Todos las conocemos y visitamos a diario, las bodegas se han convertido en un emblema de la ciudad de Nueva York, uno de los legados más visibles de la comunidad hispana.
Y es que las bodegas no son las típicas tiendas de conveniencia, son el lugar donde la gente va para encontrarse con amigos y charlar mientras se fuma un cigarro o se bebe una cerveza. Para muchos incluso se han convertido un apoyo donde se puede pedir desde recomendaciones de mecánicos, electricistas, plomeros y en algunos casos una ayuda económica en la forma de un préstamo.
Estas pequeñas tiendas se reconocen por la música alegre que siempre suena, el saludo caluroso de la persona que está detrás del mostrador y por qué nuestros hijos pueden entrar con confianza y pedir un dulce aún si no tienen el dinero para pagar por que los dueños los conocen y saben que en algún momento saldaremos la cuenta.
Aunque es común ver alimentos como aguacates y plátanos, la verdad que los alimentos que más se venden son los menos saludables, las papitas tostadas, bizcochos y demás. Una clara indicación de un problema que afecta a la población de los barrios más pobres. Según datos de la oficina de salud de Nueva York, los residentes de barrios pobres son los más afectados por problemas de salud como diabetes y obesidad.
En vista de esto, algunos dueños de bodegas están haciendo un esfuerzo por introducir alimentos más saludables y esperan poco a poco poder educar a sus clientes sobre los beneficios de opciones más saludables.
Aunque, las bodegas parecen haber existido desde siempre, durante la crisis económica de Estados Unidos en el 2008 fueron uno de los negocios que más sufrieron, y decenas de ellos tuvieron que cerrar puertas porque el negocio ya no era rentable. Al ser un negocio familiar esto fue devastados para muchas familias hispanas. Pero lo bueno es que las bodegas han resurgido y continúan siendo el corazón de todos los barrios latinos.



























