Durante la campaña electoral, como de costumbre, se vendió la esperanza. Los 11 millones que conforman el ejército de las sombras vieron una luz al final de su calvario. Años, años de vivir y trabajar escondidos, años de miedo, años en que cada día se pensaba podía ser el último junto a su familia, junto a sus hijos, el último día en la escuela, el último día corriendo en un parque, el último abrazo.

Se abría un camino de libertad, de justicia, se podría caminar la cabeza en alto, sin esconderse, se podría reclamar un pago justo por su trabajo, se podría existir, tras tantos años, existir.

Sería al comienzo de la nueva era puesto que cada era nace con la esperanza, sería el volver a vivir sin angustia ¿Cómo será vivir sin angustia?, me pregunté.

Los primeros pasos de la nueva era nos confrontan a la realidad, los pasos se empantanan, no avanzan. ¡Oh, avanzarán!, más adelante, esperen, por el momento hay que tener en cuenta la realidad. Y la realidad es que esos 11 millones no son populares, se les teme, se les obligó a vivir en las sombras y la gente teme las sombras, sobre todo cuando se es responsable de ocultar el sol.

Se comenzará por lo más popular o aceptable, los soñadores y los que tienen protección temporal, para ellos tendremos los votos necesarios.

La esperanza no tiene fronteras. Soñando en una nueva era, miles comenzaron a viajar esperanzados, hay un cambio, el derecho al asilo será sagrado, el fantasma del hambre será derrotado, y si no nos aceptan, al menos que mis hijos tengan un futuro. Perdónennos hijos si los mandamos solos, algún día comprenderán. En nuestra tierra no hay espacio para ustedes, allá, allá en el Norte la vida no es fácil, pero tendrán un futuro.

La realidad confrontará dos discursos en los diputados y senadores por ser reelectos, puesto que las elecciones del 2022 están en el ojo de la tormenta.

Algunos entre ellos negarán las causas del drama, olvidarán el pasado de sus familias, buscarán “lo popular”, no lo humano, eso por el momento no interesa. Dirán: la reforma es a largo plazo. Largo plazo para aquellos, aquellas, que no tienen plazo, que morirán en el camino de la desesperanza, los millones que molestan, que nos confrontan.

Algunos honorables se escudarán en la simpática y siempre vendible carta de la moderación, aquellos que Víctor Jara en Chile definió en una canción: “usted no es nada, ni chicha ni limonada. Usted se la pasa manoseando, caramba, zamba, su dignidad”. Otra canción se refería a ellos como “el camaleón mamá, el camaleón, cambia de colores según la ocasión”.

Otros, los de la otra bancada, jugarán el racismo, la xenofobia, el fantasma de “nos quitarán lo nuestro, tendremos menos derechos, son peligrosos”, “hay una crisis en la frontera”. Para ellos la crisis tiene una rápida solución: “que se cierre la frontera”, “que se emplee la fuerza del coloso para destruir la esperanza”, “América es nuestra, América es fuerte, América es única”.

Ayer, 18 de marzo, la Cámara aprobó 228 votos frente a 197, con el voto favorable de solo nueve congresistas republicanos un proyecto de ley que abre un camino a la nacionalidad para cerca de 2,5 millones de inmigrantes sin documentos: los soñadores y los que tienen protección temporal por huir de países especialmente peligrosos, no los que huyen hoy, los que ya están en el país. Los de hoy, los de hoy, “sorry”.

Un segundo proyecto plantea ofrecer la “Green Card” o quizás el camino a la residencia permanente a los trabajadores del campo, proyecto que contaría con un mayor apoyo republicano dado que, mal que mal son mano de obra esencial.

Palabras de miel con sabor a hiel

La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi declaró: “Los padres traen a sus hijos, sus esperanzas, sus sueños y sus aspiraciones para darles un mejor futuro. Esa valentía, esa determinación, esas aspiraciones son rasgos estadounidenses”, y definió a los soñadores como “verdaderos y legítimos herederos de los padres fundadores” del país.

Dulces palabras con sabor amargo. La determinación de esos padres, su valentía para enfrentar la muerte, las violaciones, la corrupción para poder dar una mejor vida a sus hijos no son solamente rasgos estadounidenses, son rasgos de salvadoreños, guatemaltecos, haitianos, cubanos, mexicanos, asiáticos. Son rasgos de grandeza humana en la desgracia, rasgos universales de padres, no importa de dónde procedan, luchando por sus hijos, desafiando la muerte por otorgar una mejor vida a sus hijos y nadie, nadie puede apoderarse de ese heroísmo.

Si los soñadores son los legítimos herederos de los padres fundadores como dice Nancy Pelosi, ¿por qué no se otorga el camino hacia la ciudadanía a esos padres fundadores? Después de todo el sueño comenzó en ellos.

Mientras tanto una niña llora en la frontera, una madre tiembla al salir a trabajar en Nueva York.

Compartir
[fbcomments]