EDITORIAL
Cuando escuchas cada uno de los testimonios y vivencias de las personas que se encuentran en huelga de hambre, te corroe la rabia, la impotencia, y peor aún, saber que nosotros hemos permitido que todos esos atropellos sucedan por no dar un paso al frente y decir “aquí estamos”.
Desde el martes 16 de marzo que inició su lucha, enfrentando al sistema, soportando
hambre y sed. Mientras el cuerpo te pide minerales para sobrevivir es donde te preguntas: ¿Dónde está el estado?, que tiene la obligación de velar por sus ciudadanos. Es una realidad muy aleccionadora.
Los rostros desvalidos después de 10 días sin comer, representan a miles de neoyorquinos que día a día se enfrentan a esta urbe, y que por ser indocumentados son víctimas de discriminación, abuso de poder y robos.
Es más trágico cuando esas personas, no pueden o más bien “no tienen derecho a
opinar”, por su estado migratorio. Nosotros como sociedad nos hemos encargado de
callar, teniendo como el arma más indefensa, el silencio y el temor.
Todas esas personas no están afuera de la Iglesia Judson Memorial, en Manhattan
porque se les antojó, sus razones, sus peticiones son simples: “crear un fondo
económico para las personas excluidas de cualquier tipo de alivio federal”.
“Yo estoy en huelga de hambre porque pido igualdad y justicia para todos los
trabajadores excluidos durante la pandemia”, escribió una huelguista en un cartel.
“El trabajo doméstico, es trabajo digno”, pero la indiferencia de las autoridades ha
discriminado a los indocumentados que desde sus países de origen vienen a “realizar
el trabajo duro a esta nación”.
Durante la pandemia del COVID-19 en la ciudad de Nueva York, todos podían ejercer su trabajo por ZOOM, pero una trabajadora doméstica, repartidor de comida o mesero de restaurante, no tenía ninguna otra opción que enfrentar el virus directamente en las calles de la ciudad.
“Soy una trabajadora doméstica y he vivido en carne propia lo que significa no poder
traer comida a la mesa. Por eso estoy participando en la huelga de hambre”, escribió
Verónica Leal en otra de las tantas pancartas que cuelgan en una carpa improvisada
afuera de la Iglesia.
Los trabajadores demandan al estado un fondo de $3.5 mil millones y expandir los
beneficios de desempleo, el pago de impuestos a los multimillonarios de Nueva York y
la aprobación de la Ley NY HERO.
Realmente las exigencias de estas personas no son una regalía, ni mucho menos una
limosna, es un derecho que se lo han ganado al pagar sus impuestos. “Solo estamos
pidiendo de vuelta lo que por décadas hemos pagado”.
Ayuno para los olvidados, a como ellos han denominado esta acción, la mantendrán
firme hasta el 1 de abril. Último día que, por mandato constitucional, debería estar
aprobado el presupuesto estatal.
Mientras en la legislatura se discute un fondo de alivio para los trabajadores excluidos,
los huelguistas mantienen la responsabilidad de luchar por una causa justa, enviando
un mensaje a las autoridades que, “ellos tienen el poder en sus manos de apoyar a la
comunidad que tanto lo necesita”.
Todos ellos han sido víctimas de desalojo por atrasarse en los pagos de la renta de sus
viviendas, como un ejemplo de las necesidades que pasaron.
“Cada problema que tenemos, añádele 10 problemas más que sufre cada persona que
tiene angustia en estos momentos, por eso estamos acá aguantando hambre, no solo
por nosotros, sino por los cientos de neoyorquinos que realmente están aguantando
hambre en silencio”, dijo uno de los huelguistas al enviar un mensaje a los legisladores
estatales.
Las vicisitudes de estas personas que mantuvieron en movimiento a la ciudad de
Nueva York, resaltan las distopías que por larga data ha experimentado la ciudad más
influyente del mundo.
Lo que ha permitido que varias organizaciones sociales y autoridades electas
compartan este sentir de los huelguistas.
“El nivel de desesperación no se comprende en este momento. Las familias pasan la
mayor parte de sus vidas esperando en fila para recibir comida”, dijo Carina Kaufman-
Gutiérrez, subdirectora del Proyecto de Vendedores Ambulantes.
Hasta el momento la asamblea y el estado ha aprobado $2,1 mil millones para los
trabajadores excluidos, pero eso no es suficiente para verdaderamente cubrir las
necesidades.
De ahí la necesidad de cobrar impuesto a los multimillonarios, el gobernador Cuomo
planteó la noción de aumentos graduales del impuesto sobre la renta que requerirían
que los que se encuentran en el nivel superior paguen el 10,82 por ciento.
“Pero si realmente permanece fiel a esta idea depende de cuánto alivio el gobierno
federal desvía finalmente al estado de Nueva York. El gobernador ha pedido $15 mil
millones. Su director de presupuesto ha argumentado que, en caso de que se
aprobara, no habría necesidad de los aumentos de impuestos que buscan los
legisladores, lo que es como decir que ahora que le han dado guantes en medio de una
tormenta de nieve, no hay necesidad de arreglar el agujero en el techo”.
“En un año, la riqueza de 120 neoyorquinos creció un 30% - $156 MIL MILLONES - en un año. Un año que vio un desempleo récord, filas masivas de alimentos, millones de neoyorquinos enfrentando el desalojo... No hay palabras”, escribió la organización Make the Road.
Trabajadores esenciales: “Nos incluyen en el presupuesto o nos morimos de hambre.”



























