La ciudad ha desplegado una nueva campaña para luchar contra la basura, que como hemos reportado anteriormente, es uno de los problemas más graves de Nueva York.
Coloridos anuncios gigantes se proyectan periódicamente en las pantallas del sistema de transporte público de la ciudad, en los cuales literalmente la traducción del mensaje, originalmente en inglés, dice: “Si tiras basura, eres basura”.

Al parecer una campaña agresiva, que causa preocupación y curiosidad sobre el tipo de asesores de la alcaldía, ya que en cualquiera de los dos idiomas, inglés o español, el mensaje resulta tosco e insultante. Además, la segunda parte dice: “saben donde se lo pueden meter” con un doble sentido de tan mal gusto, realmente una vulgaridad, muy inapropiada, incluso desde el punto de vista psicológico y en lugares donde los niños lo pueden leer.
A la mayoría de usuarios, que como en esta estación de autobús en la calle 72 de Manhattan, esperan su transporte y están obligados a ver estos anuncios, les ha parecido algo horrible. Una iniciativa que lejos de promover el cuidado de la ciudad, provoca rechazo. La pregunta que todos se hacen es ¿a quien se le ocurrió?
El mensaje visual ya es bastante grotesco, cuerpos de personas que tienen por cabeza un envase sucio de comida china, o un vaso desechable de café ya utilizado, o el desperdicio que queda después de fumar un cigarrillo.
La horrenda imagen llama la atención lo suficiente, como para leer el mensaje escrito, que corrobora lo insultante del anuncio. La autoridad municipal está diciendo a los habitantes de la ciudad de Nueva York, que si no botan la basura en donde deben, ellos mismos, los neoyorquinos, son basura. Cabe resaltar que en ciertos barrios los botes de basura han desaparecido y los vecinos suponen que eso es parte de la lucha contra las ratas. Pero si no hay ni basureros, ¿en dónde quieren que se pongan los desechos?
Sería más adecuado enviar un mensaje positivo, promoviendo el cuidado de las calles, aceras y parques, promoviendo el bienestar emocional y lo saludable que es vivir, trabajar y transitar por áreas limpias. No sería más estimulante promover el respeto a sí mismo y a las personas que se quiere, familiares, amigos y vecinos, compartiendo el cuidado de los espacios de uso común, promoviendo el orgullo de una ciudad considerada Capital del Mundo, como un lugar donde es placentero vivir, estudiar, trabajar y divertirse.
Existen muchos factores que promueven la limpieza como un mecanismo para mantener la salud de las personas, de la fauna urbana y de la naturaleza. La basura produce el crecimiento de plagas como cucarachas, ratones, ratas, mosquitos, que son transmisores de innumerables enfermedades. Esos factores científicos, que implican la pérdida de un entorno saludable, de la salud misma de los habitantes y visitantes de la ciudad, serían un estímulo inteligente.
Es lamentable que se recurra a este tipo de mensajes para promover el mantenimiento de la limpieza, como parte de los buenos hábitos de los pobladores de una ciudad tan hermosa y tan acogedora para todos quienes hacen de ella su hogar o la visitan.

El enfoque debería ser integral, es importante promover la higiene y para ello sería más inteligente abordar a diferentes grupos de la sociedad, comenzando con la enseñanza en las escuelas y colegios, promoviendo grupos de mantenimiento del ornato y la higiene en cada barrio; organizando concursos entre barrios con estímulos para sus habitantes; asignando recursos para incrementar los servicios de recolección de basura; educando a los nuevos inmigrantes en sus propios idiomas e incluso tomando medidas directas, como por ejemplo, increpando a las organizaciones que proveen comidas gratuitas a los indigentes, que cuando les faciliten esos alimentos, les pidan que no los desechen por dondequiera.
En lugares, como las iglesias, donde se reparten desayunos o almuerzos gratis a los desamparados, sus alrededores están llenos de los desperdicios que son arrojados por esas personas con problemas mentales, además de que utilizan cualquier espacio para hacer sus necesidades. Muchos neoyorquinos continúan utilizando mascarillas, no por temor de contagiarse de cualquier enfermedad, si no para sobrevivir a los olores de la basura y desperdicios, sobre todo los causados por el uso de lugares públicos como baños, mientras se ha quitado la autoridad de la policía para llamar la atención y sancionar a quienes usan las calles para originar y defecar, sin importarles que por ahí transitan niños, ancianos, mujeres embarazadas, personas con problemas de salud, turistas, estudiantes.
Quizás es una medida drástica enviar un mensaje violento, quizás las autoridades que tienen la responsabilidad de promover el cuidado de la ciudad están desesperadas, no encuentran otra forma de promover la limpieza, pero deberían buscar maneras de estimular en forma positiva acciones en beneficio común, como el mantenimiento saludable de los espacios públicos.
Hacemos un llamado a las autoridades directamente responsables, cuyo nombre se encuentra en estos grotescos anuncios, así como a la ciudadanía, para expresar su opinión y proponer mejores recursos para lograr mantener la higiene de Nueva York en mejor situación.
Señor alcalde, la buena conducta y respaldo de los ciudadanos no se consigue con insultos y ofensas, si no con razonamientos fundamentados en la ciencia y con estímulos positivos.




























