
Por Manolo García Oliva IMPACTO LATINO
Existen hechos teatrales que necesitan que se analice profundamente su contenido por la profundidad de este, la delicadeza de la puesta escénica, añadiendo a esto su dirección y la labor interpretativa.
Tal es el caso de “Lo que sabe mi voz”, de la autoría de la escritora argentina Adriana Tursi, unipersonal presentado en teatro LATEA hace unas semanas. La Tursi, egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires en 1983, mostró desde aquel momento gran interés por el teatro, lo cual la impulsó a estudiar, actuación escenografía y dirección, pero en su búsqueda de encontrar nuevos horizontes en el medio teatral, uno de estos la condujo al mundo de la dramaturgia.
Con un currículo de gran amplitud, Adriana se hizo acreedora en 1994 del Primer Premio otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina.
Desde aquel entonces, ha llovido mucho, y en este nuestro primer encuentro con el teatro de Adriana Tursi este no pudo ser más halagüeño, ya que “Lo que sabe mi voz”, es una pieza contundente, sutil, delicada y poética, que narra el primer feminicidio ocurrido en Argentina en 1860. Su texto se suma a la denuncia del sufrimiento que viene sufriendo la mujer desde siempre y por supuesto hasta nuestro días.
Este unipersonal carga de a por todas con los verdugos que desde tiempos inmemorables vienen ejecutando por simple placer a la mujer, imponiéndoles la fuerza bruta y el abuso de poder.
La labor actoral no podia haber contado con una intérprete de más calidad que Silvina Muzzanti, quien nos presenta la pureza a la máxima expresión con un trabajo depurado casi etéreo, Muzzanti flota al igual que su vestuario, y sus parlamentos están llenos de dulzura, tormento, rabia, duda y dolor, Un trabajo sublime, como acertada fue también la dirección Analía Fedra García.
“Lo que sabe mi voz”, logró sus propósitos fundamentales del hecho teatral: reunir tres talentos en las personas de Silvina Muzzanti, Adriana Tursi y Analía Fedra García, divulgar la violencia de género que azota a la mujer como una peste que nunca acaba y traerla a Nueva York, para que nuestro público disfrutara de ella.



























