En la historia continental, desde mediados y segunda mitad del siglo XX, las dictaduras militares marcaron el destino de la mayoría de países latinoamericanos.

La conmemoración de los cincuenta años del Golpe Militar en Chile, permite reflexionar sobre la importancia de continuar fortaleciendo los valores democráticos, los Derechos Humanos y libertades civiles en América.

El objetivo de esta nota es describir en forma sucinta los hechos de esta fatídica fecha, lo más apegados a la evidencia histórica, considerando la importancia, -particularmente para las nuevas generaciones de latinos en Estados Unidos-, de promover el conocimiento de los hitos históricos de las naciones de origen, que son parte las raíces de la identidad como comunidad latinoamericana.

En esta gráfica de 1971 se aprecia al presidente Salvador Allende y junto a él a la derecha, su edecán Arturo Araya Peeters, el cual fue asesinado en julio de 1973.
En esta gráfica de 1971 se aprecia al presidente Salvador Allende y junto a él a la derecha, su edecán Arturo Araya Peeters, el cual fue asesinado en julio de 1973.

Como lo demostró una vez más el Covid-19 en el 2020, el planeta y las naciones que lo habitan, están interconectadas, igualmente ocurrió con las guerras mundiales. Al culminar la Segunda Guerra Mundial en 1945, quedaron confrontados dos sistemas liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, dando paso a la Guerra Fría, que forzó a las naciones del mundo a alinearse a uno de los dos bandos. América Latina no fue la excepción.

Enfrentados el modelo capitalista y el comunista, luchaban por lograr aliados y alinear países, por otro lado, las potencias en pugna continuaban desplegando su permanente búsqueda de recursos naturales y los productores de armamento necesitaban clientes, estos dos últimos factores no han cambiado. Se intensificaron los conflictos y en América Latina florecieron regímenes dictatoriales, mayoritariamente militares, en diecisiete países.

El enfrentamiento ideológico, fue el justificativo para la instauración de una serie de gobiernos represivos que, -como demuestra la evidencia histórica-, cometieron terribles violaciones a los Derechos Humanos, incluyendo secuestros, asesinatos, persecuciones, torturas, exilios, saqueos, que terminaron por destruir el sistema democrático latinoamericano.

El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile, fue uno de los últimos hechos que establecieron una dictadura militar en un país latinoamericano, sin embargo a medio siglo de su conmemoración, continúa provocando controversia, en parte debido a la nueva realidad política latinoamericana.

El golpe de Estado ocurrido en Chile, lo realizaron conjuntamente las Fuerzas Militares de ese país, conformadas por el Ejército, la Armada (Marina), la Fuerza Aérea y el Cuerpo de Carabineros, equivalente a la Policía Nacional. El objetivo fue terminar con el gobierno del presidente Salvador Allende, democráticamente electo y abiertamente socialista, que ganó en 1970 con el partido Unidad Popular, una coalición de grupos políticos de izquierda.

El peligro de un derrocamiento al gobierno marxista, -como documenta la historia-, estuvo presente desde la candidatura de Allende, que una vez en el poder enfrentó varios ataques, entre ellos el asesinato del general René Schneider y el llamado Tanquetazo del 29 de junio de 1973.

En las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende quedó en primer lugar con el 36.63 por ciento de los votos y el expresidente Jorge Alessandri, obtuvo la segunda mayoría con el 35.29 por ciento, pero ningún candidato logró la mayoría absoluta en la votación. Por ello el 24 de octubre de 1970 el Congreso Pleno debía determinar quién sería el presidente.

Los opositores de Allende planearon el secuestro del Gral. René Schneider para evitar que sesione el Congreso Pleno y provocar la intervención militar. El 19 de octubre de 1970 hubo un primer intento de secuestro a Schneider que falló, finalmente el 22 de octubre los secuestradores le dispararon y tres días después el general murió y con él la Doctrina Schneider, un principio de respeto al orden constitucional y a la voluntad ciudadana, de no intervención política por parte de los militares. Fue ese principio el que permitió la elección de Allende como presidente y era un obstáculo ideológico para ejecutar un golpe.

Salvador Allende fue el primer político de orientación marxista en llegar al poder mediante elecciones democráticas. Cuando asumió funciones, Chile ya estaba convulsionada, el triunfo de un gobierno radicalmente reformista dividió a la sociedad chilena, enfrentada además a una crisis económica. La propuesta de Allende y de Unidad Popular, era transformar a Chile en un régimen socialista propio, por medios pacíficos y democráticos, proponiendo cambios nunca antes vistos, entre ellos la Reforma Agraria y la nacionalización del cobre. Hay argumentos de que tuvo influencia y ayuda de la Unión Soviética. Archivos desclasificados posteriormente involucran el apoyo de los servicios de inteligencia estadounidenses a los militares golpistas y el respaldo de Estados Unidos a los opositores de Allende.

La violencia, desatada por grupos radicales provocó un clima de confrontación, que se fue expandiendo a todos los ámbitos, con enfrentamientos callejeros entre extremistas de izquierda y derecha, que provocaron varias muertes, heridos y detenidos. Además se asesinó a personajes notables, el 8 de junio de 1971 fue asesinado Edmundo Perez Zujovic, ex ministro del interior.

EL TANQUETAZO

En 1973 se intensificó una campaña de atentados con bombas a sedes de partidos políticos de izquierda y radioemisoras, torres de alta tensión, oleoductos e incluso representaciones diplomáticas. El 14 de mayo de 1973 los militares allanaron varios locales donde encontraron armamento y explosivos. Incluso hubo llamamientos a una guerra civil.

El golpe militar del 9/11 de 1973 fue el inicio de una etapa de censura y terror, en la cual ni las publicaciones sobrevivieron al exterminio. En la gráfica soldados incineran libros censurados por el régimen dictatorial. Foto cortesía de Gustavo Gac-Artigas.
El golpe militar del 9/11 de 1973 fue el inicio de una etapa de censura y terror, en la cual ni las publicaciones sobrevivieron al exterminio. En la gráfica soldados incineran libros censurados por el régimen dictatorial. Foto cortesía de Gustavo Gac-Artigas.

El 29 de junio de 1973 ocurrió el Tanquetazo, un fallido intento de golpe de Estado contra Allende, que dejó veintidós muertos civiles y militares, permitió la participación directa de los militares. El golpe develó la organización del sistema de respaldo popular de Allende. El Gral. Carlos Prats, comandante del ejército leal a Allende, comandaba la guarnición de Santiago y el comando de Institutos Militares con los generales Sepúlveda y Pickering que vencieron a los golpistas. El 21 de agosto se realizaron protestas contra el Gral. Prats, quien renunció junto a Sepúlveda y Pickering. Le sucedió en el cargo el Gral. Augusto Pinochet.

En julio de 1973 opositores del gobierno asesinaron al comandante de Marina Arturo Araya Preeters, edecán naval de Allende. Posteriormente todos los conspiradores del crimen fueron indultados por la dictadura militar de Pinochet, incluyendo el presunto autor de los disparos, Guillermo Claverie.

Una fotografía del intento golpista del 29 de junio de 1973 conocido como Tanquetazo,- por el uso de tanques de guerra-, en el cual se aprecia a efectivos del ejército chileno disparando a la afueras del Palacio de la Moneda.
Una fotografía del intento golpista del 29 de junio de 1973 conocido como Tanquetazo,- por el uso de tanques de guerra-, en el cual se aprecia a efectivos del ejército chileno disparando a la afueras del Palacio de la Moneda.

El 22 de agosto el Congreso declaró un grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República y la Cámara de Diputados, -con mayoría de oposición-, aprobó un texto acusando de la crisis a la negativa del ejecutivo a promulgar una reforma constitucional. Estaba en marcha un golpe de Estado. Grupos al interior de la marina chilena planearon derrocar al gobierno y a ellos se adhirieron altos mandos de la Fuerza Aérea, grupos de los Carabineros y finalmente el ejército, liderado por Pinochet.

GOLPE CHILENO DE 1973

La madrugada del 11 de septiembre los militares tomaron primero Valparaíso. A las 7:20 Allende llegó al Palacio de La Moneda, recinto del poder ejecutivo chileno, que alrededor del mediodía fue atacado por aire y tierra, en una operación militar impresionante, coordinada a nivel nacional, en el cual las Fuerzas Armadas de Chile controlaron diferentes partes del país, para exigir la renuncia del presidente.

Las Fuerzas Armadas tenía 24.000 efectivos en el ejército, agrupados en seis regimientos de caballería, dieciséis de infantería y uno de artillería; 8.500 en la fuerza aérea para operar cuarenta y cinco aviones de combate, noventa de transporte y treinta helicópteros; 15.000 en la armada con tres cruceros, cuatro destructores y dos submarinos y 25.000 carabineros con armamento de infantería.

Una histórica fotografía del palacio de La Moneda, sede del poder ejecutivo en Chile, ardiendo en llamas por el bombardeo militar del 11 de septiembre de 1973, cuando fue derrocado el presidente Salvador Allende. Cortesía de Gustavo Gac-Artigas.
Una histórica fotografía del palacio de La Moneda, sede del poder ejecutivo en Chile, ardiendo en llamas por el bombardeo militar del 11 de septiembre de 1973, cuando fue derrocado el presidente Salvador Allende. Cortesía de Gustavo Gac-Artigas.

Pinochet llegó al comando de telecomunicaciones al sur de Santiago para organizar las redes de comunicaciones entre ramas de las Fuerzas Armadas y coordinar el golpe. Allende emitió un primer mensaje a la nación advirtiendo de la sublevación de un sector de la Marina e hizo un llamado a la prudencia. Se quedó en La Moneda, junto a aproximadamente treinta funcionarios.

Se emitió la primera proclamación militar por radio a las 8:42, solicitando la entrega inmediata del poder por parte de Allende a la Junta Militar, conformada por los comandantes de las diferentes ramas. A las 11:00 en cadena nacional por radio, los militares leyeron la proclama del golpe indicando que, dada la gravísima crisis económica, social y moral; la incapacidad del gobierno; el incremento de grupos armados paramilitares que provocarán una inevitable guerra civil, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile declaran que el presidente debe entregar el cargo, que los militares están unidos “para liberar a la Patria del yugo marxista”, restaurar el orden e institucionalidad. Y se da el ultimátum de que, si La Moneda no es desalojada antes de las 11, será atacada por tierra y aire.

Desde las 9:55 los tanques se ubican frente a La Moneda, hay balaceras. A las 10:30 inicia el bombardeo por tierra y cerca del mediodía por aire, con cohetes, causando graves daños a la edificación que ardía en medio de las llamas. Simultáneamente dos aviones bombardearon la residencia presidencial donde estaba la esposa del presidente Allende. En el 2011 investigaciones periodisticas revelaron los nombres de los oficiales que realizaron los bombardeos.

A las 2:30 soldados derribaron la puerta de La Moneda y al ser informado, Allende dispuso la rendición y pidió a sus acompañantes bajar primero, entonces se quitó la vida con un disparo que le destruyó el cráneo.

El 11 de septiembre de 1973 la Junta Suprema de Gobierno, integrada por los cuatro Jefes de las Fuerzas Armadas liderados por Augusto Pinochet, comandante en jefe del Ejército, asumió el mando de Chile. Así inició una dictadura militar que duró dieciséis años y medio.

COMENZÓ EL TERROR

Desde la instalación de la Junta Militar, se ejecutaron prácticas represivas y antidemocráticas, como la disolución del Congreso Nacional y violaciones a los Derechos Humanos incluyendo persecuciones, encarcelamientos y asesinatos por ideología, limitaciones a las libertades de expresión y prensa, supresión de partidos políticos, destrucción de publicaciones, medios de comunicación fueron allanados. etc., etc.

Portada del diario La Tercera, publicado dos días después del golpe militar, el 13 de septiembre de 1973.
Portada del diario La Tercera, publicado dos días después del golpe militar, el 13 de septiembre de 1973.

La dictadura desató, -como lo documentó la prensa local de la época- “una gigantesca operación de limpieza de extremistas” e instó a delatar y denunciar a líderes y adherentes al gobierno de Allende, que fueron considerados traidores a la Patria. Fueron detenidos y ejecutados activistas del partido Unidad Popular, dirigentes de la Reforma Agraria. Partidarios de Allende destruyeron cualquier vínculo que los delatara. Fueron suspendidos, se declararon ilegales y prohibidos los partidos de izquierda. Miles de personas fueron apresadas y encerradas en estadios donde se realizaron ejecuciones colectivas.

Los militares allanaron aulas, centros culturales, fábricas donde apresaron, torturaron y ejecutaron a decenas de estudiantes, sindicalistas, activistas, artistas, campesinos y pobladores. Testimonios de la época narran que, durante la semana siguiente al golpe militar, se escucharon día y noche disparos de ametralladoras en diferentes partes de Santiago.

La identidad de varias víctimas ejecutadas por la dictadura fue descubierta décadas después, incluyendo la de los asesores de Salvador Allende que le acompañaron el 11 de septiembre en La Moneda, los cuales en el 2010 fueron encontrados en un campo militar. En total se han identificado los restos de trescientas siete víctimas y faltan encontrar los restos de otras mil ciento sesenta y dos.

De acuerdo a datos de la comisión oficial que recopiló testimonios de víctimas y familiares, la dictadura militar chilena dejó más de cuarenta mil víctimas, entre detenidos, desaparecidos, prisioneros políticos, torturados y ejecutados.

Impacto Latino invitó a varios miembros de la comunidad chilena de Nueva York a responder sobre: ¿Cuál es su reflexión sobre la enseñanza que dejó el 11 de septiembre de 1973 a la humanidad? y la única respuesta fue la del artista Guido Garaycochea, quien vivió y contrajo nupcias en Chile. Actualmente es director del proyecto de Nuevos Neworquinos del Museo de Queens.

Guido Garaycochea
Guido Garaycochea

“La violencia y la erosión de la democracia no pueden ser justificadas bajo ninguna circunstancia. Es esencial proteger y fortalecer la democracia, aprendiendo de los errores del pasado. En un mundo cada vez más polarizado, debemos recordar la importancia de la verdad y evitar que caiga en desuso.” -Guido Garaycochea

El 11 de septiembre chileno y las nuevas dictaduras latinoamericanas

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