
En la actualidad, pareciera que vivimos tiempos pasados con ciertos rasgos de modernidad. Curiosamente, la ciudad de Nueva York no deja de sorprender.
Cuando la humanidad ha condenado el racismo, la violencia y la desigualdad, es increíble que luchas históricas sobre el racismo vuelvan a los escenarios de debate, porque la historia se sigue repitiendo como una gran tragedia de orden social, político y económico.
Debates que deberían estar superados aun siguen en la palestra política a raíz de la indignante muerte de George Floyd. Posiblemente si las muertes en Nueva York de los afroamericano Michael Brown, Eric Garner y el latino José García Flores (Kiko), así como muchos otros casos más, hubieran tenido justicia en su momento, las fuerzas del orden público actuaran de distinta manera, anteponiendo el derecho a la vida de las personas.
Supongamos que algunas autoridades y partidos políticos, no sólo han rechazado todas, sino que, además, han llamado a revocar o poner medidas para que no vuelvan a ocurrir los hechos anteriormente citados. Esto no es suficiente, no basta con rechazar y proponer medidas. Se necesita actuar.
Es importante y urgente romper el círculo vicioso en que la violencia engendra siempre crecientes violencias. Lo que hay de malo en nuestra vida social no se eliminará con la simple negación del problema, o una posición contraria. Es necesario analizar los males con decisión en una reflexión sincera y honesta.
Jamás serán suficientes las palabras para describir el profundo trauma y el sufrimiento intergeneracional resultantes de la injusticia racial perpetrada a lo largo de siglos, particularmente en contra de las personas afrodescendientes. Un ejemplo de ello es el video que se hizo viral en redes sociales, cuando una niña afroamericana se escondía detrás de un auto al ver pasar a la policía. La mera condena de las expresiones y actos de racismo no basta.
El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó que "necesitamos alzar la voz en contra de todas las expresiones de racismo y todos los casos de comportamiento racista". Después del asesinato de George Floyd, la consigna “Black Lives Matter”, resuena en los Estados Unidos y el mundo entero, y es más que un lema. De hecho, no sólo importa, son fundamentales para el logro de nuestra dignidad humana común.
Es momento de hacer historia, de encarrilar la historia. Ha llegado la hora de pasar de los discursos a la acción.
Nuestra deuda con George Floyd y todas las víctimas de discriminación racial y brutalidad policial es desmantelar las instituciones racistas.
Estamos convencidos de que nos corresponde hablar en nombre de aquellas personas cuyas voces han sido silenciadas, además de promover respuestas eficaces que contribuyan a combatir el racismo sistémico, un flagelo mundial que se ha perpetuado por espacio de siglos.

El estremecedor asesinato de George Floyd tiene sus raíces en una serie de cuestiones más amplias y recalcitrantes que no desaparecerán si las ignoramos.
Es necesario y urgente atender a este llamamiento que hacen al Gobierno de Estados Unidos y a las autoridades en Nueva York para que adopten políticas efectivas como una prioridad, para abordar urgentemente las manifestaciones de incitación a la violencia racial y para entender cómo afectan a la cohesión social.
Debemos poner fin a la violencia y exigir justicia. La violencia estatal en Nueva York sistemáticamente está dirigida a las comunidades afroamericanas y latinas, y eso también destruye vidas.
En Nueva York y Estados Unidos en general se está viviendo un proceso electoral. Una manera de combatir con este sistema es ejerciendo el derecho al voto en las próximas elecciones este noviembre próximo.
Informarnos es un primer paso, para luego votar por aquellos lideres que abogan y se preocupan por la seguridad y la vida de las comunidades mas desprotegidas y con mayor desigualdad económica y social.
Manifestantes ocupan el City Hall Park ubicado frente a la Alcaldía de la ciudad de Nueva York



























