ENTREVISTA EXCLUSIVA

La soprano colombiana Sasha Gutiérrez es reconocida por su versatilidad y logros como solista y cantante coral, y más recientemente, ha dejado un impacto fuerte como fundadora de Opera Next Door, la compañía que ha cambiado el curso de la ópera tradicional en Nueva York.
Nacida de conciertos en vivo realizados durante la pandemia al aire libre en la puerta de su casa en Brooklyn, Opera Next Door hace que el género sea accesible a barrios y poblaciones nuevas e inesperadas.
Después de muchos programas y espectáculos de gran éxito, han llegado a formar parte de la temporada de este año del Lincoln Center con su adaptación al español innovadora de “Carmen”, basada en el tango y la cultura argentina.
“La Carmencita” será gratuita para el público en el Atrio David Rubenstein el 6 de diciembre, y está liderada por la propia Gutiérrez, el productor Zack O’Farrill, la directora de escena Rebecca Miller Kratzer, y el ganador del premio Latin GRAMMY, Pedro Giraudo.
A lo largo de los años, Gutiérrez ha ganado una variedad de premios como artista y emprendedora, incluyendo el concurso más prestigioso de Colombia, Jóvenes Intérpretes, y fue nombrada una de las 30 mejores profesionales del año 2021 por la revista Musical América.
En una entrevista exclusiva con Impacto Latino, compartió más detalles sobre su propio camino como cantante y los momentos más emocionantes de Opera Next Door.

¿Qué te inspiró a entrar en el mundo de la ópera?
-Yo empecé con el mundo de la ópera de una manera muy orgánica. Yo soy de Cali, Colombia y cuando era chiquita, empecé a cantar en un coro semiprofesional. Muchas veces, el coro nos llamaba para hacer las partes corales de las óperas del Conservatorio de Cali. Mi primera ópera fue por ahí a los 14 años, pero yo no sabía nada. Solo sabía que me gustaba cantar. Poco a poco, me di cuenta que en realidad si me gusta, me siento cómoda. Es un estilo de música que canto mucho mejor que el pop o el rock.
¿Cómo sientes que has evolucionado como artista a través de los años?
-En Colombia, tenía una carrera que se enfocaba mucho en la parte solista. También hice muchas cosas corales, así que tengo una trayectoria que ha sido muy balanceada. Pero, una cosa que cambió mucho mi perspectiva de cómo hacer arte fue un tiempo en el que yo trabajé con la Filarmónica de Bogotá.
Hacíamos música con función social que nos acercaba a demográficas que de pronto no solían tener acceso a este tipo de música. Me hizo entender como yo de verdad disfrutaba compartir música de este estilo de una manera abierta, sin importar qué público está escuchando.
Me importaba mucho cuando vine a Estados Unidos a hacer mi maestría, y no veía mucho de esto. Es algo que me apasiona demasiado, poder compartir lo que amo tanto con un público que se siente un poco intimidado al respecto o sienten que no les pertenece.
¿Cuáles son los momentos destacados de Opera Next Door desde su inicio?
-Empezó como un accidente porque no era el fin crear una compañía. Opera Next Door es el resultado de esa búsqueda de un espacio artístico donde nos pudiéramos expresar de una manera libre.
El momento clave número uno fue después de que pasó la cuarentena. Con Zack, decidimos porque no hacemos algo con nuestros amigos músicos en el porche de la casa.
Los vecinos empezaban a salir y se sentaban, la gente abría las ventanas. Luego, a medida que pasaron las semanas, ya venían personas de otros barrios a buscar. La gente no está acostumbrada a ver a un cantante de ópera en persona, en un espacio cotidiano y muy cercano.
Cuando un amigo de Zack vino a visitarnos, me preguntó si he pensado en hacer una ópera completa afuera en el porche. Esa pregunta desató una serie de eventos. Empecé a llamar a todo el mundo, y fueron ocho meses de preparación. Lo más impactante fue el día en que salimos a la calle para la primera función y vimos que había aproximadamente 400 personas.
¿Cómo ha sido el proceso de creación de “La Carmencita”, y la inspiración detrás de esta versión?
-Teníamos algunos fondos y sabía que quería una ópera versión corta de Carmen. Hay una versión que se llama “La Tragedia de Carmen”, solo utilizan los cuatro personajes principales, y dije esa es.
Después, pensé que no podríamos tener una orquesta completa. Yo conozco a Pedro Giraudo. Entonces, básicamente fue tango porque contacté a Pedro. Cuando tuve la oportunidad de hablar con Lincoln Center, pasó muy orgánico y muy normal. Fue una gran motivación para empezar a buscar cómo sonaría esta ópera en español.
La inspiración que tomamos fue como se ve esta época en Argentina. La verdad es una historia que no tiene un tiempo ni un lugar fijo. Estamos precisamente viendo como el arte en realidad está copiando lo que es la vida.
¿Qué metas futuras tienes?
-Una cosa que siempre estoy teniendo en cuenta es poder tener un balance profesional dentro de lo que es liderar, pero también seguir mi carrera profesional como artista. Poco a poco, Opera Next Door me abre puertas de una manera que jamás imaginé.
Queremos que sea una de las compañías principales de ópera de la ciudad. Durante el verano, queremos crear un festival que esté activo en los meses que no hay ópera en la ciudad.
Queremos seguir creciendo como compañía, ofreciendo conciertos y óperas gratuitas que estén en espacios al aire libre. Queremos seguir creando públicos que sean diversos, que hablen todos los idiomas.
No solamente estamos creando arte, sino que estamos creando conciencia. Tenemos esta gran meta de poder también eventualmente crear un tour dentro de la ciudad con una producción que podamos llevar a los diferentes barrios. Allí vamos poco a poco ya con Lincoln Center. Es un gran paso para nosotros.































