“Ahora me defino como artista, emigrante, latina y madre, estas cuatro características influencian en mi quehacer artístico. Por lo que entiendo mi arte como una voz personal que se puede extrapolar a algo global, una voz de la periferia, desde el borde al centro, un testimonio de los circuitos ocultos de la globalización en el corazón del sistema.”
-Manuela Viera-Gallo

Por Ximena Hidalgo-Ayala
IMPACTO
Como parte de la nueva exhibición de arte We Run Things, presentada por la Y Gallery con el trabajo de tres pintoras de diferentes nacionalidades y curado por Cecilia Jurado, hemos conocido a la pintora Manuela Viera-Gallo, una latinoamericana con una perspectiva muy especial sobre la mujer, el arte y la vida.
NACIÓ EN EL EXILIO
Manuela nació en Roma durante el exilio de sus padres a causa de la dictadura en Chile y cuando tenía ocho años retornó al país andinoamericano al cual considera su tierra natal. Hace doce años emigró a Estados Unidos en busca de nuevos horizontes para desarrollar su carrera. Durante ocho años fue maestra y actualmente se dedica a la pintura a tiempo completo. Ha realizado dos exhibiciones en Y Gallery que la representa en Nueva York y ha participado de varias muestras colectivas en varios museos de Nueva York y Washington DC así como en la Bienal de Brasil y Chile entre otros.

ESTILO PICTÓRICO
Según el análisis estilístico de la curadora, el estilo de Manuela está marcado por su experiencia en el exilio, que la ha llevado “a desarrollar una visión punto de que ha sido fuertemente determinado por la violencia social y política que ha afectado la historia de la mayoría de los países de América Latina y creó un flujo constante de la migración. En consecuencia, su trabajo refleja las preocupaciones, ansiedades y los temores derivados de su propia experiencia.”
Una de las cualidades más llamativas de su serie de es el uso de “un lenguaje metafórico” que para expresar utiliza papel y madera, en cuadros con figuras de animales con ojos humanos, como prestadores esperando cazar a su presa.
La muestra que incluye obras de Manuela Viera-Gallo está gratuitamente abierta al publico en la Y Gallery ubicada en el tercer piso del 319 de Grand Street y Orchard St en el Downton Manhattan.

¿Cree que la creciente presencia de la mujer en diferentes áreas, desde las artes visuales hasta la política son parte de una lucha que está dando frutos positivos?
-Creo que en esta sociedad todavía no se ha alcanzado la paridad de género y en las artes menos, todavía el discurso de las Gorillaz Girl funciona perfectamente. El porcentaje de mujeres exponiendo en los grandes museos del mundo es casi invisible.
Obviamente después de la corriente feminista de los años 60, el discurso se impuso en la agenda pública y se ha avanzado bastante, pero a las mujeres todavía no se les paga lo mismo por igual trabajo, las mujeres todavía son objeto de violencia y trata de personas. Son las más afectadas por la pobreza y protagonizan las migraciones masivas. Queda todavía un largo camino por recorrer.
¿Considera al arte un medio para expresar los sentimientos de los grupos marginados o socialmente maltratados?
-El artista, –queriéndolo o no–, es un testigo de su tiempo. El arte expresa el acontecer de la sociedad, nos da pistas de las costumbres y comportamiento, de las ceremonias, de las creencias, del concepto imperante de belleza, relata los traumas, las guerras y las utopías de cada época. Actualmente frente a un mundo plagado de imagines por la tecnología y las redes sociales, el arte es un arma de doble filo. Ya no es solo la imagen la que tiene que dar cuenta de ese registro social porque desde la creación de la fotografía y el cine, son ellos los testigos oculares privilegiados de ahora. El arte tiene un rol más interpretativo, residual, de los temas socio-políticos imperantes. Es un discurso que coquetea con la sociología, la antropología y con las artes escénicas.
Las nuevas tendencias políticas en Latinoamérica han producido una nueva generación reprimida en sus derechos a la libertad de expresión. ¿Cómo puede impactar esta realidad en las artes?
-Puedo hablar de mi país, de Chile: después de haber crecido en la dictadura, que marcó mi vida y mi “visualidad”, aparece la democracia en los 90 y es ahí cuando yo comienzo a estudiar artes visuales en la Universidad; había entonces una desmesurada energía y un apetito hacia lo desconocido, a entender que el lenguaje artístico no tenía limites y que necesitábamos conocer y sacar a la luz los discursos que operaban en la clandestinidad, en la época de Pinochet. Había que derribar los muros de la censura y comenzar a rearmar la historia a través de una identidad distinta; es ahí donde mi generación irrumpe en la supuesta globalización visual. El discurso de las artes visuales era lo interdisciplinario. Fue la vía de escape a cualquier pragmatismo. No queríamos más reglas impuestas, ni limites; queríamos establecer un nuevo campo de experimentación, aunque para muchos no fuera político en términos estrictos; queríamos abrir la discusión sobre una identidad negada. Creíamos en la performance como pintura corporal o en la escultura como dibujo espacial.
Un mensaje final
-Especialmente para todos los artistas, les quiero decir que el camino es difícil y pedregoso, pero que cuando se lleva en el alma, el arte no es una opción, es una condición.


























