Diez meses que nos cambiaron la vida

 

¿Para bien?, ¿para mal?, ¿es el destino?, ¿se puede cambiar la fuerza del destino? Cada vida es diferente, usted decida.

Las elecciones: no importa que usted sea republicano, demócrata o independiente, en estas elecciones presidenciales, en estos diez meses, sea del bando que se sea, ¡usted perdió!

No importa que usted sea joven, de mediana edad o anciano, en lo que respecta al coronavirus, ¡usted perdió!, en otras palabras: toda la población perdió. A los más jóvenes les robaron parte de su vida, a los otros, lo que les quedaba de su vida.

No importa que usted sea sudamericano, norteamericano, europeo, asiático, africano, en esta pandemia, ¡usted perdió!, en otras palabras: ¡la humanidad perdió!

Si usted es estudiante, no importa el nivel de estudios, k-12 o universitario, ¡usted perdió! Las materias cubiertas en línea no son las mismas, y no se recuperarán, la experiencia social, no es la misma, la asimilación no es la misma, en otras palabras, les robaron un semestre de aprendizaje.

Si usted es abusada, abusado en su hogar, ¡usted perdió! Durante estos 10 meses su vida estuvo, está en permanente peligro, y le cerraron toda puerta de escape, a usted y a sus hijos.

En lo económico, si usted vive de su trabajo, o peor aún, si usted perdió su trabajo, ¡usted perdió! Si usted es pequeño comerciante y sus ingresos dependen de sus clientes, ¡usted perdió!

En otras palabras, ¡todo el mundo perdió! Me corrijo, no todo el mundo perdió, los millonarios, multimillonarios, grandes corporaciones, aquellos que no pagan impuestos o evaden el pagar impuestos, esos ganaron, por sobre el sufrimiento de los otros y por sobre su conciencia, ¡ganaron!

Si usted está leyendo este artículo, es que logró sobrevivir estos 10 meses, ¡felicitaciones!

Si logró pasar el infierno de estos 10 meses sin deprimirse, ¡felicitaciones!, usted entra en la categoría de rara avis, esas personas excepcionales y difíciles de encontrar.

Si usted aún escucha las noticias resistiendo la natural tentación de apagar el televisor o botar el diario, ¡qué piel tan dura tiene!

10 meses y la humanidad se cansó, América se cansó, usted se cansó, mi vecino se cansó, yo me cansé, mi familia se cansó, mis amigos se cansaron, hasta el verbo cansarse se cansó.

10 meses viendo pasar los muertos, desgastan, y uno se acostumbra, 10 meses contando infectados, desgastan, 10 meses escuchando solamente hablar mal de Trump o hablar mal de Biden cansan, 10 meses en que el contenido de las campañas se diluye y son un cascarón vacío cansan, 10 meses escuchando propaganda negativa cansan, 10 meses de agresividad cansan, 10 meses de pedirnos el apoyo a través de donaciones en la situación económica en que nos encontramos es casi una insolencia y una bofetada para aquel que no tiene qué comer o pagar su arriendo, para aquel que perdió el empleo, y cansan.

“Money, money, money, money”, recuerda Cabaret y se intenta hacer olvidar que los multimillonarios, las corporaciones son las que verdaderamente financian la política y son los que sacan tajada. Cien millones de dólares compran influencias. Me pregunto si mis 10 dólares me otorgan algún derecho.

Faltan 22 días para las presidenciales en los Estados Unidos, 22 días que parecen siglos, 22 días en los cuales el cansancio se transforma en hastío. Faltan solo 22 días y se escucha en uno y otro bando: “no quiero escuchar nada, no quiero verles ni la cara, no quiero hablar de política, no quiero hablar de la peste, no quiero pensar, no quiero leer,
no quiero,
no quiero,
no quiero,
quiero que el infierno termine, quiero regresar a mi vida normal, quiero salir, quiero cerrar los ojos y despertar en el futuro, quiero que decidan por mí, y despertar en el pasado”.

El cansancio nos ganó, el hastío nos ganó, y el cerrar los ojos, los oídos y la vista no es la solución, nadie sabe a ciencia cierta cuál es la solución para cada individuo, pero a 22 días de unas elecciones presidenciales, cada uno debe enfrentar la depresión, el aislamiento, la política del avestruz.

Nadie tiene el derecho de decirle a otro por quién debe votar, pero cuando se vota por cansancio, o no se vota por cansancio, cuando se vota por hastío, o no se vota por hastío, cuando se vota sin pensar, ¡perdimos!

¿Se puede cambiar el resultado?

Para cambiar de perdedores a ganadores, debemos impedir que el hastío nos gane, que el cansancio nos gane y permitamos que otros decidan nuestro destino.

Lo sé, no es fácil, a veces más que apagar el televisor o dejar de lado el diario, dan ganas de romperlos en mil pedazos, pero el voto, ese pedacito de papel, es la herramienta más poderosa que tenemos para salir de la depresión, del cansancio, y de sentirnos poderosos, poderosas, puesto que el poder nos pertenece y son ellos, los agoreros de la muerte, los que se creen con derechos sobre nosotros, los que tienen que cambiar.

Ese voto no es por uno u otro, ese voto es un voto que tiene alma, es un grito contra la desigualdad, contra el racismo institucional, contra la violencia institucional, contra la desigualdad en la educación, contra aquellos que quieren restringir nuestros derechos.

Ese voto es un grito contra, pero sobre todo es un grito por, por el cambio, por la igualdad, por que América sea de todos, por una nueva América, esa América multicolor, multirracial, multicultural, la América de nuestras hijas, de nuestros hijos, esa América abierta de mente, refugio de los perseguidos del mundo, como al comienzo, esa América que lucha contra la injusticia, esa América que es parte del mundo y no una América egoísta que lucha contra el mundo.

El voto nos cambiará del bando de los perdedores al de los ganadores, al bando de los que tenemos una voz y esa voz, tu voz, cuenta para que esta historia no termine, como es la costumbre, con un: nos ganaron por cansancio.

Si a comienzos del año 2021 la peste golpea a mi puerta, y, sin máscara, la abro, la muerte me sonreirá y dirá: bajaste la guardia, por cansancio te gané.

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