EDITORIAL
Miles de personas de América Latina que abandonan sus países de origen para viajar a los Estados Unidos lo hacen por diversas razones. Muchos para escapar de la guerra, la persecución, el hambre y la pobreza con la esperanza de que encontrarán alivio en suelo estadounidense.
Sin embargo, los inmigrantes a menudo enfrentan desafíos a su llegada que nunca se anticiparon. Estas dificultades van desde lidiar con complicaciones legales hasta comprender los complejos sistemas del lugar al que llegan, asegurar arreglos de vivienda y empleo, y luchar contra el choque cultural, la angustia psicológica, la depresión y la desesperación, temas completamente humanitarios.
Aunque en varios lugares de Estados Unidos, como Nueva York, denominada Ciudad Santuario, se han instituido varias organizaciones para ayudar a los inmigrantes y refugiados desde el momento en que llegan a suelo neoyorquino, la población de inmigrantes y refugiados todavía experimenta una amplia gama de estrés emocional, psicológico y físico durante sus primeros días.
En «El arte de cruzar culturas», el autor, Craig Storti, describe los profundos efectos de vivir en una cultura diferente a la propia. Sumergirse en una cultura nueva casi siempre provoca la ausencia de todo lo familiar.
Se debe volver a aprender todo, desde las rutinas de higiene hasta la elección de alimentos y los métodos de transporte. Deben formarse nuevos hábitos y vivir sin las opciones que antes eran familiares. Cuando la necesidad de ajuste constante y reaprendizaje se concentra en una pequeña cantidad de tiempo, el estrés duradero puede afectar el cuerpo y el espíritu.
Otra dificultad formidable que enfrentan los inmigrantes y refugiados al llegar a los Estados Unidos es la barrera del idioma. La mayoría de las veces, los inmigrantes llegan a los Estados Unidos con un conocimiento poco fluido del inglés, y los refugiados a menudo llegan con menos experiencia en inglés.
Las barreras del idioma causan enormes dificultades y hacen que las interacciones simples parezcan hazañas abrumadoras. El empleo, el transporte, las responsabilidades legales y la recepción de asistencia en cada una de estas áreas son más difíciles sin un conocimiento firme del inglés.
Por ello es importante que se refuercen los sistemas de justicia legislativa y que estén diseñados para ayudar a los inmigrantes a integrarse a la cultura estadounidense.
Otro de los retos que enfrentan estas personas es que la inmigración sigue siendo unas de las víctimas de la pandemia del COVID-19 por el colapso que causó en las gestiones legales a los que debían solicitar permisos de residencia, permisos de trabajo y a los miles de solicitantes de asilo, que cada día aumenta vertiginosamente.
Continúa siendo obvio que la inmigración es una de las víctimas de las limitaciones en cuanto a movilidad legal se refiere. Por ello la urgente necesidad de apoyo legal a estas personas.
Además de eso, los inmigrantes viven otro calvario: el traslado masivo desde estados fronterizos gobernados por republicanos al norte del país está generando una situación inédita para miles de ellos en busca de asilo.
Lo que causa un doble problema para los inmigrantes, ya que al ser enviados a de un estado a otro, corren el riesgo de ser deportados al poner al borde del colapso el sistema judicial de los estados a los que son enviados.
De igual manera, es necesario que se refuercen los protocolos de protección para que cada inmigrante tenga acceso a un abogado, ya que cada vez es mayor el riesgo de inseguridad al que están expuestos.
Los inmigrantes viven con el temor de ser devueltos a sus países, también se les niega en los centros de detención el acceso a un abogado, algo que es completamente ilegal, ya que cada uno debería tener derecho al acceso a una asesoría legal, la que podría significar la diferencia entre su permanencia o expulsión del país. Incluso, lo que ellos mismos dicen: “la vida y la muerte”.
Sumado a esto, hay un sufrimiento más con el que debe lidiar un inmigrante al ser detenido en la frontera entre Estados Unidos y México, y es el lento proceso que está llevando a cabo el Departamento de Seguridad Nacional, sobre todo, por las nuevas políticas implementadas a los venezolanos, donde las personas que participan en el proceso de admisión deben tener una persona de apoyo en Estados Unidos que acepte proporcionarles apoyo económico durante la duración de su permiso de permanencia temporal en Estados Unidos.
Pero mientras el caso de cada inmigrante se resuelve tienen que vivir una espera que se vuelve espantosa.
También es de vital importancia que tengan acceso al sistema de salud que debe tener cada inmigrante. No solo física, si no, también, mental, ya que, la depresión postinmigración es un problema de salud mental que afecta a los inmigrantes cuando se adaptan a una nueva cultura y entorno.
Estas son batallas que no deben librar solos los inmigrantes; necesitan el apoyo humano que cada circunstancia a la que se enfrentan requiere, y que deben ser atendidas antes, durante y después del proceso de adaptación a un nuevo mundo.




























