
Las redes sociales han cambiado por completo la forma en que nos comunicamos, obtenemos información y preservamos nuestro patrimonio, incluso si estamos a millas de distancia. Las redes sociales también nos han ayudado a acortar la distancia con nuestros familiares, obtener oportunidades de empleo y mostrar nuestra cultura. Sin embargo, las redes sociales han traído consigo un desafío silencioso: su efecto en nuestra salud mental.
El uso excesivo de las redes sociales está afectando el bienestar emocional de muchas personas.
La ansiedad, la depresión y los sentimientos de soledad han aumentado entre las personas que pasan cantidades excesivas de tiempo frente a una pantalla. Ya es hora de reflexionar: ¿estamos conectados o estamos socialmente más desconectados que nunca?
El costo de la hiperconectividad
Si bien las redes sociales pueden resultar ser una gran herramienta, también pueden ser una fuente de insatisfacción. La exposición constante a imágenes perfectas de personas puede ser peligrosa, ya que una persona puede caer fácilmente en la trampa de la comparación social.
Establecemos estándares poco realistas que pueden hacer que la vida parezca menos valiosa de lo que es.
También, muchas plataformas parecen estar manipulando para que estas causen adicción. Cada notificación y cada “me gusta” confirma que el cerebro ya se llevó una recompensa, por lo que buscarán hacer ello una y otra vez. Este proceso, con el tiempo, nos mantiene en un ciclo en donde estamos perdiendo concentración, no dormimos bien, y no podemos sobrescribir la experiencia del presente con placer.
Es una contradicción que, a medida que cambian las interacciones sociales hacia la superficialidad, al mismo tiempo se modifiquen las redes sociales, retrocediendo su penetración y efectos. Es bastante común observar a familias enteras juntas, disfrutando de lo que debería ser un momento agradable, dejando a cada uno de ellos absorbido en su pantalla.
Nos hemos establecido como práctica compartir la vida digitalmente y nos olvidamos de las relaciones en tres dimensiones.
El impacto en la comunidad latina
Siempre, la cultura latina ha estado dominada por el calor humano. Las sobremesas familiares, las conferencias con amigos o el contacto físico son parte de nuestra identidad. El gran consumo de tecnología está modificando esos hábitos a la baja y vaciando a la vez nuestros lazos.
Los pequeños latinos están inmersos en un mundo en el que la tecnología ha reemplazado la actividad física y la creatividad. Los adultos jóvenes se preocupan más por su imagen en las redes sociales que por la consolidación de relaciones sociales auténticas.
Los adultos mayores, que en muchos casos han asimilado el uso de la tecnología, experimentan a menudo el gran alejamiento emocional causado por sus familiares, que parece que prefieren el envío de mensajes a recibir una visita o una simple llamada.
En el caso que no actuemos, corremos el riesgo de perder la parte más importante de nuestra cultura, que es la interacción social entre seres humanos.
Cómo restablecer el equilibrio
El problema no está en la tecnología, sino en cómo elegimos utilizarla. Hay que tener claro que las redes sociales pueden llegar a ser útiles, siempre y cuando no perjudiquen la salud de la persona. Existe un equilibrio en todo, y el uso de tecnología no es una excepción.
Como primer paso, se puede optar por no utilizar pantallas. Por ejemplo, optar por no utilizar las redes sociales durante las horas de comida y antes de irse a dormir, ayudará en gran medida a la salud mental.
No olvidemos la importancia de priorizar el contacto personal. En lugar de enviar un mensaje, mejor hagamos una llamada o visitemos a un amigo o familiar. No existe algo más valioso que mantener una conversación de forma presencial, la cual no puede ser sustituida.
Seleccionar el contenido que se consume ayuda a reducir el estrés digital. Seguir a personas que aportan, en vez de aquellas que generan ansiedad o presión social, puede hacer una gran diferencia en la percepción de nuestra realidad.
Sobre todo, tomarse descansos digitales es otra estrategia efectiva. Pasar un fin de semana sin redes sociales o al menos desconectarse unas horas al día, ayuda a sentirse más presente y menos ansioso.
Incorporar actividades fuera de la tecnología como salir a caminar, practicar algún deporte, leer o compartir con la familia, ayuda a sentirse más equilibrados, que son sensaciones que se pierden con el exceso de uso de redes sociales.
Si el impacto afecta de manera negativa a la salud mental, es importante conseguir apoyo. Hablar con un ser querido o profesional es el primer paso que todos debemos dar para tomar control de nuestra vida digital.
Tecnología con Propósito
De hecho, las redes sociales no son el enemigo. La tecnología ayuda a mejorar y actualizar la calidad de vida de uno cuando se utiliza de manera responsable. Necesitamos estar informados, mantener el contacto con los seres queridos y aprovechar oportunidades que antes eran inalcanzables.
Sin embargo, si se convierte en una distracción o en una fuente de estrés, debemos detenernos y evaluar nuestra relación con ella. Lo digital no debe reemplazar el aspecto humano de las cosas.
La conexión más crucial no reside en seguidores o "me gusta". Se encuentra en las relaciones que cultivamos en el mundo real. Es hora de apagar el teléfono, mirar a los ojos de las personas a nuestro alrededor y recordar que la verdadera conexión se encuentra en un abrazo, en conversaciones sinceras y en compartir tiempo juntos sin una pantalla.


























