

La comunidad centroamericana de Nueva York se encuentra concentrada en Long Island, sin embargo, es una comunidad muy heterogénea, que a pesar de las diferencias actualmente enfrenta los mismos retos, incluyendo las deportaciones masivas.
A pesar de compartir el área territorial, historia, tradiciones culturales y gastronómicas y pese a que se encuentra un país junto al otro, cada uno de los países centroamericanos tiene una realidad e historia diferente, lo cual se refleja en la realidad de cada grupo de salvadoreños, hondureños, costarricenses, guatemaltecos y nicaragüenses.
ÉXODO SALVADOREÑO
El Salvador es el país más pequeño de América Central, pero también el más densamente poblado y desde los años setenta inició la migración salvadoreña hacia Estados Unidos, desde zonas rurales y urbanas, pero fue la Guerra Civil el detonante que disparó el fenómeno migratorio, el cual también agravó la situación económica del país.
Se calcula que aproximadamente del veinte al treinta por ciento de la población de El Salvador abandonó su país y aproximadamente la mitad de ese porcentaje emigró a Estados Unidos, donde se encuentra la más grande comunidad salvadoreña de Estados Unidos y en ciertas zonas de Nueva York, como Long Island, es el grupo migrante mayoritario.
Según información de la cancillería de El Salvador, el noventa y cuatro por ciento de sus connacionales en el exterior, reside en Estados Unidos, concentrados en California, Texas, Nueva York, Maryland y el Distrito de Columbia, principalmente. Para 1981 el porcentaje de emigración de salvadoreños alcanzó un pico de cuarenta y seis personas por cada mil habitantes.
Y de todos los emigrantes, los estudios indican que la mayoría fueron mujeres, entre ellas la hermana de Ana Torres, quien es una reconocida líder empresaria de Nassau y en El Salvador desarrolló una trayectoria empresarial y de asistencia humanitaria.
La entrevistamos sobre su experiencia como migrante y como empresaria.
¿Cuándo fue la primera vez que visitó este país?
-La primera vez que vine a Estados Unidos fue a los veintidós años, con visa de turista, eso fue en 1987, tres meses después de que mi hermosa hermana decidiera hacerlo.
Yo me mantenía yendo y viniendo, viajaba hasta tres veces al año con mis sobrinos pequeños que eran residentes legales. Realmente no necesité acogerme al TPS, tuve la bendición muy grande de conocer a mi esposo, nunca quise hacer papeles por matrimonio, pero nos enamoramos y llevamos felizmente casados veinticinco años. El pensó en su momento que quería ayudarme para salir adelante y lo hizo totalmente enamorado.
¿Cuándo y por qué decide emigrar definitivamente a este país?
-En 1998, cuando porque recibí una amenaza de secuestro de una de mis dos niñas y debí pagar cincuenta mil colones que entregué en efectivo, de acuerdo a sus instrucciones, en la carretera San Vicente, bajo la amenaza de que si no pagaba iban a matar a una de mis hijas.
Esa situación de peligro comenzó a generarse cuando terminó la guerra civil en El Salvador, porque los soldados, policías y guerrilleros se quedaron sin trabajo y entonces comenzaron a delinquir y secuestrar gente para obtener dinero. Los empresarios comenzamos a correr riesgos.
Yo tenía una tienda de electrodomésticos en uno de los lugares más visibles de mi pueblo natal, en el centro, en la zona conocida como El Portalito, frente a la escuela católica donde estudiaron mis niñas.
¿Esa experiencia empresarial le sirvió en Estados Unidos?
- Claro, yo soy una empresaria nata, yo estudié la carrera de Administración de Empresas y aprobé treinta materias en la Universidad Modular Abierta y aun cuando no llegué a terminar la carrera, porque era muy duro, ya que estaba dedicada a trabajar, pero como me casé muy joven, -a los quince años-, compartía mi tiempo entre los estudios, el trabajo y la maternidad, cuidando a mis dos pequeñas hijas.
En Estados Unidos cuando decidí radicarme definitivamente, inicialmente me dediqué a comprar y vender mercadería. Es algo que se lleva en la persona y que realmente me gusta. Hace diez años y debido al fallecimiento de mi hermana, -a quien le gustaba la cocina y fue pionera con su negocio de comida-, abrí un deli en Huntington, conocido por el nombre en inglés de una comunidad salvadoreña grande, proveniente de Saint George y con la bendición de Dios, seguimos adelante sirviendo auténtica cocina de nuestra patria natal.
¿Cuál cree que debería ser la dirección de la política migratoria de la nueva administración?
-Lo primero que debería hacer el nuevo gobierno es pensar en la gente que tienen veinte y veinticinco años viviendo y trabajando en este país y que no han logrado tener su estatus migratorio y darle la oportunidad a esas personas que se han portado bien, debería darles un permiso de trabajo, con miras a la residencia. Ellos han aportado mucho a este país y ya están integrados, son parte de la estructura productiva.
Se debe analizar quien vino hace más de veinte años, son personas honestas, después los de diez a quince años, porque desde hace cinco años comenzó a venir gente de dudosas intenciones, pero la gente que llegó hace veinte años realmente venía a trabajar para progresar, hacer progresar a esta nación y además ayudar a sus países de origen. No hacer justicia con esta gente trabajadora sería grave, injusto y tendría serias consecuencias en la estructura productiva de Estados Unidos.

Un mensaje final.
-A los inmigrantes, que no le tengan miedo al trabajo, que acepten lo que sea porque trabajando es la única manera de salir adelante, aquí nadie regala nada, todo se debe ganar a base de su esfuerzo. Los inmigrantes deben esperar, no se apresuren, porque si son personas que han estado mucho tiempo en este país y no han infringido en crímenes graves, no deben tener miedo. Se debe dar prioridad a los criminales y los inmigrantes ser cautelosos y que continúen trabajando con tesón, porque esta nación acoge a quienes progresan trabajando.



























