Un problema añejo

EDITORIAL

Desde su surgimiento en la Ciudad de Nueva York, el servicio de taxis ha atravesado un largo proceso, sin embargo la crisis que terminó con la muerte de varios conductores el año pasado y que ahora un reportaje destapa un circulo de abuso financiero, es un problema que se ha gestado durante un respetable tiempo, en el cual nadie ha hecho nada.

La crisis es más profunda de lo que sea aprecia a simple vista, no se limita al tema del fraude de los préstamos para la compra de costosos medallones, es una muestra del problema de las licencias en varios sectores que incluyen la venta de licores, los vendedores ambulantes, etc., etc. donde las licencias se han convertido en una forma de tomar ventaja de la gente, mayoritariamente de los inmigrantes.

La investigación ordenada por la fiscalía y por la alcaldía, cae como anillo al dedo en tiempos de campaña electoral. La crisis, que ya no daba más, es una buena oportunidad de colocarse, una vez más, la camiseta como héroes en una lucha que debieron, por principios y obligación, iniciar hace mucho tiempo y a la cual no atendieron oportunamente, si no por el trabajo de los medios de comunicación, que demuestran pueden lograr, a través de la exposición de los problemas, promover cambios en beneficio de quienes son abusados y discriminados frente a las autoridades.

El reportaje que después de casi un año de investigaciones fue publicado por el The New York Times, exponiendo el oscuro trabajo de entidades financieras que dejó a víctimas en la ruina, solo pinchó una gigantesca bola de pus, que involucra no solo a los casi mil propietarios de medallones que quedaron endeudados, algunos de los cuales optaron por quitarse la vida, involucra directamente a la Comisión de Tránsito, a las organizaciones sindicales cuyos líderes se han mantenido callados. La investigación arroja datos de los últimos catorce años, no de hace catorce meses.

Si no fuera por el agravamiento de la crisis debido a otros elementos colaterales, como el incremento de la competencia, el aumento de tarifas, etc., el quiste habría continuado creciendo, pero lo que no se puede negar, es que el tema se trata de la caída de un negocio millonario, beneficioso para un grupo, que debe ser ejemplarmente sancionado.

El servicio de taxis amarillos de la ciudad deja mucho que desear, los autos no se mantienen en forma apropiada, huelen mal, no se los limpia, los conductores están permanentemente hablando por los celulares, son rudos, no se preocupan por si el cliente necesita aire acondicionado o calefacción, trabajan a lo más que nunca, pero son parte de la estructura de una ciudad que atraviesa por una crisis de transporte público, congestión vehicular, sobrepoblación local, una población flotante de sesenta mil mendigos y vendedores ambulantes, millones de turistas y lo peor de todo, una ciudad en la cual sus autoridades locales, no han sabido qué hacer para buscar soluciones efectivas y que a nivel legislativo, han sido ineficientes a la hora de crear leyes que eviten y censuren a los prestamistas inescrupulosos que se aprovechan especialmente de los inmigrantes y que han consolidado una verdadera mafia, que se ha enriquecido a costa del trabajo y de la vida de seres humanos.

Históricamente, solo a los taxis con “medallones", aquellos pintados de amarillo y regulados por el TLC, les ha sido permitido recoger pasajeros en cualquier calle, pero el TLC también regula y otorga licencias para los vehículos de alquiler, que tienen prohibido recoger pasajeros en la calle, aunque esto en la práctica no se aplica en los distritos fuera de Manhattan, donde deben recoger solo a clientes que han llamado al despachador del servicio, lo cual no sucede y no se sanciona. La competencia de los taxis con medallón es grande, también están los "boro taxi" de color verde manzana, restringidos para recoger pasajeros en los condados periféricos de Manhattan, (excepto en los aeropuertos internacionales La Guardia y Kennedy) y los que más han impactado de empresas como Uber, Lyft, etc. Se ha roto un monopolio, pero no se han calculado las consecuencias y la cuerda se ha roto por el lado más delgado.

La Comisión de Taxis y Limusinas de la Ciudad de Nueva York (TLC), que también supervisa más de 40.000 otros vehículos de alquiler, incluyendo furgonetas, ambulancias y servicios de limusinas, es en última instancia, la entidad responsable de lo que ocurre con el servicio de transporte en la ciudad. La legislación ha fallado, hacen falta más leyes de control, más regulaciones y más educación, para garantizar que los nuevos inmigrantes se incorporen apropiadamente a la fuerza de trabajo y no sean abusados. Basta de usarlos solo para fines de lucha política entre partidos y ficha de canje electoral, el precio por desatender a la clase trabajadora es muy alto y con el tiempo se sentirán aún más las consecuencias.

Tampoco se trata únicamente en ayudar a la depresión que el endeudamiento causa a los conductores, lo fundamental es protegerlos de la explotación y saqueo por parte de los ladrones de cuello blanco, que aparentemente cuentan con el respaldo de los políticos, cuya inacción los convierte en cómplices.

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