Ilusiones y manipulación: caen las máscaras y se rediseñan distritos

Crear ilusiones o manipular para ganar votos es una mala costumbre de los políticos y conlleva riesgos: el que el votante les dé la espalda.

El regreso sin máscara a las escuelas, el rediseño de los distritos electorales y los tambores de guerra responden al mismo interés: obnubilar al electorado en la proximidad de una contienda electoral para ganar votos.

Desde un comienzo, el diseño de los distritos electorales se hizo para favorecer, no la expresión del votante, sino para alcanzar el número de votos que favorece a un determinado partido, en otras palabras, quitarle el valor y la razón de ser al voto como expresión de los intereses de un pueblo.

Mala costumbre de los republicanos en el sur, mala costumbre adoptada por los demócratas en Nueva York, mala costumbre de cualquier partido donde quiera que menosprecien la voluntad popular.

Si el voto pierde su valor, su razón de ser, llegará el momento en que se buscarán otras formas de expresar el descontento, de reivindicar los derechos, de exigir solución a los problemas que nos afectan, otras formas de expresar lo injusto de la desigualdad imperante, de mostrar a la luz pública las consecuencias de esa desigualdad en el desarrollo de un individuo, de una familia, de un grupo social, de una raza.

Y no se trata solamente de un problema económico, la pobreza hiere al individuo, lo hace sentir inferior, lo hace dejar de creer que tiene un lugar en este mundo.

Hoy se nos dice, se vuelve a clases sin máscara, sin dar explicaciones científicas, sin mostrar las medidas a tomar para regresar a “la normalidad” que nos permitan decir: se regresa protegiéndonos.

Las medidas, sin la ciencia y expertos avalándolas, suenan populistas, reflejan el deseo desesperado de salir al paso al rival para conquistar votos. Desorientan, minan la confianza, nos regresan al momento de declaraciones contradictorias que alimentaron el miedo, la ignorancia, la irresponsabilidad.

Cierto, tenemos que volver a una nueva normalidad, pero también es cierto que ello no llega por lo que de la noche a la mañana, como por arte de magia, se pregone el milagro; llegará si tomamos las medidas necesarias para no jugar con la salud de la gente.

Se prometen con gran pompa los tests rápidos para realizar en casa, y ellos aún no llegan a nuestras narices. No se trata de anunciar medidas necesarias para ganar votos y simpatía, se trata de tomar medidas que se cumplan. De que los tests llegarán, llegarán, pero muy tarde para algunos, y el virus continuará expandiéndose.
La variante a la que nos enfrentamos es menos mortal, afortunadamente, pero al igual que con la variante anterior, debemos cortarle el camino hacia otras variantes, y ello lo lograremos si mantenemos la vigilancia necesaria, la fe en la ciencia y no en discursos populistas para ganar votos.

Para finalizar, cuidado, restar valor al voto, intentar manipular la voluntad del votante puede dar pasos a aventuras populistas.

El anunciar el fin del uso de máscaras en las escuelas sin detallar con precisión y seriedad las medidas a tomar para proteger a nuestras hijas, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros abuelos, nuestro vecindario es irresponsable.

El vender ilusiones en un periodo electoral, el jugar al soy el más fuerte y así como termino una guerra puedo comenzar otra, es peligroso y puede darse vuelta contra quienes lo hacen.

Quien siembra vientos recoge tempestades.

Hoy por hoy, me vacuno, uso máscara, guardo la distancia y si la guerra llega, soy un desertor, como diría Boris Vian.

* Escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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