Fernando Andrade, manteniendo viva la zapatería tradicional

Don Fernando Andrade, desde que emigró de su natal Ecuador, se ha dedicado durante cuarenta y tres años a reparar el calzado de los neoyorquinos.
Don Fernando Andrade, desde que emigró de su natal Ecuador, se ha dedicado durante cuarenta y tres años a reparar el calzado de los neoyorquinos.

Reparación de primera clase, mientras usted espera, es lo que ofrece en su taller de zapatería Don Fernando Andrade, quien lleva en el oficio más de cuatro décadas.

Lo visitamos en su zapatería localizada entre las calles 99 y 100 sobre Broadway, en Manhattan.

Don Fernando nació en Quito, Ecuador, en el histórico barrio San Roque y en 1981, cuando tenía veintisiete años, emigró a Nueva York siguiendo a su hermano menor, César Andrade, quien con éxito logró abrir su primera zapatería.

Proviene de una familia numerosa y con orgullo nos dice: “somos doce hermanos, seis varones y seis mujeres, hijos de los mismos padres, mi hermano César, quien es el quinto, llegó aquí a los diecisiete y logró triunfar, por lo cual nos motivamos, así dejé mis estudios de ingeniería en la Universidad Central, para emigrar en una época donde los inmigrantes eran bien recibidos y había la posibilidad de triunfar.”

Estamos entrevistando al representante de una dinastía en la industria, ya que los once
hermanos se han dedicado a la zapatería y solo el hermano mayor, quien vive en Miami, es fotógrafo, todas las zapaterías Andrade que se encuentran en Manhattan son de la misma familia.

Fernando Andrade en su zapatería de Broadway junto a su esposa Nilda , nacida en Manabí, Ecuador, con quien lleva cuarenta y tres años de matrimonio.
Fernando Andrade en su zapatería de Broadway junto a su esposa Nilda , nacida en Manabí, Ecuador, con quien lleva cuarenta y tres años de matrimonio.

¿Desde hace cuánto está en este barrio?

-Desde hace cuarenta y dos años, actualmente tenemos dos tiendas, esta y otra en la 105 y Broadway, donde abrimos el primer local, que estuvo durante treinta y ocho años en el 2750 de Broadway, entre las calles ciento cinco y ciento seis.

¿Cuando abrió su primer negocio cómo era el barrio?

-Cuando decidimos comprar el negocio en el Alto Manhattan a un señor colombiano, nadie de la familia nos dio el visto bueno, porque era un barrio completamente peligroso y violento, muy peligroso, eran tiempos cuando Nueva York era considerada una de las ciudades mas violentas del mundo y padecimos de esa violencia, de hecho fuimos asaltados a punta de pistola en tres ocasiones, además al iniciar también sentimos discriminación racial, a pesar de que en esa época había en este sector muchos más hispanos que anglos, ya que a pesar de que los dueños de propiedades en Riverside, -que es una zona muy cotizada y costosa-, eran blancos, esa gente no transitaba mucho por Broadway, no hacían su vivencia por esta área.

Los hispanos se han ido de esta zona, ¿por qué cree que ha ocurrido esto?

-Antes había muchísima más presencia hispana que ahora, el cambio más radical se dio a raíz del ataque de septiembre once, parecería que las personas que perdieron sus propiedades en Downtown, subieron para acá y desde entonces esta área comenzó a cotizarse demasiado.

Para dar un ejemplo, cuando nosotros llegamos a abrir el negocio comenzamos pagando mil doscientos cincuenta dólares mensuales y quien nos vendió el negocio pagaba cuatrocientos cincuenta mensuales, pero cuando dejamos esa tienda, - fue por la renta-, que estaba en nueve mil dólares mensuales y con impuestos de propiedad que pasaban los veinticincos mil dólares al año, la subida de los arriendos fue drástica y se disparó después de 9/11, sin embargo el barrio comenzó a mejorar, antes en el sector había gente hispana, por ejemplo mexicanos, que rentaban un departamento y podían vivir hasta quince personas, pero actualmente un estudio o apartamento pequeño en el área cuesta unos tres mil quinientos dólares mensuales y ya hay regulaciones para que no viva tanta gente, parece que la idea ha sido precisamente sacar a gente que no tiene poder económico para continuar manteniéndose aquí en esta área.

¿Cómo ha visto la transformación de la industria y el futuro de la zapatería?

-Parecería que la linea de la zapatería está llegando a su fin, ha habido un cambio en el tipo de consumo y la necesidad de las personas de buscar los servicios de un zapatero se ha visto afectado por el precio de los zapatos, que actualmente son muy cómodos, igualmente por la tecnología, que permite servicios por Internet, de compañías grandes que colectan los zapatos de edificios y los llevan a factorías para reparación a menos precio, realizan entrega a domicilio sin costo, incluso la venta de suplementos de artículos de zapatería se han reducido, por las ventas en linea.

Por eso quizás estos sean los últimos tiempos en que vemos zapaterías de propietarios unitarios en la ciudad, esos tiempos están pasando, sin embargo la magia que tiene este país es que hay clientela para todo tipo de servicio, hay gente que a pesar de no ser adinerada, le gusta arreglar sus zapatos, ya sea porque tiene un problema en los pies o porque sus zapatos son un recuerdo y están dispuestos a repartos, en el caso de gente pudiente, que usan zapatos costosos, están dispuestos a pagar para mantener sus zapatos.

En nuestro caso la gente nos conoce desde hace cuarenta y dos años en el barrio, nuestros clientes que eran jóvenes antes, ahora tienen hijos y nietos, que ya no viven ni siquiera en este barrio actualmente, pero es gente que envía sus zapatos de California o de Francia, o gente que se ha ido a vivir a Inglaterra, se han diversificado y si bien hay zapatos que no son costosos, de doce o quince dólares, ya no requieren nuestros servicios, pero otros zapatos que son costosos siempre llegan para mantenimiento o reparación.

Usar zapatos de cuero versus zapatos de plástico, ¿también afecta al medio ambiente?

-Yendo al asunto ecológico, me parece que muy pocas cosas están fabricadas para ayudar al medio ambiente, sin embargo en zapatería también hay zapatos deportivos muy costosos, que nos los traen no solo para repararlos, nos los traen para mantenerlos, para limpiarlos, para mantener su color original.

¿Cómo ustedes pueden ayudar en asuntos de problemas en los pies?

-Podemos ayudar cuando su zapato está apretado y le está dañando el pie, si le provoca
ampollas, porque más allá ya necesita de un ortopedista, nosotros reparamos zapatos
ortopédicos, pero no nos metemos en ese campo que es de un especialista, nosotros podemos fabricar plantillas ortopédicas cuando vienen con la prescripción de un doctor.

En los países latinos se usa mucho al zapatero, ¿cómo va su clientela latina?

-El noventa por ciento de nuestros clientes son anglosajones y afroamericanos y muy poquitos latinos, de estos los principales y tan buenos como los anglos, son los mexicanos, bien pagadores, no discuten el precio, saben estimar el trabajo que uno hace, hay una creciente comunidad mexicana que mayormente traen botas y zapatos de cuero, les gustan zapatos brillosos, bien hechos, de cuero, con suela.

Un mensaje final 

-Vivimos en una sociedad de consumo y todas las promociones van en ese sentido, que todo lo usado hay que desecharlo, pero en el calzado no es así, especialmente si lo aprecia, porque por un costo módico se lo puede arreglar, reconstruir, que quede mejor y con materiales más durables que cuando era nuevo, porque nosotros usamos materiales de la mejor calidad, usamos caucho del bueno, no goma y se hace un trabajo a conciencia, por eso hemos durado tantos años.

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