Leonor Torres es una reconocida activista de la comunidad latinoamericana de Nueva York, que ha compartido durante tres décadas su rol de madre con el voluntariado, tanto en su entorno laboral como también en el Comité Cívico Ecuatoriano.

Leonor Torres.
Leonor Torres.

Nació en la ciudad de Cuenca, desde donde emigró a Estados Unidos en 1982 y en donde dejó a sus dos hijos de dos y cinco años al cuidado de su madre. Llegó a Nueva York y

comenzó a trabajar en corte y confección, profesión en la que ya tenía experiencia.

En Nueva York comenzó a laborar en un taller en York Ave y la calle 72, pero quería conocer la famosa industria de la costura neoyorquina y terminó trabajando en la fábrica de un ecuatoriano en la calle 38, entre la 8a y 9a avenidas, donde aceptó un pago de 3 centavos por prenda.

Trabajaba setenta horas semanales, doce horas diarias. Recuerda que los sindicalistas golpeaban las puertas, pero el dueño de la factoría les atemorizaba y les decía que se quedaran en silencio, inculcandoles temor a los sindicatos. En 1983, comenzó a trabajar en una fábrica de vestidos de novia, pero después de ocho meses en Nueva York, inmigracion le retornó a Ecuador, desde donde volvió por segunda ocasión a los ocho meses, entonces conoció el trabajo de los sindicatos.

En 1985 comenzó a participar en los programas del sindicato GWU de la costura, asistiendo a clases de inglés y entrenamiento. Inició su trabajo dentro del sindicato como parte de los programas culturales y ahí surgió el grupo Alma Ecuatoriana, para promover las danzas tradicionales. El sindicato proveía un presupuesto para una semana cultural, con muestras de veintiún países de diferentes partes del mundo.

Durante siete años coordinó las actividades culturales en el sindicato. Se regularizó junto con su esposo y lograron traer a sus dos hijos. Cuando su niña tenía quince años participó en un concurso para Reina del Carnaval de Ambato y posteriormente fue candidata del reinado del Comité Cívico Ecuatoriano, desde entonces Leonor se vinculó a esa institución.

Durante veintiocho años Leonor Torres ha sido miembro activo del Comité Cívico Ecuatoriano y parte de la directiva con varios cargos, además representa a esta entidad en el Comité del Desfile de la Hispanidad.

Desde hace cuatro años instauró en el Comité Cívico Ecuatoriano un programa de entrenamiento en corte y confección para mujeres inmigrantes, el cual lo ha dirigido desde hace quince años en el sindicato internacional de costura UNITE Here, del cual es miembro. Leonor continúa trabajando con un diseñador de modas para las obras de teatro en Broadway.

Como inmigrante, ¿cuál cree que ha sido el sacrificio más grande?

- Dejar a mis hijos durante siete años. Fue un consuelo saber que estaban a cargo de mi madre, caso contrario no habría tenido vida. Fue una bendición Dios la madre que tuve y el tiempo que les dedicó y cuidó a mis hijos. Se escuchan casos de abuelos que no les dicen a los niños que sus padres están sacrificándose y les inculcan desamor a los padres, les dicen que les han abandonado, incluso el hijo de una vecina se suicidó por esa razón.

Se escuchan historias de hijos de mujeres migrantes que son abusados por los mismos familiares. En una época en la que no había la tecnología para mantener el acercamiento como ahora, fue muy duro, por ello sentíamos con mi esposo la necesidad de complacer a nuestros  hijos con lo que pidieran. No escatimamos en enviarles los juguetes que querían y en pagar las llamadas de larga distancia para mantenernos en contacto.

Con los hijos aquí, ¿cómo logró mantener el rol de esposa, madre, trabajadora y voluntaria de la comunidad?

- No fue fácil, fue duro, muy duro, pero vale la pena, porque en medio de todas las dificultades cuando los hijos crecen valoran y se dan cuenta de que uno ha ampliado su círculo de amistades y contactos y simultáneamente ha logrado ayudar a la comunidad, promoviendo la solidaridad y el sentido de servicio comunitario.

Juega un papel bien importante la pareja. Mi esposo enseñó a mis hijos a ayudarnos y a repartirse las tareas del hogar. Al mismo tiempo el sindicato tuvo una parte fundamental en incluir a la familia en diferentes actividades, mis hijos al venir también fueron parte de las actividades en el sindicato y también en la iglesia de nuestro barrio.

El hecho de haber podido realizarme en todas las facetas se lo debo a mi esposo. Hacer voluntariado me ha costado mi tiempo, mis ingresos, esfuerzos para ayudar cuando se ha podido.

 

¿Qué mensaje daría a las mujeres inmigrantes que están llegando a Nueva York?

- Deben continuar cuidando mucho a sus hijos y darles todo el amor que puedan. Si tienen pareja van a tener que dividirse para que ellas puedan cuidar a sus hijos, porque comenzar en este país no es fácil, por el idioma, van a requerir mucha fortaleza. Deben mantener la fe en Dios y continuar luchando, porque se debe hacer un doble trabajo, cuidar a nuestros hijos y también trabajar. Hicieron una elección pensando en lograr algo mejor y decidieron no dejar a sus hijos y esa es la decisión más dura, pero las mujeres y particularmente las madres somos muy fuertes.

Un mensaje final

- El futuro no sabemos, pero en donde quiera que las mujeres debamos estar, primero debemos ser madre y no abandonar a los hijos por ninguna circunstancia. Que Dios bendiga y proteja a todas las madres migrantes.

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