HISTÓRICO ENCUENTRO

 

El histórico encuentro entre los presidentes de EE.UU., Barack Obama, y Cuba, Raúl Castro, allana el camino para lograr más avances hacia la normalización bilateral, después de que la VII Cumbre de las Américas concluyera.

 

El presidente de Cuba, Raúl Castro (i), estrechando la mano de su homólogo de EE.UU., Barack Obama (d), durante una histórica reunión, en la VII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de las Américas que se celebrío en la Ciudad de Panamá.
El presidente de Cuba, Raúl Castro (i), estrechando la mano de su homólogo de EE.UU., Barack Obama (d), durante una histórica reunión, en la VII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de las Américas que se celebrío en la Ciudad de Panamá.

 

La buena sintonía que demostraron Obama y Castro durante la Cumbre en Panamá es en sí misma algo muy importante para seguir avanzando.

Frank Mora, director del Instituto de Latinoamérica y el Caribe de la Universidad Internacional de Florida (FIU), destacó el "tono muy conciliador" con el que habló Castro sobre Obama, a quien calificó de "honesto", en la plenaria de la cumbre.

Después los dos mandatarios se reunieron durante una hora y 20 minutos, de acuerdo con el Gobierno cubano, y ambas partes apuntaron después que fue un encuentro "productivo", en el que se habló con sinceridad y, según la Casa Blanca, sin ningún tipo de "tensión".

En la rueda de prensa que ofreció al término de la cumbre, Obama dejó claro que "Cuba no es una amenaza" para EE.UU. y que el objetivo de la apertura hacia la isla no es propiciar "un cambio de régimen".

El primer encuentro de dos gobernantes de Cuba y EE.UU. en más de cinco décadas duró una hora y veinte minutos, en los que Obama y Castro hablaron "honestamente" y con sinceridad sobre el restablecimiento de relaciones bilaterales, con el objetivo de avanzar en el proceso pero sin obviar las "muchas diferencias" que existen entre ambos países.

"Ahora estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro", afirmó Obama, quien ve factible que, con el tiempo, su país y la isla puedan pasar página a su "complicada" historia y "desarrollar una nueva relación".

Cuba "no es una amenaza para Estados Unidos" ni el objetivo es un "cambio de régimen", destacó un Obama "cautelosamente optimista" con el progreso de las negociaciones para la normalización bilateral.

Y en la otra silla, Raúl Castro abordó su primer cara a cara con Obama dispuesto a hablar "de todo" y con "mucho respeto", según dijo antes de la reunión que se celebró tras la primera parte de la sesión plenaria de la Cumbre de las Américas.

Un foro donde Castro, en el primer discurso de un presidente cubano en el cónclave continental, no dudó en calificar de "honesto" al actual presidente de EE.UU. y hasta lo eximió de la responsabilidad de la política hacia Cuba desarrollada por los diez gobernantes que han precedido a Obama desde que triunfó en 1959 la Revolución castrista.

"

Nuestro reconocimiento por su valiente decisión de involucrarse en un debate con el Congreso de su país para ponerle fin", señaló el presidente cubano.

Esos elogios no impidieron a Raúl Castro aprovechar su intercambio con Obama para advertirle que es "esencial" que EE.UU. acabe con el embargo contra Cuba para avanzar en la normalización de relaciones.

Cuba considera que las medidas que adoptó Obama en enero para flexiblizar el embargo "son un paso en la dirección correcta", pero son limitada, por lo que la isla espera que el presidente estadounidense las amplíe y adopte otras nuevas.

Castro también instó a Obama a eliminar las políticas dirigidas a promover cambios en el sistema político y socioeconómico del país.

Según informó el canciller cubano, Bruno Rodríguez, los presidentes además abordaron las posibilidades de cooperación en ámbitos como la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, la protección del medioambiente, la mitigación del cambio climático y la salud, incluyendo el enfrentamiento a pandemias.

Lo que no salió de ese encuentro considerado histórico por todo el mundo fueron anuncios o novedades sobre la fecha para la apertura de embajadas en La Habana y Washington ni sobre la salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo.

 

LISTA DE TERRORISMO

El presidente de EE.UU., Barack Obama, anunció su decisión de eliminar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, una medida reclamada desde hace años por el Gobierno cubano y que podría agilizar el proceso de normalización de relaciones diplomáticas con la isla.

Apenas tres días después de reunirse en Panamá con su homólogo cubano, Raúl Castro, Obama envió al Congreso un mensaje en el que avisa de que, si no hay acciones contrarias de los legisladores, Cuba saldrá dentro de 45 días de la lista de la que ha formado parte desde 1982, y que supone la imposición de sanciones económicas.

Cuba comparte actualmente espacio con Irán, Sudán y Siria en esa lista que elabora anualmente el Departamento de Estado, y fue una revisión encargada por Obama en diciembre a su secretario de Estado, John Kerry, la que llevó al Gobierno estadounidense a determinar que ya no hay motivos para que la isla continúe en el listado.

"Aunque EE.UU. ha tenido, y sigue teniendo, preocupaciones significativas y desacuerdos respecto a un amplio rango de políticas y acciones de Cuba, esas preocupaciones y desacuerdos no entran en los criterios para la designación como Estado patrocinador del terrorismo", dijo hoy Kerry en un comunicado.

Las razones de Estados Unidos para mantener hasta ahora a Cuba en la lista eran su presunta acogida a miembros de la organización terrorista vasca ETA, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y a algunos fugitivos de la Justicia estadounidense.

No obstante, Kerry aseguró hoy que "las circunstancias han cambiado desde 1982", cuando Cuba entró en la lista "debido a sus esfuerzos para promover la revolución armada en Latinoamérica".

En su mensaje al Congreso, Obama certificó que el Gobierno de Cuba "no ha proporcionado ningún apoyo al terrorismo internacional durante los últimos seis meses", y que ha expresado "garantías de que no respaldará actos de terrorismo internacional en el futuro".

Cuba expresó esas garantías a Estados Unidos "a un nivel muy alto" y la información que proporcionó fue "muy amplia", aseguró a los periodistas una alta funcionaria estadounidense, que pidió el anonimato.

La funcionaria no dio más detalles sobre quién fue el encargado de comunicar ese mensaje, pero otro funcionario precisó que el proceso se gestionó "por separado" de la reunión que Obama mantuvo con Castro en Panamá.

Además, el Departamento de Estado se valió de información proporcionada por las agencias de inteligencia estadounidenses para llegar a la determinación, según la Casa Blanca.

El Congreso tiene ahora 45 días para estudiar la determinación y tiene la opción de presentar un proyecto de ley para tratar de revocarla, pero Obama podría vetarlo y los legisladores tendrían complicado reunir los votos necesarios para invalidar ese veto.

En caso de entrar en vigor, la retirada de Cuba de la lista supondrá la eliminación de una serie de sanciones, como la prohibición de la venta de armas, de ayuda económica y de transacciones financieras.

No obstante, el Gobierno estadounidense recordó que la estructura de sanciones contra Cuba es extensa, y "la mayoría de las transacciones con ciudadanos cubanos o con el Gobierno de Cuba seguirá prohibida" bajo otras regulaciones del Departamento del Tesoro, aseguró a los periodistas otro funcionario.

Cuba también ve la designación como uno de los obstáculos que le han impedido encontrar en el último año un banco con el que hacer las operaciones de su Sección de Intereses en Washington, y ha indicado que ese problema puede complicar el objetivo de abrir una embajada en la capital estadounidense.

Al respecto, otra funcionaria estadounidense, que pidió el anonimato, aseguró que el Departamento de Estado cree que el Gobierno cubano "ya ha encontrado un banco" y están "muy cerca de resolver el problema".

Respecto a la apertura de embajadas, consideró que aún es necesario "reforzar un poco más la confianza" entre las partes, y que cuando llegue el momento, el propio John Kerry viajará a La Habana para inaugurar la misión.

Varios legisladores condenaron la decisión de Obama por considerar que envía un "mensaje peligroso" a terroristas en todo el mundo, en palabras del senador republicano Marco Rubio.

Rubio, el senador demócrata Bob Menéndez y el legislador republicano Mario Díaz-Balart denunciaron también que Cuba sigue albergando a fugitivos de la Justicia estadounidense, entre ellos Joanne Chesimard, que está en la lista de los terroristas más buscados por el FBI por asesinar a un agente estatal en 1973.

 

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