Presidenciales en Colombia: lloran, lloran los guaduales

Lloran, lloran los guaduales
Porque también tienen alma
Y los he visto llorando
Y los he visto llorando (Jorge Villamil)

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia en el día de ayer, 29 de mayo, triunfó el cambio, el rechazo a los partidos políticos tradicionales. Por primera vez llega a la cabeza de la votación un candidato de izquierda, antiguo guerrillero, dos veces candidato a la presidencia, la última vez obteniendo más de 8 millones de votos; me refiero a Gustavo Petro.
Gana Petro con el 40% de los votos.

En segundo lugar, un candidato populista de derecha, el ingeniero Rodolfo Hernández, con un 28 % de los votos, derrotando, ¡oh! sorpresa, al otro candidato de derecha, el candidato del uribismo, Federico Gutiérrez, quien obtiene el 24% de los votos. Al reconocer su derrota Gutiérrez llama a votar a ojos cerrados por Rodolfo Hernández.

Lloran, lloran los guaduales...

Los colombianos quieren un cambio, los gobiernos no supieron responder a las necesidades de ese pueblo. Nuevamente las calles se llenaron de jóvenes protestando, de esperanza, de gritos de esa Colombia desangrada por la violencia —pese a la firma del Acuerdo de Paz con las FARC—, la violencia de los grupos disidentes, la violencia por las vías del narcotráfico, la violencia del hambre, de los gamines durmiendo bajo los puentes; esa violencia que salió a caminar a mostrarse en esa hermosa Colombia, en esos verdes de Caldas, en sus costas acariciadas por las olas, en su riqueza cultural, en el color multicolor de la piel de sus habitantes.

Lloran, lloran los guaduales...

Pero la necesidad del cambio, las heridas dejadas por la desigualdad imperante pueden ser presa del populismo, y con decir que no se es parte del sistema, que se está contra la corrupción en un país atravesado transversalmente por la daga de la corrupción, con decir que no se es parte de la repartija del poder y la riqueza, se puede llegar al poder.

Dos fuerzas se enfrentan: la progresista, la de Petro, y frente a ella, las del antipetrismo aglutinando la derecha, los detentores del poder, la del inmovilismo. Nuevamente el agitar las aguas del votar “contra”, no por un programa, no por un cambio de sociedad. El miedo recorrerá las calles de Colombia, los que se oponen al cambio, el cambio real, por difícil que sea, atizarán el odio y los fantasmas del pasado.

Tantos años, tanta sangre derramada, tanta juventud perdida, tantas esperanzas ahogadas saldrán a caminar por los caminos de Colombia, por las casas de los humildes de Colombia en estas tres semanas antes de la segunda vuelta el 19 de junio; tantos “nunca más”, tantos derechos esperando ser respetados, exigiendo ser respetados, y no se trata de sumar o restar votos de los diferentes candidatos, se trata del destino de Colombia. Mientras tanto...
Lloran, lloran los guaduales
por lo que tienen alma

Y en la segunda vuelta, esperemos que el miedo no triunfe, que la violencia de un sistema no impere, de lo contrario cantaremos

sangran, sangran los guaduales
por lo que tienen hambre
por lo que tiene pena
pena por ti, Colombia

Pero si triunfa la esperanza y el cambio cantarán

ríen, ríen los guaduales
por lo que tienen alma
y el corazón henchido
de amor y de esperanza.

El autor, chileno, vivió en Colombia, fue el tercer dios en “La Buena alma de Sechuan” montada por La Candelaria bajo la dirección del maestro Santiago García. El tercer dios, aquel que salió por los caminos buscando un alma buena, vivió en El Pola, comió hormigas culonas en Bucaramanga y huevos de iguana en Santa Marta, pasó hambre y frío en Bogotá, fue miembro fundador de la Corporación Colombiana de Teatro, y junto a la actriz colombiana Perla Valencia, creador de la peña en La Candelaria. Tras el triunfo de Allende en Chile dejó Colombia, aunque a Colombia no se la deja. Años más tarde, buscando un país donde vivir dado que un dictador en Chile le negó la entrada a su regreso del exilio en Francia, Colombia le abrió los brazos, los dioses del teatro le protegieron. Así, su hija nació en Cali en la clínica del hermano de Enrique Buenaventura, poeta, teatrero y amigo. Conoció Cúcuta y Turbo en la época más violenta en 1985, si es que se puede hablar de época más violenta y olvidar los batallones de pájaros contra los campesinos en Marquetalia.
Colombia le abrió su corazón, y lleva a Colombia en su corazón, por ello canta y llora con sus guaduales y su pueblo.

* Escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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