
Estamos a días de celebrar las elecciones más importantes en la historia de los Estados Unidos. A lo largo de su historia este país se ha caracterizado por fortalecer su democracia, sus políticas en favor de las comunidades inmigrantes y su estrategia en política exterior, lo que en definitiva ha formado parte de su desarrollo.
DONALD TRUMP UN ENEMIGO DE LA DEMOCRACIA Y LOS INMIGRANTES
El desarrollo es propio de la democracia, que desde su independencia ha mantenido este país. Un desarrollo que viene de la mano de las comunidades inmigrantes.
Según datos de Naciones Unidas, los inmigrantes con mayor población en el país son de origen latino, especialmente provenientes de México, a los que Donald Trump llamó “violadores y criminales” en 2015 cuando anunció su candidatura a la presidencia.
En este 2020, los estadounidenses están divididos a causa de las acciones y actitudes de Donald Trump, ya sea, contra las comunidades latina, afroamericana o inmigrante principalmente. Esta administración ha dado lugar a ejemplos de cómo el sistema político está fallando.
Un personaje tan polarizante como Donald Trump, no podría continuar 4 años más
en el poder, no se permitiría a los ciudadanos estadounidenses sanar heridas emocionales, psicológicas y sociales, sino más bien, seguir en el mismo camino
de la división, la incertidumbre y la inestabilidad.
Desde 1980, ningún presidente de los Estados Unidos ha sido tan despectivo con
los inmigrantes y la comunidad latina, como lo ha sido Donald Trump.
Es decir, el problema en estas elecciones no radica en los republicanos, sino en la figura del actual presidente.
El 40º presidente republicano Ronald Reagan en la proclamación sobre la extensión a una semana a un mes la celebración de La Herencia Hispana llamó a los hispanos “conciudadanos” y “que todos los americanos deben estar orgullosos”.
George H. W Bush, como 41º presidente republicano dijo: “tendré muchas razones
para ayudar a los hispanos en todas partes, porque no solo estaría respondiendo
a mis nietos, yo le estaría respondiendo a la historia”.
Por su parte el 42º presidente demócrata Bill Clinton, resaltó su orgullo por haber
logrado nombrar más hispanos para cortes federales que cualquier otra administración en la historia”.
Cuando George W. Bush, se convirtió en el 43º presidente del país por los republicanos, mientras se encontraba en campaña tomó de ejemplo el esfuerzo y la resiliencia que nos caracteriza, diciendo que “todos debemos aprender de la fuerza, la solidaridad y los valores de los latinos”.
Durante la administración del 44º presidente demócrata Barack Obama, enalteció
el trabajo y la importancia que los latinos representan y de “como han hecho grande este país”, eso se hace “no construyendo muros, sino derribando barreras para mejores oportunidades”.
Donald Trump, es el 45º presidente republicano y en toda su administración, ha
denigrado a la comunidad latina e inmigrante.
En lugar de respetarlos, se ha encargado de insultarlos, incluso nos ha dicho que “no somos personas, somos animales”.
Los presidentes anteriores han venido incluyendo a la comunidad latina en los
procesos sociales, culturales y políticos del país, mientras que el presidente Trump
ha reafirmado que “son una invasión”. De esa manera no se hace “más grande a
América”, como según él desea, porque considera a nuestra comunidad como
“ciudadanos de segunda clase”.
En esta oportunidad como comunidad latina, más que sensacionalistas, debemos
ser reflexivos. Vivimos en Estados Unidos, el faro de la libertad, la democracia y
las oportunidades.
La importancia de los inmigrantes en este país es tan vital como su prosperidad, son una de las fuentes económicas más importantes, renuevan su fuerza laboral, lo que enriquece a la nación de manera continua.
Los latinos en Estados Unidos dan vida a sus sueños, crean su futuro bajo una
mirada del porvenir. Los que llegaron, los recién llegados y los que están por llegar
a la tierra de las oportunidades, son los que mantienen al país con una vital
energía, y emergen de ellos nuevas ideas para el futuro de la nación.
El presidente pretende construir muros, expulsar a los inmigrantes, separar a
niños de sus padres, etc. Si la nación más importante del mundo continúa bajo esa misma retórica al mando de Donald Trump, el liderazgo que ha construido Estados
Unidos muy pronto estará perdido.
¿QUÉ HA HECHO DONALD TRUMP POR LOS LATINOS?
El voto latino nos evoca a derribar el muro de las desigualdades y la discriminación creando puentes con nuestros orígenes para que continuemos cosechando éxitos que demuestran nuestros valores, e ir cada día dejando un legado.
Las políticas de Donald Trump contra a comunidad latina han sido muy severas, ha realizado expulsiones masivas a los solicitantes de asilo en la frontera, ha separado miles de familias bajo la política de “Tolerancia Cero” desde 2018, separando a 2.800 familias, infligiendo deliberadamente el sufrimiento extremo en los refugios.
Recientemente la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, realizaron una presentación donde necesitan localizar a los familiares de 545 niños que fueron separados de sus padres.
Lamentablemente alrededor de dos tercios de esos padres ya fueron deportados a Centroamérica sin sus hijos.
Bajo la administración Trump reposa su negativa de acatar la decisión de la Suprema Corte de revertir la suspensión del programa DACA.
Existen alrededor de 650 mil personas inscritas en el DACA, las cuales podrían perder sus permisos de trabajo y residencia si el presidente elimina el programa.
El pasado 21 de julio el presidente firmó un Memorándum donde pretende excluir
a los inmigrantes indocumentados del Censo 2020, una vez que se asignan los
distritos en la Cámara de Representantes de la nación.
Revirtiendo la política de muchos años, de contar a todos por igual, independientemente de su ciudadanía o estatus legal.
En 2017 Trump intentó derogar la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio creada por el expresidente Barack Obama, beneficiando a millones de latinos.
En la actualidad pretende nuevamente eliminarla llevando este caso a la Corte Suprema
y con la nominación de la jueza Amy Coney Barrett, lo podría lograr.
La salud de los latinos está en riesgo, si la administración de Donald Trump tiene éxito en el vuelco de esta Ley.
El presidente escribió en su cuenta de Twitter “No le tengas miedo al Covid. No
dejes que domine tu vida”. Es irónico pensar que haya dicho eso, cuando en su administración han fallecido más de 210.000 personas a causa del COVID-19, en su mayoría latinas.
En la ciudad de Nueva York entre marzo y julio de este año, 4200 niños perdieron a uno de sus padres a causa del COVID-19, según un informe publicado por United Hospital Fund. Empujando a 325.000 niños hacia la pobreza, debido a que los padres eran el pilar económico del hogar.
Los trabajadores inmigrantes, esencialmente latinos de la ciudad de Nueva York, han resistido los impactos de una crisis sanitaria y económica de una magnitud sin precedentes.
La retórica de Trump, en estos tiempos de crisis sanitaria se ha vuelto confrontativa en una realidad paralela enmarcada en un surrealismo mágico con miles de fallecidos, miles de contagiados y millones de desempleados al borde de la desesperación por la mala situación económica que están experimentando los latinos.
LOS DESACIERTOS DEL PRESIDENTE TRUMP EN POLÍTICA EXTERIOR
En asuntos internacionales, pocos logros pueden adjudicársele a Donald Trump, a
pesar de haber afirmado que, de ganar la reelección, en menos de un mes logrará
un acuerdo con Irán para impedir que Teherán se haga con armamento nuclear, lo
cierto es que, tras cuatro años de una estrategia de máxima presión a través de
sanciones de Washington, Irán no está más lejos de lograr el desarrollo de armas
nucleares.
La expectativa de “doblar el brazo” a Teherán con una política que cierra las vías
diplomáticas cada vez más, está vulnerando la seguridad nacional de Estados
Unidos, con un régimen ciertamente golpeado por el impacto económico negativo
de las extensivas sanciones, pero más asertivo con el desarrollo de su programa
nuclear y una política de influencia desestabilizadora en todo el mundo árabe, la
estrategia de la administración Trump ha fracasado rotundamente.
Luego de retirar a Estados Unidos del Plan Conjunto Exhaustivo de Acción, o
Acuerdo sobre Irán, el 8 de mayo de 2018, las relaciones con el régimen de los
ayatolas han llegado a mínimos históricos.
Sin embargo, esto no equivale a decir que el acuerdo previamente existente era
una solución suficientemente satisfactoria para calmar las ansiedades que el
programa iraní de tecnología nuclear ha suscitado desde sus inicios.
Pero era mejor que la situación actual, con mínima comunicación diplomática y con medidas y contramedidas frecuentemente violentas.
Otro campo infértil de la política exterior de la administración Trump se encuentra
en su estrategia para Corea del Norte.
Luego de lo que parecía ser un logro diplomático sin precedentes, Pyongyang regresó a sus usuales amenazas públicas a los pocos meses.
El 12 de junio de 2018, en Singapur, Kim Jong Un y Donald Trump se reunieron y
emitieron un pronunciamiento conjunto en el que se contemplaba una nueva era
de relaciones pacíficas y cordiales entre Washington y Pyongyang, así como
garantías de seguridad para el régimen autocrático, la desnuclearización de la
península coreana, y la normalización de las relaciones entre Seúl y Pyongyang.
A pesar de que la inédita Cumbre de Singapur parecía augurar un masivo logro
diplomático para el presidente Trump, Corea del Norte reanudó, e incluso,
recrudeció sus amenazas contra la comunidad internacional.
Ahora, Corea del Norte no solo amenaza la paz y seguridad internacional con su arsenal nuclear, sino que tiene Misiles Balísticos Intercontinentales.
Es decir, la situación en la península coreana es peor que nunca.
En su momento, Trump usó el encuentro con Kim Jong Un como un ardid
mediático, pero al parecer su administración no se enfocó demasiado en la
creación de un mecanismo vinculante que asegurara el cumplimiento de los
compromisos bilaterales consignados en la Cumbre de Singapur.
Sobre China, la política exterior de la administración Trump continuó su característico alejamiento de cualquier forma de entendimiento diplomático, mermando las capacidades de poder suave de la nación más poderosa del mundo.
Durante su término, Trump cambió lo que consideró una estrategia inefectiva para
llamar la atención de Beijing hacia las demandas de Washington.
Esencialmente el objetivo estratégico hacia China no ha cambiado, en tanto busca que este se convierta en un competidor internacional más responsable y transparente.
La administración Trump desencadenó una guerra de tarifas en la que Estados
Unidos claramente tiene desventaja, está perdiendo la carrera por el desarrollo de
la tecnología 5G, la cual China lidera a través de Huawei, y ahora Beijing allana una estrategia de transición económica que se prepara para un orden internacional en el que Estados Unidos ya no sea el epicentro de la demanda global.
Es decir, ha alejado sensiblemente a Estados Unidos de cualquier
posibilidad de reforzar sus demandas ante Beijing.



























