
A una semana de las elecciones presidenciales, entre gallos y medianoche, encadenaron la Corte Suprema. A las 8:07 de la noche, la hora de los bandidos, la hora que esconde la vergüenza, el senado nombró por 52 votos contra 48 a la reemplazante de la irremplazable Ruth Bader Ginsburg, la nueva integrante de la Corte Suprema: Amy Coney Barrett.
En el senado, 48 senadores, en silencio se dirigieron a la mesa, extendieron el puño y lentamente lo bajaron con el pulgar apuntando el suelo: pollice verso, teatral gesto utilizado por la masa en el circo romano para indicar la suerte del gladiador derrotado, 48 votando en contra de un nombramiento a una semana de las elecciones presidenciales.
Ayer con ese teatral gesto los 48 señalaban la condena a muerte de la Corte Suprema.
Hombre de teatro siempre he sido muy cuidadoso de los gestos de mis actores y de la señal que se transmite a la audiencia. Ayer fui audiencia y nos comunicaron el fin de la Corte Suprema tal cual la conocemos, pollice verso, condena a muerte.
El vergonzoso resultado constituyó una buena noticia para Trump, una pésima noticia para la Corte Suprema, para la justicia, para nuestra salud, para los matrimonios entre personas del mismo sexo, para las mujeres, para los derechos tan duramente conquistados.
La mojigatería firmó una Santa Alianza con la Corte Suprema, la corrupción se lavará las manos en la Corte Suprema, nuestros votos podrían perderse en la Corte Suprema y ellos decidir el resultado de una elección.
6 conservadores contra 3 progresistas; Trump ganó, América, nuestra América, perdió. Y cuando se habla de jueces progresistas contra jueces conservadores, sin darnos cuenta estamos aceptando que no hay separación de los poderes del Estado y que todos los poderes actúan entrelazados bajo la influencia del dinero, de la elite. El sistema es tramposo y a veces caemos en la trampa. Poderoso caballero es don dinero.
Que quede claro, no se trata de que se elija un juez en un año de elecciones. Imaginemos lo peor, que ganara Trump y fuera reelecto, (y que el diablo nos pille confesados), el panorama sería el mismo: igualmente se nombraría un(a) juez(a) conservador(a); por ende, el problema no es el momento, el problema se encuentra en la colusión existente entre la Corte Suprema, la política y el dinero en un sistema judicial cortado a la medida para los poderosos.
Anoche mientras en la Casa Blanca se tomaba juramento a la nueva jueza, en las calles de Filadelfia la justicia, “ley y orden”, volvía a actuar. Un joven afroamericano de 26 años, Walter Wallace Jr., caía bajo las balas de la policía.
Walter Wallace estaba bajo tratamiento por problemas mentales, quizás las pastillas hicieron que no recordara la amenaza para su vida que significa el ser negro y encontrarse frente a la policía.
Nuevamente manifestaciones, nuevamente el dolor y la indignación manifestándose en las calles, nuevamente un “nunca más”, nuevamente carteles donde se lee “Black Lives Matter”.
A una semana de las elecciones presidenciales otra muerte nos arroja en cara la violencia policial, otra muerte nos echa en cara el resultado del racismo institucional: “estaba armado de un cuchillo”, por eso lo mataron de seis balazos.
A una semana de las elecciones, una nueva jueza, otro afroamericano muerto, otro nombre para corear en las manifestaciones, y el Covid-19 atacando las capas más desfavorecidas de la población, los barrios populares, nos echan en cara la injusticia de un sistema.
Una semana antes de votar, por lo que tenemos que votar, la realidad nos previene: no se trata solamente de cambiar a un presidente, en una semana no se acaba la lucha por nuestros derechos, al contrario, en una semana, derrotado Calígula en la Casa Blanca, comienza nuestra lucha por que el “nunca más” sea verdaderamente “nunca más”, por que las vidas de los negros verdaderamente importen, por que nuestro futuro y el de nuestras hijas e hijos, importe.
En una semana depende de cada uno de nosotros el que nos demos un respiro, que saquemos lo podrido del ambiente, corto respiro antes de salir a exigir nuestros derechos, el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a alejar la muerte de las calles, a alejar el hambre de nuestras mesas, a erradicar el racismo, a limpiar el gobierno de políticos corruptos.
La jueza concretiza el sueño de los conservadores: la ley la escribimos y la interpretamos nosotros, dicen los multimillonarios. Otro afroamericano muerto a manos de la policía concretiza el sueño de los supremacistas: la ley y el orden reinan en los Estados Unidos, festejan; en las calles la sangre corre.
El pulgar apuntando el suelo, pollice verso, es nuestro voto, nuestra posibilidad de poner fin a la desigualdad.
Que lo sepa el próximo presidente, el próximo gobierno, nuestras voces se levantarán exigiendo el fin de la desigualdad, el fin del gobierno de las corporaciones, el fin al poderío del dinero en la política, el comienzo de una nueva América. Lo sabemos, el camino a recorrer es largo y no es fácil, pero los invitamos a ser parte, y si rechazan la invitación, pollice verso.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey.
Amy Coney Barrett es juramentada como jueza de la Corte Suprema


























