EDITORIAL
Con el ataque terrorista de 2001 en Nueva York, septiembre 11 para los latinoamericanos como parte estructural de la sociedad y sistema productivo estadounidenses, tiene sin duda un significado especial.
Sin embargo, esta fecha fatídica para América Latina tiene un significado doblemente trágico por golpe militar chileno de 1973, que ha tenido y tiene partidarios y detractores, pero que no deja de ser, -las pruebas que continúan apareciendo lo confirman-, el capítulo más doloroso de la historia moderna del país andinoamericano.
La conmemoración del quincuagésimo aniversario del golpe militar en Chile, que inició en ese país una etapa marcada por terribles violaciones a los Derechos Humanos y la ruptura del sistema democrático, es y debe asimilarse como un referente de las nuevas trágicas realidades que continúan doblegando a Latinoamérica.
Las dictaduras en América Latina iniciaron tempranamente, sin embargo en el siglo XX florecieron en casi una veintena de países, provocando muerte, represión, inseguridad, destierros y migraciones forzadas hacia el exilio. ¿Ha cambiado la historia?
La dictadura a pesar de que en esencia es un sistema bien definido, ha mutado en su apariencia y se ha camuflado, pero sigue tan vigente como en el siglo pasado. Para comprenderla y combatirla, es necesario estar conscientes de su capacidad de transformación y de las nuevas formas que adopta.
Tradicionalmente instauradas como una forma violenta y repentina mediante un golpe de Estado o prolongada como una guerra, actualmente las dictaduras latinoamericanas se establecen de forma no violenta, a través de unas elecciones tras las cuales se desmantela el sistema democrático, primeramente con cambios constitucionales que garantizan el monopolio y supremacía de los nuevos dictadores.
Por surgir de la ruptura del sistema democrático, actualmente las dictaduras militares no tienen aceptación internacional, por lo que se ha desarrollado un nuevo sistema para captar y mantener el poder, conocido como Socialismo del siglo XXI.
A las nuevas dictaduras se las puede identificar porque terminan estableciendo mecanismos de control, disfrazados obviamente de legalidad electoral, pero desarrollan las mismas características: violación a las libertades civiles y Derechos Humanos, represión, abusos de poder, control mediático y crímenes de lesa humanidad, cuyo fin siempre acaba siendo perpetuar en el poder al régimen y sus allegados.
En este nuevo sistema dictatorial, más sofisticado en su presentación está igualmente sustentado en la violencia sembrada por nuevos aliados, que ya no son los líderes ideológicos del mundo, si no el crimen internacional organizado liderado por los cárteles de la droga, que alimentan los malévolos negocios del sicariato, producción de armas, tráfico humano, minería ilegal, secuestros, extorsiones, etc., etc.
El fin de la Guerra Fría imposibilitó a las dictaduras militares utilizar el pretexto de la amenaza del comunismo como justificación de su existencia, pero el crecimiento de las diferencias socioeconómicas, que han provocado el incremento porcentual de grupos en condiciones de desventaja, continúa alimentando el caldo de cultivo del populismo, que utilizando un discurso de justicia social e igualdad, ha logrado secuestrar el poder político para nuevas dictaduras civiles.
Después del acceso al poder político, -en el presente siglo-, las nuevas dictaduras civiles de América Latina utilizan el disfraz de la democracia para mantener el poder político y operar libremente.
Ese disfraz democrático se ha establecido fundamentalmente mediante sistemas electorales corruptos y manipulados, que conceden el triunfo a los dictadores mediante sofisticados mecanismos de fraude, bien establecidos, que son parte de un proceso, iniciado con cambios constitucionales para dotar, legal y democráticamente, las vías para que los nuevos dictadores civiles ejerzan el control sobre todos los poderes del estado y además facilite su infiltración en los medios de comunicación y otros estamentos de la sociedad latinoamericana, incluyendo los religiosos, deportivos, culturales y hasta la industria del espectáculo.
Las nuevas dictaduras civiles del siglo XXI no necesitan tanques militares para deshacerse de los contendientes políticos. Han estructurado una red internacional dirigida por experimentados asesores, instalados en diferentes países, -muchos por encontrarse huyendo de la justicia-, que reclutan y entrenan a las redes del fraude electoral, que incluyen a observadores electorales internacionales, empleados de representaciones diplomáticas, influencers y un ejército de medios digitales que constituyen su clientelazgo.
Las nuevas dictaduras civiles poseen redes de comunicación con nuevas tecnologías, que facilitan su organización y sirven también para vigilar, perseguir desprestigiar y minimizar la voz de contendientes u opositores, con nuevos mecanismos como el espionaje cibernético y el linchamiento mediático.
Como en el siglo pasado, los dictadores continúan usando el poder para enriquecerse, apoyados actualmente por el crimen internacional organizado, promoviendo una fusión de mafias, políticas y de las drogas, que opera a través del terror, la violencia, asesinato y la explotación de los más indefensos, incluyendo a los migrantes, niños, mujeres, animales y medio ambiente.
La justicia a los violadores de los Derechos Humanos, a los asesinos, torturadores, sicarios de Estado, espías, delatores, ha llegado muy lentamente a Chile y demás países. La impunidad continúa protegiendo a cientos. Muchos autores de crímenes de lesa humanidad han muerto en el extranjero sin pagar sus culpas y el dinero mal habido no ha sido devuelto.
América Latina continúa siendo un botín apetecible por sus recursos naturales, codiciados también por China, que lidera una nueva guerra donde además se usan nuevas armas, biológicas, cibernéticas, de espionaje y terrorismo tecnológico.
Septiembre 11 para los latinoamericanos es una fecha importante, para comprender e identificar las causas profundas de sus crisis actuales, pero fundamentalmente a través de esta comprensión-evaluación, para desarrollar razonamientos prácticos que le permitan establecer mecanismos eficaces para luchar y erradicar la corrupción y la impunidad, que continúan siendo los principales causantes de su pobreza y desdicha.
50 Años del golpe militar chileno: una conmemoración para reflexionar


























