EDITORIAL
Con más de cien ciudades, a nivel nacional e incluso internacional, compitiendo para ganar ser la sede de Amazon, Nueva York debería sentirse satisfecha y afortunada, pero la realidad es que existen una serie de factores negativos y positivos que merecen analizarse.
En septiembre del 2017 Amazon inició su búsqueda de una segunda sede y Nueva York, además de Virginia, con sus barrios en Long Island City y Crystal City respectivamente ganaron. La competencia fue intensa y las principales autoridades de Nueva York apoyan la presencia del gigante, que fue oficialmente anunciada a mediados de este noviembre.
Entre otras cosas Nueva York, el bien llamado Estado Imperio, ofreció miles de millones de dólares en incentivos fiscales para que Amazon le escogiera y las principales autoridades, el gobernador y el alcalde, han sido y se mantienen como los grandes defensores de la presencia de Amazon, que entre otras cosas ha sido acusado por los inmigrantes, de facilitar información al Servicio de Inmigración para detectar a quienes no tienen estatus migratorio en el país.
El incremento de construcción en LIC inició hace años, desde el 2000 y produjo la expulsión de gran cantidad de personas fuera del barrio que desde entonces ha cambiado considerablemente, si bien los estudios de filmación Silver Cup y el Museo de Arte Moderno PS1 han estado en el área desde hace un buen rato, no cabe duda de que Long Island City con el solo anuncio de la llegada de Amazon, ya vive una transformación desfavorable para las grandes mayorías populares del área que aún quedan, pero que es percibida como positiva por los propietarios de pequeños negocios entre los cuales hay muchos latinoamericanos.
El cambio en la fisonomía y funcionamiento de LIC, que desde la caída del World Trade Center se convirtió en una opción de barrio lujoso frente al Hudson, se prevé habrá una transformación más drástica, con matices positivos y negativos, realmente impredecibles.
El LIC actual es muy diferente al del año 2000, en que era una área de fabricas, imprentas, reciclaje de metales, donde abundaba la prostitución y la basura, para irse convirtiendo en una zona con tiendas, farmacias, restaurantes, en la cual hay oficinas de la Universidad de la Ciudad, de Naciones Unidas, donde se han demolido innumerables propiedades para dar paso a modernos edificios habitacionales.
Pero solamente en las dos semanas transcurridas desde el anuncio de la llegada de Amazon, se ha generado un movimiento marcado por la contención de más de $ 1,525 mil millones en incentivos financieros del Estado de Nueva York. Amazon ya ha tenido un impacto en el mercado residencial de Long Island City por ejemplo y se ha incentivado el deseo de invertir, con una notable presencia de inversionistas extranjeros.
La ciudad en términos legislativos no tendrá ningún poder sobre lo que provoque Amazon ya que el nuevo acuerdo del gigante empresarial se hizo con el Estado, lo cual le otorgó al Concejo Municipal esencialmente ningún poder para cambiarlo, entonces la única posibilidad de lograr un balance recaerá en el Senado y la Asamblea estatales, en donde hay varios representantes latinos, quienes ya han hecho escuchar su voz de rechazo, por las consecuencias sociales que el proyecto tiene.
El desarrollo de Queens se ha convertido en una especie de sustituto de la reacción nacional más amplia sobre los beneficios de los políticos del bienestar corporativo y los subsidios económicos, que finalmente aseguran aliados para las campañas políticas apoyadas con fondos y donaciones corporativos. Lo que es digno de considerar es la importancia que tiene la tecnología en el competitivo panorama global, donde las amenazas de grandes potencias como China y Rusia son reales, pero ello no significa que por apoyar la tecnología, que en este caso es para la venta y comercialización de productos, se sacrifique a grupos menos favorecidos entre cuya mayoría hay una gran cantidad de inmigrantes de origen latino.
Especialistas han explicado que la ciudad y el estado no le están haciendo un cheque a Amazon, le están dando a la compañía un recorte de impuestos estatales y municipales que pagará, dinero que de otra manera no obtendrían. El estado y la ciudad dicen que incluso con los recesos, el acuerdo creará $ 27.5 mil millones en ingresos fiscales durante los próximos veinticinco años, pero lo que se pone en tela de duda es la capacidad de la ciudad para absorber todo el flujo de nuevos residentes, con un sistema de transporte deficiente, escuelas con requerimientos, viviendas y negocios cuyas rentas se incrementan estrepitosamente, sin leyes para regular rentas comerciales, que han aniquilado a pequeños empresarios.
Los sindicatos no se han pronunciado ya que han sido de los mayores beneficiarios con los proyectos de construcción, pero tarde o temprano deberán asumir una posición, particularmente si los grupos afectados se unen y organizan, creando una fuerza que obligue, como electorado a que los oficiales electos actúen en favor de los votantes que los eligen y no de las corporaciones que financian sus campañas políticas a través de donaciones. Por ello una prioridad nacional debe ser la transparencia y auditoria a todas las donaciones que reciben los políticos, para garantizar que el dinero no proviene de fuentes oscuras y que buscan su beneficio impactando a las grandes mayorías, ya afectadas por la desigualdad social y la intolerancia racial.


























