
Cuando el 80% de las personas consultadas en una encuesta de NBC News y Wall Street Journal, responden que América está fuera de control, se refleja el intento de desviar el curso del momento histórico que vivimos. A mi entender la pregunta indica el camino hacia el pasado, a que aceptemos, sin darnos cuenta, que retomen control sobre nosotros.
No, América no está fuera de control, ¡AMÉRICA ESTÁ RETOMANDO EL CONTROL!
América está tomando un giro en busca de justicia, contra el racismo, contra la desigualdad, contra un sistema que durante años ignoró a los más débiles, que miró más a Wall Street que al ser humano, un sistema que se deshumanizó y nos acostumbró al horror, al abuso, a la injusticia y al dolor.
Nos permitieron gritar de vez en cuando, cuando el dolor era insostenible, salir heridos a las calles, para luego regresarnos a lo normal, su normalidad, no la nuestra.
Toda moneda tiene dos caras. Tienen razón si cuando dicen que América perdió el control se refieren a la América de las corporaciones, del dinero, a ese 1% que se cree dueño de América y de nosotros, nosotros, para ellos, almas muertas que circulamos por América, sombras necesarias para producir riqueza.
Tienen razón si se refieren a esa América de los que dicen representarnos y que durante años guardaron silencio, que, comprados por el capital, gobernaron para él en nombre de nosotros, esa gobernanza de la cual forma parte Donald J. Trump perdió el control. Afortunadamente perdió el control.
Nuestra América, esta nueva América está retomando el control, el camino de la justicia social, de la igualdad, del respeto del ser humano.
América recuperó la pasión, ya no se trata de mojar los labios para calmar la sed de justicia, se están bebiendo los primeros sorbos de una nueva sociedad.
La América que perdió el rumbo es aquella que, con nuestro dinero, creó una fuerza policial para controlarnos, para resguardar sus bienes, “ley y orden”, tuitea el reyezuelo desde su guarida, para dominarnos, dominar es, fue, la consigna del poder.
¿Basta con reducir sus fondos?
6.000 millones es el presupuesto de la policía en la ciudad de Nueva York, 6.000, más que el presupuesto para la salud, para los sin techo, para los jóvenes y la fuerza de trabajo, el 6% del presupuesto de la ciudad y tienen la osadía de intentar hacernos creer que es por nuestro bien, que esa policía tal cual hoy existe, está ahí para protegernos, por nuestra seguridad, cuando en realidad están ahí para proteger el sistema, para alejarnos si nos acercamos a sus feudos fuera de las horas de servicio.
La violencia policial, el racismo que como un cáncer fue expandiéndose en el cuerpo policial, el odio que aflora en aquellos que siendo de abajo tienen que reprimir a los de abajo, es reflejo fiel de nuestra sociedad, aquella que perdió el rumbo.
Hay que quitarles los fondos, dicen algunos, y con rapidez y oportunismo algunos políticos dicen de inmediato, sí, recortaremos su presupuesto y lo recortado lo destinaremos al bienestar social. ¡Limosnas!, una vez más limosnas para retomar el control.
Pero en el fondo nada cambia, es cambiar sin cambiar, es retomar el control de esa América desbocada, regresarla a su cauce “normal”, a la tranquilidad que permitirá escuchar el sonido del silencio en el Central Park, el regreso de los violines de su América sonando en esa vieja cacofonía que sigue la partitura de Wall Street, y no los gritos estridentes de jóvenes venidos del otro lado de la ciudad a protestar.
La América que recupera el rumbo, exige, hay que transformar la policía, hay que lograr su control por organismos independientes, un organismo en cada municipio, en cada estado, conformado por representantes del movimiento social, por ejemplo, un representante de Black Lives Matter, un representante de la comunidad hispana, un representante de organismos de derechos humanos, uno del gobierno de la ciudad y un especialista en salud mental para ayudar a sanar las mentes enfermas.
Hay que lograr erradicar la violencia, la cultura corporativa de la policía, hay que investigar cada denuncia de abuso de poder, hay que castigar cada abuso de poder, hay que suspender de inmediato al abusador y llevarlo a juicio, hay que sacar las manzanas podridas. Nadie que avale una conducta racista puede seguir en sus filas, hay que controlar su presupuesto, hay que volver a su razón de ser, proteger al ser humano, no la propiedad privada.
Pero con transformar la policía no basta, tenemos que impedir que los de siempre retomen el control, queremos cambiar, no queremos vuelta atrás, a esa falsa calma que es nuestra muerte.



























