Un derecho inalienable

EDITORIAL

La historia de la migración hacia el continente americano inició, de lo que se tiene evidencia, desde una de las últimas glaciaciones de la Era de Hielo, hace miles de años.

Los mismos nativoamericanos son descendientes de los trashumantes que cruzaron el Estrecho de Bering, cuando Alaska estaba unida por ese paso de hielo con Asia. La historia de las migraciones a lo que ahora es Estados Unidos se pierde en el tiempo. Las criaturas del planeta migran constantemente y el planeta mismo es un ser viviente en cambio permanente, como lo confirman los científicos.

Por agua, tierra y aire, especies de todo tamaño se mueven en busca de mejores condiciones, desde las mariposas monarca hasta las ballenas jorobadas, cruzan de un hemisferio hacia otro dependiendo de las estaciones del año. Así inició el registro de la historia de la humanidad, como grupos en busca de alimento, de mejor clima, los primeros grupos humanos en el continente bajaron para ubicarse en las zonas cálidas y las tres grandes civilizaciones nativas se desarrollaron a los lados de la línea ecuatorial.

Nuevos descubrimientos y evidencias demuestran que no fueron los españoles los primeros europeos en llegar. Grupos nórdicos, africanos y asiáticos también llegaron a las fértiles tierras de Abya Yala, nombre que dieron los grupos aborígenes a la unidad continental conocida hoy por el nombre del cartógrafo italiano que fue el primero en perfilarla.

Estos son datos conocidos y comprobados, sin embargo de lo cual aún nos cuesta comprender los fenómenos migratorios y se continúa estigmatizando a los inmigrantes, sin analizar las condiciones que les han obligado a abandonar su tierra natal, sus familias, sus vidas ya instauradas. Los Estados Unidos de América continúan siendo uno de los lugares del planeta en donde, con esfuerzo y muchas luchas internas, se mantienen las libertades básicas y los Derechos Humanos.

Sin embargo, el actual sistema para asimilar las diferentes oleadas migratorias simplemente no funciona, se ha sobresaturado y en el proceso hasta se ha corrompido. Lo que sucede en este país no es coincidencia. La permisividad del ingreso en la frontera parece responder a la necesidad de mano de obra barata, que se redujo notablemente por la pandemia del COVID.

El ingreso de personas con récord criminal, como da testimonio la historia de Nueva York, tampoco es algo nuevo. En siglos pasados convictos de asesinato llegaron desde Europa a la tierra de las oportunidades para hacer una nueva vida e incluso se convirtieron en parte de las elites socio-económicas de la llamada Capital del Mundo. Sin embargo en eso radica el gran detalle, en que los inmigrantes realmente tomen la oportunidad para rehacer sus vidas para bien y para promover el progreso de toda la sociedad, no para continuar cometiendo crímenes.

No se debe generalizar, cada caso de migración es único, como el del inmigrante venezolano que compartió su testimonio de cómo atravesó, desde la mitad del planeta hasta Nueva York en busca de oportunidades para sus hijos. Mientras muchos creen que los latinoamericanos emigran por necesidad económica, desde países que potencias como China y Rusia anhelan dominar por la gran riqueza de recursos naturales mal administrados, la realidad es que los inmigrantes venezolanos han abandonado su patria por circunstancias ajenas a su voluntad, por circunstancias políticas, que han degenerado en una descomposición de todo el sistema, afectando además su bienestar económico y la subsistencia de la gran mayoría de sus ciudadanos.

La crisis migratoria venezolana permite analizar y repensar que el problema no solo son los traficantes, que no es la pobreza, si no la incertidumbre, que ha provocado un éxodo de repercusiones continentales.

Esta debe ser una oportunidad para que Estados Unidos demuestre y reafirme su liderazgo, para que se ponga a la altura de países, -que sin tener su poderío económico o militar-, han establecido políticas migratorias que están absorbiendo la migración venezolana como un recurso de desarrollo. Esta es la oportunidad para que esta gran nación y los líderes de turno, demuestren que tienen palabra, que cumplan sus promesas y realicen cambios estructurales.

Esta es además una oportunidad para recordar las grandes contribuciones del pueblo venezolano a la historia continental y particularmente a la historia de la ciudad de Nueva York, en donde el gran Simón Bolívar estuvo y fue después de su muerte, inmortalizado con los más altos honores; en donde fue honrado el gran novelista Rómulo Gallegos, en donde vivió y falleció la internacionalmente reconocida pianista Teresa Carreño, en donde ha transcurrido la trayectoria de la famosa diseñadora Carolina Herrera.

Venezuela tiene una historia única y es el momento para dar una oportunidad a su gente, que al igual que todos los seres humanos, no escogieron el lugar donde nacieron, pero tienen la posibilidad de escoger luchar por su bienestar y sobre todo el poder de decidir si están del lado correcto de la historia.

El testimonio de cada refugiado será diferente, pero en todos ellos hay algo fundamental, que es el derecho de todo ser humano a buscar el bienestar y ese es un derecho innegable e inalienable.

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