El 11 de septiembre del 2001, terroristas secuestraron dos aviones y los estrellaron contra el World Trade Center, en el bajo Manhattan en la ciudad de Nueva York, destruyendo ambas torres y afectando a toda el área circundante.
A los pocos segundos del colapso del WTC, los materiales de construcción, equipos electrónicos y muebles, fueron pulverizados y se esparcieron por el área.
En los cinco meses posteriores a los ataques, el polvo de los edificios pulverizados continuó llenando el aire de la denominada Zona Cero, donde trabajaron cientos de latinoamericanos, no solo miembros de policía, bomberos, enfermeros de primeros auxilios,
además cientos de asbesteros que limpiaron la zona.

En este artículo presentaremos el caso concreto de los latinos miembros de un sindicato obrero de la ciudad de Nueva York, ampliando esos datos específicos a otros estudios generales, que dan muestra del impacto de esa tragedia en la comunidad latina de la ciudad.
Este es un homenaje al trabajo y aportes de los latinoamericanos directamente implicados en la limpieza de la llamada Zona Cero.
Al recordar el décimo noveno aniversario del ataque terrorista al World Trade Center, es importante reflexionar sobre los aportes que realizaron los inmigrantes trabajadores.
ASBESTEROS LATINOS
En el esfuerzo por eliminar el polvo y materiales peligrosos como el asbesto y la sílica, los trabajadores latinos realizaron la mayor parte del trabajo de limpieza en las estructuras adyacentes de la Zona Cero.
Además de estar involucrados en los esfuerzos de limpieza de la Zona Cero, los trabajadores latinos participaron en la limpieza de ántrax de las instalaciones del Servicio Postal en Washington DC.
Al igual que muchos residentes de la ciudad, -pero con el agravante de estar directamente en la zona-, muchos trabajadores latinos comenzaron a desarrollar problemas de salud, a pesar del entrenamiento adicional que recibieron, debido a la expansión de la contaminación por el polvo, cenizas y escombros en el aire, en toda la ciudad.
El primer sindicato de trabajadores de limpieza de asbestos de la ciudad de Nueva York, la Local 12A, se instauró en 1993, a cargo del líder puertorriqueño Francisco Paco Vega.

LIMPIEZA ESPECIALIZADA
El sindicato surgió cuando descubrieron que los trabajadores que colocaban material de insulación en las tuberías, morían con cáncer pulmonar, debido a la inhalación de asbestos.
Se descubrió que el material de insulación, que separa y mantiene el frio y el calor, contenía asbestos, minerales naturales resistentes al calor, la electricidad y la corrosión, que son altamente tóxicos.
La inhalación de partículas de asbesto provoca cánceres y enfermedades como mesotelioma, asbestosis y enfermedades pulmonares progresivas.
Para trabajar limpiando asbestos, se requería tomar un curso de cuarenta horas y hacer una renovación periódica. Después de 9/11 fueron los trabajadores de los sindicatos de asbestos quienes limpiaron del área circundante a la Zona Cero.
En su mayoría fueron trabajadores latinoamericanos, originarios mayoritariamente de Ecuador y Colombia, pero incluyendo además a latinos de varios países, México, Argentina, Venezuela, Centroamérica y el Caribe.

TESTIMONIO DEL 2001
Ante los elevados niveles de tóxicos en el área, contaminada por los abestos acumulados durante décadas en las construcciones, no solo de las Torres Gemelas derrivadas, además de las edificaciones circundantes afectadas, que fueron demolidas.
La Local 12A recibió asistencia del Centro de Salud Ocupacional Alice Hamilton de Meryland, que envió tres entrenadores especializados en limpieza de materiales tóxicos, para un curso de seguridad ante una situación totalmente inesperada, que marcó la historia de la ciudad para siempre.
Para comprender la situación a la que se expusieron los latinos que limpiaron el área, transcribimos algunos puntos del informe de los instructores en noviembre de 2001: Hay señales de contaminantes que quedan al nivel de la calle dentro del área restringida de Ground Zero y en las repisas sobre la calle en el área circundante.

Cuando sopla el viento o cae lluvia en el área, se pueden ver cenizas y polvo cayendo de las estructuras. Algunos propietarios están lavando sus propiedades con agua, mientras que otros no.
Si bien la mayoría de los escombros de los edificios destruidos se han eliminado hasta el nivel del área circundante, queda una gran cantidad de material por debajo del nivel de la calle.

trabajadores de la Local 12A, a los cuales proveyeron un curso de cuarenta horas de OSHA, sobre operaciones de desechos peligrosos. Entre ellos el autor de todas las fotos incluidas en esta nota, Glenn Sawtelle (primero a la Der.)
Hay varios edificios grandes de varios pisos que están dañados, pero en pie con su estructura intacta. Algunos de estos se están demoliendo mientras que otros se reparan y limpian. El trabajo de demolición es difícil y peligroso debido a las condiciones estructurales desconocidas.
Los marcos de hierro de los edificios están siendo derribados con una grúa y una bola de demolición. Con cada intento de romper las estructuras, las corrientes de aire transportan una contaminación significativa mezclada con polvo a las áreas circundantes, incluidos los edificios en rehabilitación y las calles públicas sin restricciones.

VICTIMAS HAN AUMENTADO
En total se han confirmaron 2.977 víctimas del ataque terrorista. La cifra no incluye a los diecinueve terroristas que se suicidaron, además de los seis mil heridos. De los fallecidos, aproximadamente el diez por ciento eran latinoamericanos. Solo de República Dominicana hay cuarenta y siete víctimas de los ataques terroristas.
En el 2007, la oficina del médico forense de la ciudad de Nueva York comenzó a agregar al número oficial de muertos, a personas fallecidos por enfermedades causadas por la exposición al polvo tóxico.
La primera de esas víctimas fue una abogada de derechos civiles, que murió de una enfermedad pulmonar crónica en febrero de 2002. Actualmente el número oficial total de muertos del 11 de septiembre es de 2.996, pero creemos que no corresponde al número real de víctimas.

En agosto de 2013, las autoridades médicas concluyeron que 1.140 personas que trabajaban, vivían o estudiaban en el Bajo Manhattan en el momento del ataque habían sido diagnosticadas con cáncer como resultado de exposición a toxinas en la Zona Cero.
Se ha informado que más de 1.400 trabajadores de rescate del 11 de septiembre que acudieron al lugar en los días y meses posteriores a los ataques han muerto, incluyendo a los trabajadores latinos que realizaron las tareas de limpieza inmediatas.
Al 28 de septiembre de 2008, un total de más de 33.000 policías, bomberos, personal médico y miembros de la comunidad fueron tratados por lesiones y enfermedades relacionadas con los ataques del 9/11, incluidas afecciones respiratorias, problemas de salud mental, afecciones gastrointestinales y al menos 4.166 casos de cáncer.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional publicó un estudio en julio de 2007, indicando que las estimaciones de los costos mensuales de tratar a los trabajadores de la Zona Cero aumentaron de seis a veinte millones por mes, debido al incremento del número de trabajadores que se enferman y el empeoramiento de las enfermedades de esos trabajadores.
TODAVÍA HAY AYUDA
Hay varios programas para abordar los efectos en la salud de los ataques del 9/11, entre ellos la Ley de Salud y Compensación James Zadroga aprobada en enero de 2011.
A través del Fondo de Compensación para Víctimas (VCF) del 11 de septiembre, personas diagnosticadas con cáncer como resultado de exposición física a las toxinas en la zona del WTC o en el área circundante, entre el 11 de septiembre de 2001 y el 30 de mayo de
2002, pueden recibir compensación económica por daños colaterales sufridos personalmente a causa del ataque.
Personas afectadas pueden aclarar su elegibilidad para el VCF con asesoría legal, mientras reciben ayuda para cumplir con un reclamo de compensación antes de la fecha límite actual para las solicitudes.

Se otorgó una tercera extensión para que trabajadores de rescate, recuperación o limpieza de Ground Zero apliquen para beneficios de compensación laboral, incluyendo trabajadores que no se registraron o que fueron denegados entre septiembre de 2015 y septiembre de 2017. La nueva fecha límite el 11 de septiembre de 2022.
Las imágenes que se incluyen en este artículo, corresponden a los trabajadores latinos de la llamada Zona Cero y fueron tomadas el 5 de noviembre del 2001, a días del ataque terrorista al World Trade Center, por Glenn Sawtelle, uno de los instructores de los trabajadores latinos de la Local 12A de la ciudad de Nueva York.



























