
Tras decenas de contagios y dos muertes relacionadas por el coronavirus,la planta procesadora de carne JBS USA en Greeley, Colorado, reabrió hoy sus puertas después de diez días de cierre en los que se limpiaron y desinfectaron las instalaciones pero sin haber realizado pruebas a todos sus trabajadores.
Luego de una inspección este jueves en la que participaron autoridades de salud estatales y locales, y que contó con la presencia de Jay Rawlings, gerente general de la planta, el frigorífico volvió a operar con poco más de la mitad de sus empleados (1600 personas).
La reapertura de la planta no cuenta con el respaldo del sindicato que representa a los 3000 empleados porque no se realizaron pruebas de contagio a todos los trabajadores, aseguraron los representantes de la Unión de Trabajadores de Alimentos y Comercios (UFCW).
Rawlings expresó en un comunicado que JBS tomó “una variedad de medidas” para permitir las operaciones del frigorífico en el marco de la actual pandemia, pero evitando nuevos contagios.
En las dos semanas anteriores al cierre, unos 800 empleados habían faltado al trabajo por razones de salud, varias docenas dieron positivo por coronavirus, aunque no se ha podido establecer el número exacto de contagios.
Cuatro empleados fallecieron: Eduardo Conchas de la Cruz (60), Saúl Sánchez (78), y dos personas cuyos nombres no se publicaron.
Tras la intervención del gobernador Jared Polis, JBS accedió a darle un aumento a los trabajadores de unos 650 dólares al mes y a incrementar las medidas de protección de los empleados al instalar barreras de plástico entre los trabajadores, proveer equipo completo de protección personal (incluyendo unas 87.000 máscaras) y rediseñar la cafetería para cumplir con el distanciamiento social.
Sin embargo, según Kim Cordova, presidente del Local 7 del sindicato UFCW, JBS no cumplió con la promesa de realizar exámenes de salud para determinar si los empleados están contagiados. De hecho, JBS sólo aprobó los exámenes para los 200 supervisores que trabajan en la planta.
“Reabrieron (el frigorífico) y les van a dar a mis trabajadores una sentencia de muerte”, expresó la sindicalista en rueda de prensa con los medios locales en Colorado.
Esos comentarios fueron prontamente refutados por JBS, indicando, en un comunicado, que la empresa sólo procedió a reabrir el frigorífico una vez que el Departamento de Salud de Colorado y las autoridades sanitarias del Condado Weld comprobaron que JBS cumple con las normas impuestas por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) del gobierno federal.
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Esas normas incluyen tomar la temperatura corporal de cada trabajador que ingresa al lugar, separar a aquellos con fiebre o con síntomas de enfermedad, y contactar a las autoridades sanitarias si se sospechas que esos síntomas son los del COVID-19.
Además, se instalaron carteles en 11 idiomas sobre procedimientos de limpieza personal y sobre las nuevas medidas de seguridad. Y en los lugares de mayor concentración de trabajadores donde el distanciamiento no es posible, se instalarán en los próximos días divisores de metal.
Aun así, Cordova afirmó que la reapertura de la planta representa “un fracaso para los trabajadores”, porque una de las condiciones, impuesta por el Departamento de Salud del Condado Weld, era el examen médico para todos los empleados.
Pero, aclaró, que no habrá huelga, aunque los empleados decidirán si se presentan o no a trabajar “según las condiciones” dentro del establecimiento.
El frigorífico de JBS en Greeley exporta carne a 20 países y genera unos 2.000 millones de dólares anuales para la economía de Colorado y estados vecinos.EFE News


























