EDITORIAL
En diferentes ámbitos, desde Hollywood, a la televisión e incluso la política, el tema del acoso sexual ha alborotado a toda la sociedad estadounidense.
Las reacciones han sido múltiples y ha surgido un gran movimiento nacional de rechazo a lo que siempre se tuvo como una práctica común para destacarse en ciertos ambientes. No cabe duda de que las mujeres han sido mayoritariamente la víctimas de esta práctica inmoral y falta de ética, pero también hay que comprender que en algunos casos, las mismas mujeres han utilizado sus cualidades y su sexualidad como instrumento para lograr acceso en el mundo laboral y en la respectiva profesión que cada una ha tenido.
Cuando una mujer tiene bien establecidos sus valores, está segura de sus talentos y de lo que ellos le merecen, no necesitan usar su sexualidad para obtener ni mantener un empleo o posición laboral, pero esos mismos valores y seguridad en el desempeño de su trabajo les concede el poder de hacerse respetar y no comerciar en un terreno peligroso, donde corren el riesgo de pasar de ser jugadoras a ser víctimas.
La firmeza de la mujer y su dignidad son las mejores defensas ante el acoso sexual, el respaldo legal a nivel de leyes federales, estatales y locales le ofrecen herramientas suficientes como para luchar por un lugar de respeto en la sociedad, pero uno de los principales problemas en el acoso sexual a nivel nacional y muy particularmente entre la comunidad latina, es la falta de suficiente educación sobre los derechos y recursos legales que amparan a las mujeres.
La imagen repetida en las series televisivas de los esquemas de discriminación y explotación de las mujeres en las sociedades tercermundistas han reproducido y justificado la violencia y el acoso sexual a las mujeres, al igual que su incursión en el mundo de la farándula por sus atributos físicos antes que por su talento y profesionalismo.
El acoso sexual es un tema social que no se restringe al ámbito laboral y está ligado a los esquemas de machismo recreados y mantenidos dentro de los hogares, en los que se establecen ciertos roles y comportamientos de acuerdo al género de sus integrantes, los hombres a la calle, las niñas a la cocina, los hombres a ser servidos y las mujeres a ser las sirvientes. Parecería que la incursión de las féminas en terrenos tradicionalmente reservados a los hombres, como el empresarial y el político han sido un importante paso, pero surgen muchas dudas sobre los logros de las mujeres a futuro cuando caen en el juego de ocupar el papel de víctimas.
La mujer necesita desarrollar un rol más dinámico, es importante protestar y es muy importante denunciar públicamente a los victimarios, no importa el precio de ello, si se quiere erradicar un mal que impide el progreso equilibrado de los pilares de la sociedad. Pero es importante fomentar en las mujeres la fortaleza respetuosa para hacerse respetar, sin perder su feminidad, su dulzura y sin perder el respeto o tratar de ocupar el puesto de victimario ante los hombres.
Se debe educar más a las niñas y jovencitas para saber como deben actuar ante el acoso sexual, se debe crear una mejor relación con las autoridades que deben también romper ese esquema masculino, en donde las fuerzas de seguridad están usualmente representadas únicamente por hombres.
Se debe crear una cultura laboral y ayudar a crear normas sociales más inclusivas en el trabajo, a través del respeto y la tolerancia. Como siempre los medios tienen una gran responsabilidad transmitiendo y difundiendo educación y balanceando saludablemente el tipo de contenidos que presentan en sus páginas o pantallas.
El diálogo familiar, el respaldo del núcleo familiar, amigos e incluso compañeros de trabajo es importante, ya que experimentar acoso sexual puede ser algo traumático, por ello es importante contar con un sistema de apoyo formado por familiares, amigos y colegas cuando se presente.
A nivel laboral el acoso sexual es el más grave y lastimosamente se asume como algo cultural el uso de lenguaje sexual, de violencia verbal e incluso las mujeres lo practican para dar la imagen de que están a la par con los hombres y que no les intimidan las obsenidades, sin embargo esta no es la vía correcta para disminuir y terminar con el acoso sexual.
Es importante rechazar y censurar cualquier tipo de acoso sexual en cualquiera de sus formas y manifestaciones, desde el vocabulario sucio hasta las insinuaciones sexualmente sugestivas, chistes sexuales y gestos físicos pueden conducir a un ambiente hostil en cualquier medio, familiar, laboral, social, deportivo, etc.
Cualquier forma de discriminación de género, incluido el acoso sexual, es ilegal desde 1964 y a nivel federal, la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo (EEOC) resuelve los reclamos de acoso sexual, además existen protecciones del Estado y de la Ciudad de Nueva York, que ofrecen varios recursos a los empleados que sufren acoso sexual a través de la Ley de Derechos Humanos del estado y la Ley de Derechos Humanos de la Ciudad de Nueva York.
Esa red de leyes locales, estatales y federales se combinan entre sí para cubrir a casi todos los empleadores, garantizando un recurso suficiente para los empleados afectados, ya que el tema del acoso sexual afecta a la nación a nivel financiero, porque disminuye el buen rendimiento laboral.
Por otro lado, estudios recientes arrojaron que los hombres continúan respaldando el comportamiento sexista incluso después de estar más conscientes de ello. Esto se llama "sexismo benévolo", e incluye actitudes como felicitar a las mujeres por su comportamiento estereotípicamente femenino, protegerlas o sobreprotegerlas de tareas más "masculinas" o llamar a mujeres niñas. Estas son formas benignas de sexismo que promueven la tolerancia implícita del acoso sexual y puede desarrollar formas más atroces de discriminación y acoso de género.


























