En su intensa gira de una semana por Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Pontífice ha recibido el fervor de estos tres pueblos y ha dejado numerosos mensajes para la reflexión de la población católica.
Por Antonio Torres
El papa Francisco inició su periplo por Latinoamérica en Ecuador y tras su paso por Bolivia se despidió en Paraguay, tres escenarios donde el catolicismo está perdiendo fuerza pero la presencia de Jorge María Bergoglio ha servido para avivar la fe en Cristo.
Cada una de las apariciones del Pontífice ha servido para hacer llamamientos con distintos destinatarios. En Ecuador, sus palabras se dirigieron a la familia, "una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: vive bajo el mismo techo, comparte la vida y está necesitado".

En su primera parada, en Ecuador, donde permaneció tres días, el papa ofreció dos misas multitudinarias, visitó templos, se reunió con altas autoridades, entre ellos el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, y mantuvo encuentros con la comunidad religiosa, con estudiantes y la sociedad civil, entre otras actividades.
En esos tres días, el papa Francisco dejó mensajes como la petición a los religiosos a no caer en "un alzhemier espiritual" que les haga olvidar que deben siempre servir al pueblo.
La Iglesia tiene que salir a servir a los demás, recordó Jorge Mario Bergoglio en el santuario de Nuestra Señora del Quince, a las afueras de Quito, y señaló: "dar gratis lo que recibieron gratis".

EL CRUCIFIJO SOBRE UNA HOZ Y UN MARTILLO
Ya en suelo boliviano, el Pontífice fue recibido por el presidente de la nación, Evo Morales, que le entregó al papa argentino la máxima condecoración de Bolivia, el Cóndor de los Andes, y la distinción Luis Espinal, que fue creada para reconocer a quien profese una fe religiosa y se destaque por defender a los pobres, los marginados y los enfermos.
Presentes que Bergoglio donó a la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia, según el portavoz del Vaticano porque el papa no recibe, ni acepta condecoraciones.

"Quisiera dejar estas dos condecoraciones a la Patrona de Bolivia, a la Madre de esta noble Nación para que Ella se acuerde siempre de su pueblo y también desde Bolivia, desde su santuario, donde quisiera que estuvieran, se acuerde del Sucesor de Pedro y de toda la Iglesia, y desde Bolivia la cuide", señaló el papa Francisco en una misa.
El Vaticano no informó si entre las donaciones del Pontífice se encontraba el crucifijo con la hoz y el martillo, una réplica de una figura tallada por el sacerdote jesuita español Luis Espinal, que fue torturado y asesinado por paramilitares en La Paz en 1980 por denunciar la violencia política en el país, que también le regaló Morales y que causó una gran polémica

Durante su estancia en Bolivia, el Pontífice se acercó grupos marginales, como la visita que realizó al penal de Palmasola en Santa Cruz, al este del país, una cárcel con fama de violenta y donde los reos se emocionaron con la presencia del papa.
Bergoglio se presentó a los reos como "un hombre perdonado. Un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados" y los animó en la fe y la esperanza, tras escuchar los problemas que sufren por el hacinamiento, el retraso de la justicia y la mala alimentación.

Otro de los actos destacados del papa en suelo boliviano fue su presencia en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, al que asistieron organizaciones sociales y sindicales de varios países.
Allí el papa pidió "humildemente perdón", "no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América".

En otra de sus intervenciones, el papa Francisco instó a "evitar conflictos con los países hermanos" y citó la reclamación boliviana de salida al mar a Chile.
"Estoy pensando en el mar. Diálogo, diálogo", dijo el papa en un discurso que fue celebrado tanto por el Gobierno de Morales como por la oposición como un apoyo a la demanda boliviana, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

"LA CORRUPCIÓN ES LA POLILLA"
En su última estación de su gira latinoamericana, el papa comprobó porque Paraguay es el país con mayor proporción de católicos de América Latina, contando con un 90% de sus habitantes que profesa esta fe religiosa.
El papa Bergoglio se encontró con auténticas mareas humanas en las misas que ofició en el santuario de Caacupé, la capital católica del país, a unos 55 kilómetros de Asunción, y otra en el parque de Ñu Guasú, donde se calcula que se concentraron cerca de medio millón de personas.

En los tres días en suelo paraguayo, el Pontífice escuchó también las quejas de las comunidades indígenas, el sector más discriminado del pais y el más silenciado, a lo que contestó destacando que conforman un tesoro cultural que es el que da significado a Paraguay.
Y también se vio con organizaciones sociales que denunciaron que la corrupción sigue enquistada en el tejido político paraguayo. "La corrupción es la polilla. Es la gangrena de un pueblo", respondió Francisco en el polideportivo Leon Condou ante miles de personas, entre ellas el presidente paraguayo, Horacio Cartes.

Para cerrar su gira latinoamericana, el papa tuvo en un encuentro con una multitud de jóvenes que desbordaron la Costanera de Asunción, junto a la bahía formada por el río Paraguay, en un multitudinario festival católico plagado de música en vivo.
Jóvenes que cantaron y bailaron frenéticos durante varias horas, con himnos como Gracias, santo padre", la canción oficial de la visita del papa a Paraguay.

Este encuentro comenzó con los testimonios de dos jóvenes que se encuentran en dificultades y sus palabras sirvieron de inspiración al pontífice que se saltó el discurso preparado para instaurar un di´slogo con los jóvenes totalmente improvisado.
Bergoglio contó cómo en Roma alguien le dijo: "Siga usted aconsejando a los jóvenes que hagan lío, pero después los líos que hacen los jóvenes los tenemos que arreglar nosotros", relató arrancando las risas de los chicos y chicas paraguayos. Y entonces les exhortó "Hagan lío, pero ayuden después a organizarlo bien".

El papa recomendo a los jóvenes reunidos en la Costanera tener un corazón libre, que no les ate a nada, al tiempo que les hizo repetir las palabras que todos los chicos deben tener en cuenta: "Servicio, solidaridad, corazón libre, esperanza, trabajo y luchar por la vida".





























