EDITORIAL
Los casos de brutalidad policial que desataron una fuerte reacción tras el asesinato de George Floyd en Minnesota, han promovido una fuerte corriente nacional e incluso internacional, de rechazo a toda expresión de racismo.
En ese contexto la ciudad de Nueva York ha vivido durante varias semanas una serie de acontecimientos que van desde enfrentamientos entre civiles y militares, vandalismo, protestas pacíficas, marchas, presión a las autoridades a nivel legislativo, a los oficiales electos a nivel local y estatal, así como una serie de actos solicitando o presionando para la remoción de varias estatuas y monumentos que, por la trayectoria documentada de los personajes a los que exaltan, son un símbolo de racismo.
A nivel nacional los casos son muchos y en Impacto se ha publicado abundantemente al respecto, sin embargo actualmente han resurgido luchas de larga data, como la de los nativo-americanos, que son el primer grupo del continente victimizado por el racismo y la supremacía blanca, tras la llegada del marino Cristóbal Colón.
La lucha de las nacionalidades indígenas en todo el continente se avivaron en 1992, durante la conmemoración de los quinientos años de la llegada de Colón a América. En esa ocasión hubo un amplio debate internacional sobre el impacto del llamado “encuentro” y entre otras cosas se comenzó a discutir incluso la denominación tradicional que se había dado al doce de octubre como “descubrimiento de América”, cuando las investigaciones históricas han probado que Colón no fue el primero en llegar a este continente.
La historia ha demostrado que Colón fue de los que llegaron relativamente tarde al Nuevo Mundo, ya que muchos siglos antes que el aventurero italiano navegara hacia el oeste desde España, tratando de encontrar una ruta comercial con el Oriente, nómadas asiáticos penetraron Norteamérica a principios de la Edad Glacial, hace cincuenta mil años.
Investigaciones conjuntas de geólogos, arqueólogos y antropólogos, han permitido a los historiadores determinar que la principal corriente migratoria hacia América inició hace once mil años y continuó durante varios siglos, teniendo como ruta principal el estrecho de Bering, además de otros puntos de ingreso por el océano Pacífico.
Estos pobladores anteriores a Colón en milenios, se dispersaron a lo largo de todo el continente desde Alaska hasta la Tierra de Fuego. Adicionalmente hay pruebas de que marinos escandinavos llegaron a América en el siglo XI y que exploraron y navegaron la parte noreste del continente desde sus asentamientos en Groenlandia.
En el año 1000, Leif Erickson condujo una expedición a “Vinland”, sitio cercano al cabo Cod. Las expediciones vikingas duraron aproximadamente veinte años y se extendieron por todo el golfo de St. Lawrence, pero en el proceso histórico no tuvieron impacto porque no hubo asentamientos perdurables, probablemente por la presencia de los grupos nativo-americanos.
Incluso cinco años antes del primer viaje de Colón, Bartolomé Díaz circunnavegó el cabo de Buena Esperanza y en 1498 Vasco de Gama llegó a la India y dos años después Pedro Alvarez Cabral, que trataba de ir a la India, fue desviado por los vientos y arribó a la costa de Brasil.
Uno de los actos de justicia más importantes que el movimiento revolucionario Black Lives Matter puede promover, es precisamente con la historia. Porque la propia historia oficial en esta nación no da cabida a sus habitantes primigenios, es decir, borra de un plumazo la presencia milenaria de los grupos nativos, cuyos aportes tienen gran significación y trascendencia hasta la actualidad.
El tema de la remoción de estatuas y monumentos, tampoco puede reducirse a informes especializados, -como el solicitado por el alcalde De Blasio-, ni a los aspectos afectivos o vínculos que los oficiales electos puedan tener, como es el caso del propio alcalde y del gobernador, que tienen ascendencia italiana. Es crucial que se realicen conversaciones multidisciplinarias, incluyendo a historiadores profesionales y académicos de diferentes tendencias, que aporten con elementos de juicio, en un ambiente de respeto.
Vandalizar monumentos y estatuas no es la forma de erradicar el racismo, si no de instaurar la violencia como medio de cambio brutal e irracional. Es importante considerar que una estatua es, dentro de su propio contexto histórico e incluso fuera de él, una producción artística, que por respeto al talento creativo de su autor, debe ser considerada, independientemente de su contenido conceptual, el cual de ser justificado con suficientes elementos de juicio, para ser removida y reubicada, incluso considerandos la creación de un museo de personajes no gratos para los valores de una sociedad civilizada.
La defensa del diálogo para la solución de las divergencias, el respeto a la libertad de pensamiento y expresión, deben ser consideradas por un movimiento que promueve los Derechos Humanos y la tolerancia como medio de convivencia pacífica, sin dejar de presentar propuestas efectivas para cambios y reformas a nivel legislativo, que incluyan mecanismos de control de su cumplimiento.
El racismo es una de las múltiples formas de discriminación y de irrespeto a los Derechos Humanos. Que esta coyuntura sirva para lograr mayor justicia con todos los grupos que a lo largo de siglos han sido víctima de discriminación, abuso y menosprecio. Que esta revolución social sirva para hacer justicia con la historia.
La participación de los nativo-americanos, como muestra de solidaridad con la comunidad afro-americana, es un hito importante que beneficia a la comunidad latinoamericana, cuya identidad está directamente vinculada a los grupos aborígenes del continente.
No basta con hacer historia: hay que cambiar el curso de la historia


























