Manosalvas, los fundadores del Comite Civico Ecuatoriano muchos de los cuales aún están vivos, es importante reconocer sus aportes.
La vida no está comprada eternamente, es imprescindible preparar los caminos para el futuro, dejan un ejemplo de inclusión, de respeto a la historia, de visión de futuro, de trabajo intergeneracional, pero ante todo de excelencia.
A la gente, de cualquier parte, no les interesa saber quien es el encargado de organizar las fiestas, lo importante y realmente trascendente es el nivel organizativo, que debe progresar en el tiempo, debe mejorar y debe estar a la altura de una celebración tan importante.
Hacemos votos por el permanente progreso de la comunidad ecuatoriana, latinoamericana y de todos los neoyorquinos a quienes este semanario sirve desde hace cincuenta y seis años y que las celebraciones de la historia sean motivo de unidad, orgullo y aliento para continuar.


























