Las 3 naves, la Niña, la Pinta y la Santa María, llegaron empujadas por la ambición, por el comercio.
Nada nuevo, los mismos vientos guiaron a Marco Polo, y hasta hoy saboreamos las especias que resaltan los sabores de nuestros platos, a Genghis Khan, cuyas conquistas territoriales dieran nacimiento al imperio continuo más grande de su tiempo.
Imperio que comprendía parte de Rusia, hasta Polonia, gran parte de Asia central y China. Sus campañas militares fueron acompañadas de una destrucción sin precedentes, sembró el hambre y el exterminio, y al mismo tiempo cimentó lo que hoy conocemos como el camino de la seda, nueva forma de conquista.
En octubre 12 celebramos, ¿celebramos? un descubrimiento que no fue descubrimiento, el encuentro de dos civilizaciones, una intentando dominar, destruir para construir a su imagen y semejanza.
La otra, construida piedra sobre piedra, la otra, imperios construidos sobre guerras fratricidas, sobre la dominación.
No todo es blanco y negro en la historia, ni siquiera en la historia que escriben los pueblos.
El 12 de octubre celebramos el día de la raza, el día de la hispanidad:
“Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”
cantó Neruda
La palabra unificadora en la diversidad de nuestro continente, la palabra que, sobre las diferencias, nos permite abrazarnos y abrazar nuestras raíces.
Necesitábamos de un lenguaje común par gritar nuestro dolor, nuestra rebeldía, para liberarnos del opresor y del que quisiera someternos.
Un día nos liberamos, y empujados por los vientos de la ambición llegaron otros imperios que desembarcaron de naves que surcaban los cielos.
Desembarcaron para apoderarse de lo que quedaba, los nuevos conquistadores no dejaron la palabra, dejaron a su paso sucios billetes verdes, sembraron malos gobiernos, regaron nuestro suelo con la sangre derramada por los dictadores, dejaron un empañado espejo de dorados márgenes para que nos contempláramos.
Entre un imperio y otros celebramos, ¿celebramos? Celebremos el no olvido, celebremos el canto de esperanza del lenguaje unificador enriquecido, celebremos el lenguaje que besa nuestras lenguas originarias, la palabra cristalina que se ensucia, se embarra, surge del lodo y cambia, da vida a la esperanza y construye, construye y no destruye, da aliento y no hambrunas, permite comunicarnos en vez de intentar someternos.
Celebremos el deseo de todo ser humano de, nunca, a extranjero ser sometido. Añadamos el canto 38 a “La Araucana”, el canto a la diferencia, el canto a lo humano y lo divino, el hablar de nuestros pueblos.
Olvidémonos de Cristóbal y cantemos, aún cuando sea difícil, cantemos en quechua, en mapudungun, en guaraní, en náhuatl, en aimara, en maya, en mixteco, en español bien hablado, es decir mal hablado, renovado, expropiado, apropiado. Se llevaron las riquezas, hoy, un nuevo 12 de octubre, les devolvemos la palabra enriquecida.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.
Presidente de México dice que el 12 de octubre es una fecha "muy polémica"



























