EDITORIAL
Después que la ciudad de Nueva York se encuentra en proceso de recuperación, ha sido posible reconocer los efectos de la pandemia en el transporte.
La Autoridad Metropolitana de Transporte cumple un rol primordial en el funcionamiento de la ciudad, su limpieza ha sido fundamental en la lucha contra el coronavirus y no ha parado de movilizar a los trabajadores de primera línea, pero atraviesa una crisis que parece agravarse por la violencia que sufre la ciudad.
Nueva York es única en el país por la amplitud y efectividad de su sistema de tránsito que es la columna vertebral de la movilidad de la fuerza de trabajo, por lo tanto una vena principal del funcionamiento productivo.
En varias oportunidades Impacto ha publicado temas relacionados con el sistema de transporte público de la ciudad, desde el deterioro de la pintura en los barrios latinos, hasta la inseguridad, la basura, el acoso a las mujeres, etc., etc.
El sistema de transporte público fue económicamente golpeado durante la pandemia y continuó sirviendo, ha invertido millones en nuevos equipos como pantallas para publicidad, renovación de sus estaciones, pintura de la infraestructura, implementación de información visual computarizada, además de los accesorios para pago de tarifa exclusivamente con tarjetas de crédito.
Pero las medidas de contención de la pandemia, redujeron el número de pasajeros y la MTA tiene mucho menos ingresos, pero la reducción del servicio y el incremento de tarifas, afectarían directamente la productividad de la ciudad.
Desde que iniciaron las desinfecciones de los vagones del tren, mejoró la seguridad sobre temores de transmisión del coronavirus y por ahora, aún se mantiene esa percepción de seguridad de viajar en los trenes, anteriormente invadidos por miles de mendigos de la ciudad.
Pero esa situación también ha comenzado a revertirse y a ella, se añaden los daños a los trenes públicos de la ciudad, que son una expresión de la creciente ola de violencia que se ha apoderado de la ciudad.
Ni en la época más negra de la ciudad ocurrieron daños como los que actualmente sufren las ventanas de los trenes.
La permanente convivencia con miles de mendigos que acarrean y propagan bacterias y suciedad, especialmente durante el invierno, cuando viven dentro del sistema de transporte público, es un problema que está por verse si se ha previsto para finales de año.
Disminuir los fondos para la policía, asegura más oportunidades para actos de vandalismo y crimen dentro del sistema de transportación pública.
La policía es clave en el mantenimiento de la seguridad en el sistema de transporte público de Nueva York y bajo una legislación que asegure y garantice los Derechos Humanos y Libertades Civiles, la práctica de revisión de la portación de armas de todo tipo, armas blancas y de fuego, es más necesaria que nunca.
Una de las áreas más golpeadas por la pandemia es la protección del medio ambiente. Según expertos en tránsito, los neoyorquinos optan por los automóviles en lugar del transporte público, lo que agrava no solo la crisis financiera de la MTA, la ya mala congestión vehicular, el incremento de muertes en accidentes de tránsito, pero agravan la calidad del aire y la lucha contra el calentamiento global.
Actualmente el cuarenta y dos por ciento de la fuerza laboral estadounidense trabaja de forma remota, pero para los neoyorquinos que trabajan desde casa durante la pandemia, la pregunta no es solo cuándo, sino cómo volverán al trabajo, porque la crisis de la MTA no es solo financiera, es de seguridad ante la violencia y ante el coronavirus.
El transporte público puede ser seguro para viajar, siempre que las personas usen mascarillas, practiquen un comportamiento seguro de distanciamiento social y se desinfecten las manos.
Proveer sobre temas como congestión, calidad del aire, accidentes de tráfico, riesgos para peatones, ciclistas y conductores es un tema clave y los ciudadanos tomarán muy en serio estos asuntos en las elecciones de la ciudad de 2021.



























