El Macchu Picchu en Nueva York, construido con colores vivos por Jaime Obando

El maestro Jaime Obando frente a su obra, el monumental Macchu Picchu, símbolo mundial de la cultura inca.
El maestro Jaime Obando frente a su obra, el monumental Macchu Picchu, símbolo mundial de la cultura inca.

“En mi lenguaje a nivel de color, tengo una raíz impresionista, los tonos vivos son mis predilectos, porque crean una armonía que produce un bienestar visual, la armonía de la naturaleza, para deleitase en ella, en sus gamas de colores.”

-Jaime Obando

Jaime Obando con otras dos obras suyas, un paisaje andino y una pintura del Brooklyn Bridge, que son parte de la colección pictórica de The Inkan.
Jaime Obando con otras dos obras suyas, un paisaje andino y una pintura del Brooklyn Bridge, que son parte de la colección pictórica de The Inkan.

 

IMPACTO LATINO

La Ciudad Blanca de San Miguel de Ibarra vio nacer a Jaime Obando en 1952, con una vocación innata por la pintura, que floreció desde la infancia, desde que tenía seis años.

Estudió artes en el Liceo Daniel Reyes en San Antonio de Ibarra y en la Universidad Central de Quito, además estudió tres años de Semiótica en la Universidad Javeriana de Bogotá. Profesionalmente inició como retratista a los quince años y ha llegado a retratar a varios presidentes americanos como Rafael Caldera de Venezuela, Patricio Alwin de Chile, de Ecuador a Abdalá Bucaram, Sixto Duran Ballén y Rodrigo Borja, de Estados Unidos a Bill Clinton y a celebridades del espectáculo como la exuberante colombiana Sofía Vergara.

Desde 1973 inició su peregrinaje artístico que lo ha llevado a Colombia Venezuela, Chile, España, Francia, Estados Unidos y desde el 2004 radica en Santo Domingo, República Dominicana, en donde ha tenido una formidable acogida en el mundo cultural con varias exhibiciones individuales en las más prestigiosas organizaciones culturales como Funglode, Casas Reales, Quinta Dominica, etc.

Hace poco terminó un mural muy especial, nada más que del mundialmente famoso Macchu Picchu, el cual construyó con su pincel en el patio del restaurante The Inkan, ubicado en Long Island City, en donde se promueve la cultura de Perú y Latinoamérica a través de la cocina y el arte pictórico.

En esta panoramica del elegante patio del restaurante The Inkan en Long Island, se aprecia otro de los trabajos del maestro Obando.
En esta panoramica del elegante patio del restaurante The Inkan en Long Island, se aprecia otro de los trabajos del maestro Obando.

 

MACCHU PICCHU COLORIDO

El Macchu Picchu de Jaime Obando demoró en construirse un promedio de dos semanas y para ello utilizó acrílico, porque como explica, es una pintura que permite desarrollar una mayor gama de colores y en ese sentido le supera al óleo, porque es más versátil y el más apropiado para este tipo de trabajo que requería una pintura luminosa. Hay acrílicos y barnices de buena calidad, estos últimos son los que a través de capas protectoras permitirán admirar a este Macchu Picchu por lo menos unos diez años.

¿Cuál fue la principal motivación para pintar al Macchu Picchu?

-Su atmósfera, su grandiosidad y misterio, ese fenómeno telúrico que posee, con su neblina y su gente que representan el valor, el carácter de los nativos de nuestros Andes Sudamericanos, la magia que simboliza el Macchu Picchu además de ser una maravilla de ingeniería arquitectónica, como ícono mundial de una de las más grandes civilizaciones del continente, está cargado de contenidos mágicos y místicos de lo que fue la cultura incaica, porque no hay símbolos de la cultura occidental o cristiana en él, si no una creación totalmente indigenista, andina, de adoración al Sol, que era la divinidad principal y su relación con la Pachamama. Obviamente tiene una motivación decorativa, que a su vez reafirma el nombre del restaurante, que representa la cultura incaica de gran expansión y presencia al sur de nuestro continente, abarcando varios de los actuales países andinos. En este caso el símbolo mundial de Perú es el Macchu Picchu y para un pintor es un desafío pintarlo, porque simboliza una suerte de ciudad gótica natural.

¿Cómo se siente de haber pintado el símbolo nacional de todo un país?

-Muy contento, porque como andinoamericano me identifico totalmente con los contenidos de este monumento. Siento que he reafirmado mis raíces andinas y el hecho de que he venido en una etapa tardía de mi vida a esta Nueva York, lo cual no me ha producido una alienación cultural como usualmente sucede con generaciones jóvenes, sino que he reafirmado más mi esencia, mi identidad.

¿Cuán importante es presentar nuestras culturas en Nueva York a través del arte?

-Es muy importante para afirmar nuestra personalidad, nuestro carácter como latinoamericanos en este caleidoscopio de culturas y de esta manera afirmar nuestra propia identidad, porque el arte nos permite expresar esa importancia de promocionar a una de las maravillas del mundo moderno y con ello impulsar el turismo hacia nuestros países, el conocimiento de nuestra cultura multi-étnica, variada, rica, que no se limita a México y el Caribe. Yo mismo, ahora más que nunca antes, me siento muy motivado a sumergirme y aprender más sobre la cultural peruana.

¿Cuáles son los próximos proyectos profesionales?

-Exponer en mi tierra natal Ecuador, de donde me he alejado durante los últimos diecisiete años, pero a donde retornaré con una visión más amplia sobre esta aldea que es el planeta. Nueva York me ha influenciado a ser más abierto a otras culturas, a asimilar lo bueno que venga de donde sea y desechar lo malo, también de donde sea.

Un mensaje final

-La cultura es algo universal, una persona culta es la que supera las barreras, la cultura nos enseña no solo a respetar, a apreciar, a valorar,  a amar otras expresiones culturales, que no es lo mismo que ser educado, ser culto supera el ser educado, educarse es algo que se aprende en el seno de la familia y en las aulas, pero culto es el que se enfrenta al mundo y aprende a respetarlo, a ser parte de él.

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