Por Fernando Campos
El título que le ha dado Lucio Fernández a su nuevo espectáculo, “Lucio… Menos Cubano Que Nunca”, quizás no es el más apropiado que pudo escoger, ya que Lucio en todo lo que hace siempre pone en alto su añorada isla, pero va de acuerdo con su arte iconoclasta de cantante y actor, que siempre pone en evidencia en sus presentaciones.
Esta vez, el denominado “The Cuban Kid” estrenará su pieza en el Teatro Laurie Beechman de a Calle 42, en el corazón de Nueva York, y desde ya comienzan las indagaciones sobre qué tiene en cartera el irreprimible artista.
Pues bien, lo que Lucio está elaborando es un bosquejo biográfico de su vida, abarcando su nacimiento en Cuba en el seno de un hogar humilde donde su madre — una de 16 hermanos — se desempeñaba como costurera; su salida de su tierra cuando todavía era un niño, por razones políticas ya que su padre fue un combatiente contra Fidel Castro e incluso fue a prisión; el tiempo que pasó exiliado en España; y posteriormente, ya radicado en los Estados Unidos y graduado de la Universidad Rutgers, su ruta hasta convertirse en un Comisionado en el estado de Nueva Jersey.
Pero, desde luego, ése es Lucio Fernández a muy grandes rasgos, porque mientras se desarrollaba en facetas de crecimiento intelectual y político, lo que llegó a ser lo más importante de su vida, ser un artista versátil en el canto y la actuación, tomó fuerza mayor, convirtiéndose en uno de los más dinámicos exponentes del teatro musical de Broadway, con una extraordinaria vis cómica que explota con hilaridad su condición de cubano-americano.
Informa Lucio que su espectáculo lo dirige el muy galardonado Lennie Watts, con arreglos y dirección musical de Mark Goodman, coreografía de Megan Fernández — y, como era de esperarse, con libreto del mismísimo Lucio Fernández, quien nos asegura que “no se necesita ser cubano para divertirse con este espectáculo”.



























