
Marchas multirraciales exigiendo justicia social hacen historia, la mentalidad del blanco americano cambió y hace historia, la Corte Suprema garantiza los derechos de la población LGTBI y hace historia, Georges Floyd en su muerte hace historia, los desaparecidos de la historia regresan para hacer historia.
Estamos viviendo tiempos históricos, tiempos de cambio, de conquistas, de descubrimiento por parte de algunos de una realidad a la que le habían dado la espalda por años, la de una América racista, desigual, una América en que los derechos del ser humano eran pisoteados, una América que vivía cegada por un esplendor dorado.
Desde la anterior campaña electoral a la presente estamos viviendo cambios, lo que era considerado locura liberal, utopía: seguro médico para todos, educación universal y gratuita, salarios mínimos decentes, derechos reclamados por voces solitarias, minoritarias, hoy son considerados derechos y se integran al discurso mayoritario como algo normal.
Cierto, no todo ha cambiado, el alejar el dinero de la política no se ha logrado, pero lo sabemos, todo cambio es progresivo y lo imposible ayer es posible hoy, y lo imposible hoy será posible mañana.
La historia que estamos viviendo viene de atrás, de promesas traicionadas, de vanos discursos, de darnos vuelta la espalda, de dividirnos, de marchas mayoritariamente monocolor, de marchas mayoritariamente negras marchando por el derecho a la vida de los negros a marchas mayoritariamente blancas marchando junto a negros por el derecho de los negros y por ello por el derecho de todos.
La marcha de las mujeres parió una nueva marcha, la población LGBTI añadió el arcoíris, el grito Me Too se hizo universal, unió la violación al antirracismo, unió la violación del cuerpo y del espíritu a la violación del sueño de los DACA, al intento de arrancar la piel a América para transformarla en una América blanca, esterilizada y uniforme.
Se han avanzado modestos pasos para contener la violencia irracional de la policía, para romper con la inmunidad y se hace historia, pero se retrocede en la historia reciente cuando el presidente habla de inmunidad selectiva para la policía, inmunidad frente al crimen, inmunidad civil. Es decir, cambiar para que nada cambie, que no paguen de ninguna forma.
Se hace historia cuando se pide que cada policía esté equipado de una cámara en su cuerpo para registrar sus intervenciones, se retrocede en la historia cuando se escucha casi como una letanía o lectura de los derechos del detenido, “no resista, no se resista”, intentando justificar la violencia. “No resista” parece ser el nuevo motus de la policía al detener a un ciudadano negro o café, como nos llaman, “no resista” repiten mientras nos golpean en el suelo.
Se hace historia cuando se rompe el silencio cómplice y manos solidarias graban una escena de represión para exponer al mundo la realidad de la violencia policial.
Se hace historia cuando se pide limitar el poder de la policía, cuando se pide transparencia, cuando se pide control civil. Se cambia el rumbo de la historia cuando se logran leyes que los obligue a respetar los derechos de la gente, cuando se les quita de las manos armas de guerra, cuando se hacen públicos los datos que reflejan el comportamiento de los malos policías.
Se hace historia con leyes, cuando, presionados por la opinión pública, los republicanos, mayoría en el Senado, se reúnen para presentar un proyecto de reforma al sistema judicial, o cuando los demócratas, mayoría en la Cámara de diputados, se reúnen para presentar un proyecto de ley de la reforma judicial. Se hace historia por lo que ambos responden al clamor popular, pero no se hace historia con imágenes de una publicidad populista, presentar liderando uno de los proyectos al único senador negro que tienen los republicanos, o cuando en un gesto igualmente populista los demócratas se arrodillan en la cámara llevando pañuelos de Kente símbolo del caucus afroamericano en el Congreso.
Se cambiará el rumbo de la historia cuando en su conjunto aprueben una ley que responda a la demanda popular, cuando se establezcan parámetros claros en la preparación de la policía, cuando se prohíba el uso de fuerza letal, cuando se les haga responsables, incluso desde el punto de vista económico, por las violaciones cometidas, cuando quede claro que no queremos la misma policía, que queremos una policía que sea responsable de nuestra seguridad y no una amenaza para nuestra seguridad.
Hoy se está haciendo historia al buscar cambiar el sistema judicial, pero ello no basta, tenemos que cambiar el curso de la historia, lograr que cada cambio sea irreversible, que cada paso sea un escalón más en la búsqueda de la justicia social, en la ruptura de los estereotipos, racismo disfrazado. Tras la pandemia tenemos que lograr que nunca más los desfavorecidos, los pobres, los negros y latinos pongamos los muertos, la salud debe ser un derecho universal y no un privilegio para algunos.
Tenemos que cambiar el curso de la historia y hacer que se cuente el dolor y los muertos y no el valor de las acciones, tenemos que cambiar el rumbo de la economía, su razón de ser, sus beneficiarios, que al abrirse se abra en justicia para terminar con esa desigualdad que hiere, terminar con el dominio político de los poderosos, modernos esclavistas.
Hay que decapitar a Wall Street así como se decapitan las estatuas de los esclavistas.
Vivimos tiempos históricos, hace algunos años cientos, miles de jóvenes se instalaron frente a Wall Street exclamando Occupy Wall Street. No se ganó, pero se avanzó de un paso, un paso que hoy sale a recorrer las calles para hacer historia, un paso que junto a otro paso debe cambiar la historia, por lo que no basta con hacer historia, hay que cambiar la historia o los muertos de mañana nos pasarán la cuenta.
Se hace historia cuando cambia el discurso político, pero se cambia el curso de la historia cuando el nuevo discurso se escribe con letras de fuego en la calle frente a la Casa Blanca y del Congreso para que no se olviden, para que cada día sepan que hicimos historia para cambiar el rumbo de la historia.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey.


























