
Al hablar de la pandemia del COVID-19, podemos remontarnos a todas las repercusiones que ha venido a traer a través de estos más de 6 meses donde hemos visto de todo: muertes, desempleo, carencias, injusticias, política y políticos que no reaccionan a las necesidades de la población, un presidente errático y poco prudente y, ahora, una decisión ante el inicio del año escolar. Ante esto, sería conveniente ponernos a reflexionar sobre los cuidados y precauciones que hemos mantenido en los más pequeños de la casa, si realmente han sido los correctos, podríamos estar seguros de no haber traído el virus a casa o haberlos expuesto a contraerlo al sacarlos a la calle o qué podría pasar ante el inminente regreso a clases presenciales.
COVID-19 en los niños
El COVID-19 nos afecta de distintas maneras, dependiendo de las condiciones de salud en las que nos encontremos. La mayoría de las personas que se contagian presentan síntomas de intensidad leve o moderada y, en algunos casos, con mayor intensidad, generando mayores complicaciones en el cuerpo humano y, por ende, requiriendo mayor atención médica. Nueva York fue el epicentro de la pandemia global del COVID-19 en Estados Unidos y ni que decir al recordar que esta ciudad ha tenido miles de fallecidos, mayoritariamente de comunidades latinas quienes, lamentablemente, han sido una de las más afectadas por la pandemia.
En este caso, nos vamos a enfocar en el impacto que tiene el COVID-19 en la población infantil y, con ello, desmitificar comentarios de algunas personas que han manifestado, e incluso afirmado, que los niños no se pueden contagiar de este virus. Así mismo, cómo los niños, que en algunos casos no presentan síntomas, se pueden convertir en potenciales transmisores del virus a otras personas que sí podrían presentar síntomas mucho más agresivos.
Si bien es cierto este virus afecta a los niños de una manera muy leve, por la intensidad y tipo de síntomas que presentan, médicos de la ciudad de Nueva York han resaltado que alrededor del 80 por ciento de los niños podrían estar infectados. Para la doctora María Isabel Rosas, pediatra e infectóloga de la ciudad de Nueva York, los niños son vulnerables y tienen el mismo riesgo de contagiarse al igual que cualquier adulto, porque, según explica ella, un niño se contagiará, al igual que cualquier persona, si realmente está expuesto al virus.
Según la CDC, entre los síntomas más comunes que presentan los niños contagiados de COVID-19 están la fiebre, el dolor de cabeza, dolor de garganta, tos, fatiga, náuseas/ vómitos y diarrea. Sin embargo, la misma institución advierte que muchos, al igual que los adultos, pueden ser asintomáticos. La misma fuente indica también que, para el 21 de julio de este año, el 6.6% de los casos notificados y menos del 0.1% de las muertes relacionadas con el COVID-19 fueron entre niños y adolescentes menores de 18 años, siendo los adolescentes entre 10 y 17 años los más propensos a infectarse.
Síndrome Inflamatorio Multisistémico asociado al COVID-19 en niños latinos
Según un informe de la Academia Americana de Pediatría, expresa que más 97.000 niños resultaron positivos al virus del COVID-19 durante las últimas dos semanas de julio, presentando un aumento de más del 40 por ciento de los casos de menores de edad del número total de niños diagnosticados en todo el país desde marzo. Como dijimos anteriormente es importante destacar que los síntomas son muy distintos en los niños en comparación a los adultos, incluso los menos con COVID-19 son más vulnerables a una severa complicación que únicamente afecta a los menos de 18 años.
El Síndrome Inflamatorio Multisistémico en niños es una afección rara pero grave que se descubrió aproximadamente 2 a 4 semanas después del inicio del COVID-19 en niños y adolescentes. Los informes iniciales de los pacientes con Síndrome Inflamatorio Multisistémico describieron diversos signos y síntomas clínicos en la evaluación inicial, pero, la mayoría de los casos incluyeron características de shock, disfunción cardíaca, síntomas gastrointestinales, marcadores significativamente elevados de inflamación y daño cardíaco.
En el informe se destaca que la mediana de edad de los pacientes fue de 8 años, el 55,4% eran hombres, el 40,5% eran latinos, el 33,1% eran negros no hispanos y el 13,2% eran blancos no hispanos. La obesidad fue la afección médica subyacente notificada con más frecuencia, y se presentó en el 30,5% de los pacientes hispanos, el 27,5% de los negros y el 6,6% de los pacientes blancos con Síndrome Inflamatorio Multisistémico.
El análisis de clases latentes realizado en el informe es particularmente adecuado para describir diferentes manifestaciones. Dividiendo a los pacientes en grupos que podrían no haber sido previamente reconocidos, basándose en características compartidas, lo que permitió una determinación imparcial de las manifestaciones de la enfermedad. La proporción de pacientes hispanos, negros y blancos con Síndrome Inflamatorio Multisistémico con obesidad es ligeramente más alta que la informada en la población pediátrica general. Los pacientes hispanos y negros representaron la mayor proporción (73,6%) de los pacientes informados con Síndrome Inflamatorio Multisistémico.
El informe de la Academia Americana de Pediatría destaca que el COVID-19 afecta de manera desproporcionada a hispanos y negros, debido a las inequidades de larga data en los determinantes sociales de la salud, como, por ejemplo, la vivienda, la inestabilidad económica, el estado del seguro y las circunstancias laborales de los pacientes y sus familiares han colocado sistemáticamente a las poblaciones de minorías sociales, raciales y étnicas en mayor riesgo de contraer el COVID-19.
A medida que continúa la pandemia del COVID-19, y el número de casos aumenta en muchas jurisdicciones, los proveedores de atención médica y los padres de familia deben continuar monitoreando a los niños para identificar los ante cualquier síndrome hiper inflamatorio con shock y compromiso cardíaco. Los pacientes sospechosos de Síndrome Inflamatorio Multisistémico y otras deben informarse a los departamentos de salud locales y estatales, para el diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado.
Según Donald Trump los niños son “inmunes” al COVID-19
A pesar de la evidencia demostrada por la Academia Americana de Pediatría sobre los contagios y afectaciones que tiene el COVID-19 sobre los niños, el presidente Trump el lunes pasado dijo que los niños son esencialmente inmunes a contraer el virus, un comentario evidentemente basado en su lógica sin ningún fundamento.
Desde la Casa Blanca el presidente Trump ante los medios de comunicación en una explicación sin ninguna evidencia insistió que los menores de edad son prácticamente inmunes. “Los chicos se recuperan muy rápidamente, se pueden contagiar y pasar por la enfermedad brevemente, pero como saben la enfermedad afecta a una fracción muy baja de ellos”, resaltó el presidente de los Estados Unidos sin ninguna prueba o evidencia que lo respalde, restándole importancia al informe de la Academia de Pediatría donde se presentan pruebas científicas e investigaciones detalladas.
Trump y otros funcionarios de su administración están constantemente presionando para que se reanuden las clases con presencia física de los estudiantes en las aulas de clase, argumentando que los niños tienen un riesgo extremadamente bajo de infectarse. "Creo que, en su mayor parte, no se enferman mucho, no se contagian con mucha facilidad y no se lo transmiten a otras personas, o ciertamente no es muy fácil", dijo Trump. Sin embargo, los expertos en salud dicen que la evidencia está lejos de ser clara y estudios recientes han encontrado infecciones en niños de todas las edades.

¿El regreso a clases sería riesgoso?
El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que la pandemia de COVID-19 ha causado el trastorno más grave registrado en los sistemas educativos en toda la historia y amenaza con provocar un déficit de aprendizaje que podría afectar a más de una generación de estudiantes ya que, según las estadísticas compiladas por la UNESCO, casi 1.000 millones de alumnos de más de 190 países -el 94% de la población estudiantil del mundo- se vieron afectados por el cierre de las instituciones educativas en el momento más álgido de la crisis.
El cierre de las escuelas agrava las desigualdades educativas: las familias económicamente favorecidas tienden a tener niveles más altos de educación y más recursos para llenar las brechas de aprendizaje y proporcionar actividades de enriquecimiento a los niños que no pueden asistir a la escuela. Sin embargo, tanto la UNESCO como la CDC coinciden en que el cierre de escuelas no solo afecta a la educación; también impide el suministro de servicios esenciales para los niños y las comunidades, entre otros el acceso a una alimentación equilibrada, acceso a la salud, conductual, física y social y limita la capacidad de los padres para acudir al trabajo. Asimismo, las medidas de clausura incrementan el riesgo de que las niñas y las mujeres puedan padecer violencia doméstica
Por ello, el regreso a clases este otoño representa nuevos retos para las escuelas de Nueva York, lo que les supone la implementación de medidas para mitigar en lo posible los contagios como el uso de mascarillas cubrebocas, distanciamiento social, higiene constante de manos. tareas constantes de limpieza y desinfección, etc., medidas que no podemos saber en qué proporción puedan cumplirse, ya que esto requiere de muchos recursos y sobre todo voluntades para cooperar por parte de los niños y los jóvenes.
Tomando como referencia la experiencia internacional sobre la reapertura de escuelas, podemos ver que en países como Dinamarca o Israel experimentaron un leve aumento en los casos de contagios en menores y, sin ir más lejos, el ejemplo del aumento de casos de niños contagiados en centros de cuidado infantil en Texas. De igual manera, un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades detalló un brote en un campamento de verano durante la noche en Georgia y sugirió que los niños son susceptibles al virus y pueden transmitirlo a otros. El informe encontró que 260 niños y empleados, de los 344 evaluados, contrajeron el virus menos de una semana después de pasar tiempo juntos sin usar máscaras
Por ello, sería importante que las autoridades escolares de la ciudad de Nueva York consideraran la información arrojada por la Asociación Americana de Pediatría o sobre las estadísticas de contagios en niños, tomando en cuenta el número de contagios y defunciones de adultos, jóvenes y niños, de modo que esto les ayude a considerar la apertura de las escuelas, la modalidad de trabajo a implementar y el rigor de las medidas de prevención que se deberían tomar en caso de regresar a clases de manera presencial. Dicho lo anterior, aplicando la consigna de que entre mayor sea el número de casos activos en la población, será mayor el número de contagios que podríamos esperar resulten de la apertura de las escuelas en ciertos Condados de Nueva York.

¿Por qué los latinos son los más afectados?
Con la economía duramente golpeada tras meses de confinamiento por causa del COVID-19, la tasa de desempleo en la comunidad latina radicada en Nueva York dio un gran salto, golpeando fuertemente a millones de familias por los despidos masivos. El desempleo lamentablemente no afecta a todos los sectores sociales por igual, los afroamericanos y los latinos, según reflejan algunas encuestas, son los primeros en ser despedidos.
El desempleo es un mal presagio que genera incertidumbre en la comunidad inmigrante, donde se dejó ver claramente que con esta pandemia estos trabajadores fueron importantes y esenciales. Es muy importante destacar que los padres de familia de las comunidades latinas en muchos casos no pueden quedarse en sus casas o sus trabajos no les permite realizar sus actividades desde casa, por ende, se convierten en personas vulnerables para adquirir el virus, transmitiéndolo a los menores del hogar.
Los niños latinos también tienen tasas más altas de asma, intoxicación por plomo y mercurio, trastornos del comportamiento y del desarrollo y ciertos cánceres. La exposición simultánea a múltiples contaminantes, enfermedades preexistentes, mala nutrición, viviendas deficientes, acceso limitado a la atención médica y otros factores relacionados con su nivel socioeconómico más bajo aumentan la susceptibilidad de los niños latinos a los contaminantes ambientales. Además, las carencias económicas que sufren merman las posibilidades de los niños de acceder a medios de transporte seguros y libres de contagio, u oportunidades de recibir su educación en línea ya que no se cuenta con la tecnología suficiente en casa.



























