Hace una década miles de inmigrantes de la ciudad de Nueva York celebraron la noticia que bajo el programa conocido como Acción Diferida para los llegado en la Infancia (DACA), estarían protegidos contra la deportación, podrían obtener un permiso de trabajo, hacerlos elegibles para solicitar licencias de conducir (en algunos estados) u otros beneficios.
Para Emili Prado, ser indocumentada ha sido sinónimo de lucha, esfuerzo y dedicación. Cuando llegó a la ciudad de Nueva York a la edad de un año y medio, desde México, vino con ella un cúmulo de sueños y deseos en la búsqueda de una mejor vida junto a sus padres.

La mayor parte de su juventud ha sido dedicada al activismo comunitario en el condado de Staten Island. Sin embargo, debido a su estatus migratorio ha habido muchos obstáculos que no le han permitido desarrollar todo su potencial.
Antes de inscribirse en el programa DACA, le habían llegado varias oportunidades académicas, pero desafortunadamente debía rechazarlas, porque era indocumentada. No tener un número de seguro social le negaba tener las herramientas básicas, para construir un futuro mejor, en un país y en una ciudad a la que ella misma define como “su único hogar”.
Desde 2012 que se creó DACA, bajo la administración del expresidente Barack Obama, este programa se ha mantenido en un terreno inestable, con fallos judiciales y acciones administrativas que mantienen en la incertidumbre de la deportación a quienes son parte de DACA.
El expresidente Obama en 2012, describió a los posibles beneficiarios de DACA como “jóvenes que estudian en nuestras escuelas, juegan en nuestros vecindarios, son amigos de nuestros hijos y prometen lealtad a nuestra bandera”.
La madre de Emili la incentivó para involucrarse a realizar trabajo comunitario y a través de eso pudo obtener DACA. “Cuando yo obtuve DACA tuve la posibilidad que se abrieran muchas oportunidades”, dijo Emili, quien actualmente se desempeña como coordinadora de servicios en la organización comunitaria La Colmena.
Para Emili ser beneficiaria de DACA ha sido transformador, le ha permitido trabajar legalmente en la ciudad y actualmente estudia leyes en una universidad en Brooklyn.
Su trayectoria ha sido amplia, incluso ha servido como defensora en nombre de los inmigrantes ante los tribunales para que se apruebe una legislación que permite a las personas con residencia, permiso de trabajo y beneficiarios de DACA, poder votar en la ciudad de Nueva York.
Para que los también conocidos como Dreamers por la llamada ley “Dream Act”, continúen construyendo este país, dependen de un fallo judicial o acciones administrativas, por eso se han organizado a nivel local y nacional para exigir regular su estatus migratorio y no vivir esa montaña de incertidumbre mientras DACA esté sumido en disputas legales.
El futuro de estas personas es incierto, Emili espera que al igual que ella, muchas personas también puedan ser beneficiarias de este programa, logren obtener un estatus legal que les permita tener una vida normal. “No vamos a dejar de luchar hasta que podamos obtener un camino a la ciudadanía”, expresó.

¿Qué pasa con el programa DACA ahora?
Entre los distintos grupos de la comunidad inmigrante los Dreamers han tenido cierta empatía en los legisladores federales, no así, en los republicanos, quienes han rechazado propuestas legislativas para apoyar a estos jóvenes que tienen entre 20 o 30 años, muchos de ellos ya con una carrera profesional o estudiantes universitarios.
Si bien DACA desde su creación en 2012 por una Orden Ejecutiva del expresidente Obama no representó una vía a la ciudadanía, se ha convertido en un salvavidas para miles de jóvenes que han aplicado a este programa, sin embargo, estas personas no han podido planificar su vida, el programa te exige renovar cada dos años tu documentación.
DACA ha brindado el alivio a más de 830,000 jóvenes indocumentados que han sido registrados, pero siempre ha sido un programa temporal.
Durante los últimos años, ha estado bajo ataque. En 2017 el expresidente republicano Donald Trump intentó eliminar el programa, desde entonces, ha estado inmerso en batallas jurídicas.
En septiembre pasado después de que un juez de Texas dictaminó que DACA era ilegal, El Departamento de Seguridad Nacional dejó de procesar nuevas solicitudes de personas elegibles para DACA, debido a la última orden judicial, además dejó de renovar la documentación de aquellos que estaban dentro del programa, pero que su fecha de duración expiró hace más de un año.
Actualmente, DACA continúa siendo asediado. Según FWD.us una organización que defiende a los inmigrantes existe más de 80,000 nuevas solicitudes que están estancadas, dejando en el limbo a las solicitudes de miles de jóvenes que no se han podido procesar, estas personas, además, están vulnerables a la deportación.
El juez federal de Texas dictaminó que el programa era ilegal, dijo que el expresidente Barack Obama se había excedido en su autoridad cuando creó el programa DACA en 2012.
Aunque Joe Biden, ha mostrado cierto interés por legalizar a estos jóvenes, el próximo 6 de julio de 2022, la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos, escuchará una apelación de la administración del presidente contra la anulación del programa. Los expertos auguran que existe la probabilidad de que el caso termine en la Corte Suprema de los Estados Unidos.
El Congreso de los Estados Unidos, también podría intervenir después del fallo judicial de la Corte de Apelaciones y proteger a estos jóvenes soñadores, pero se requiere de mucha voluntad política, que varias autoridades electas y líderes organizacionales han demandado.
La representante del Distrito 39 de Nueva York ante la Asamblea estatal, Catalina Cruz, quien nació en Colombia y llegó a Queens a los 9 años, permaneciendo durante más de 10 años como indocumentada, durante una manifestación en Battery Park, preguntó: “¿Por qué simplemente estamos condenados a sobrevivir?”.
“Estamos cansados de las promesas de los demócratas, porque fueron ellos los que nos prometieron en las últimas elecciones presidenciales que en los primeros 100 días íbamos a tener una reforma migratoria”, dijo Cruz refiriéndose a la promesa del presidente Biden durante su campaña electoral. “Ya pasaron los 100 días, ya pasó el año y no nos han dado absolutamente nada. Nos merecemos más que sobrevivir”, agregó.
Una oportunidad de integración
Las personas que han estado bajo la protección de DACA en estos 10 años, ya no son niños. Al igual que sus compañeros ciudadanos estadounidenses, se han graduado de las escuelas, se han convertido en profesionales, han servido en las fuerzas armadas, han formado sus familias, han comprado casas, asisten a las universidades, prácticamente han construido su vida en este país que llaman “hogar”.
Aunque los beneficiarios de DACA han crecido y transformado este país, la política de DACA no ha sido suficiente, algunos de ellos por no tener un número de seguro social no pueden acceder a todos los beneficios, incluso a becas universitarias.

Ángel Salazar, originario de México, estudia el tercer año de Administración de Empresas en el College of Staten Island (CSI). Como trabajador asociado de la organización comunitaria La Colmena en Staten Island, ha apoyado diferentes campañas, ayudó a que los inmigrantes indocumentados llenaran El Censo, apoyó que los jóvenes salieran a ejercer su derecho al voto en las pasadas elecciones presidenciales.
Su estado migratorio ha servido de impulso para ayudar a inmigrantes indocumentados a conocer sobre sus derechos laborales y abogar ante las autoridades sobre los soñadores. También es líder en la organización Staten Islander Dreams, donde por varios años se ha destacado ayudando a los jóvenes inmigrantes a organizarse y abogar por su comunidad.
“A menudo, las luchas de las personas indocumentadas son ignoradas y descartadas. El programa DACA ha sido un recurso invaluable que me permitió obtener becas para la matrícula universitaria. Aun así, las personas indocumentadas necesitan mucho más apoyo. Contribuimos a todas las facetas de nuestra economía. Sin embargo, tenemos poca o ninguna representación política. Merecemos una voz en las decisiones y políticas que afectan nuestras vidas”. dijo Ángel Salazar.
En Nueva York junto a Ángel Salazar, se han realizado mítines para pedirle al Congreso estadounidense que apruebe una legislación que transforme el sistema de inmigración anticuado e inhumano del país y brindarles a los inmigrantes profundamente arraigados un camino hacia la ciudadanía. Sus vidas y su futuro dependen de ello.

Esenciales durante la pandemia del COVID-19
No es ajeno que los inmigrantes, los indocumentados y los numerosos beneficiarios actuales y anteriores de DACA fueron esenciales después de que la ciudad de Nueva York se convirtiera en el epicentro de la pandemia mundial del COVID-19.
Los latinos, por ejemplo, fueron los que estuvieron enfrentando al mortal virus en primera línea, en los supermercados, en los bancos de distribución de comida y mantuvieron en movimiento a la ciudad, mientras algunos la abandonaron u otros realizaban trabajo remoto desde sus casas.
“Nuestros soñadores fueron los doctores, los enfermeros, las personas que estaban salvando vidas en los hospitales”, dijo Catalina Cruz.
Jessica Astudillo, originaria de Ecuador, llegó al país en 1995, en los años siguientes, creció completamente ajena a cualquier diferencia con los otros niños que la rodeaban. Independientemente de las limitaciones por ser indocumentada, se aseguró de seguir mirando hacia adelante y sobresalir.

En 2011, obtuvo una beca de mérito completo para estudiar en el Macaulay Honors College en CUNY, una oportunidad que le ayudó en la búsqueda de sus sueños de convertirse en médico. Un año después, en 2012, solicitó y recibió DACA.
“No creo que nadie pueda describir adecuadamente cuán liberadora y satisfactoria se volvió la vida después de DACA”, reveló Astudillo.
Actualmente es médico de la ciudad de Nueva York y orgullosa beneficiaria de DACA, al igual que quienes están dentro del programa DACA, también ha experimentado el peso de la incertidumbre sobre su futuro.
Mientras trataba a pacientes pediátricos en pleno apogeo de la pandemia mortal en algunas de las comunidades más afectadas, su trabajo lo realizaba sabiendo que su estatus migratorio la hacía vulnerable a la deportación.
Una situación que Astudillo define como “moralmente incorrecto”. Que, además, pone en peligro la salud pública de la ciudad de Nueva York.
Jessica Astudillo, se esforzó por no dejar que su falta de documentación le impidiera perseguir sus objetivos, y, a pesar de no poseer un documento legal, sigue anteponiendo las necesidades de sus pacientes a las suyas para mantener seguros a los niños y sus familias.
“Sé que soy uno de los muchos que no estarían aquí sin DACA, pero también soy uno de los muchos que han enfrentado temores de que mi familia sea destrozada por políticas de inmigración crueles e implacables”, dijo Jessica Astudillo.
La médica de Pediatría en Langone Health de la NYU, recordó que en su carrera profesional trata de encontrar soluciones a las disparidades de salud que afectan de manera desproporcionada a las familias inmigrantes latinas.
Aprovecha sus horas libres para ser más activa e involucrarse con su comunidad a través de la defensa de la inmigración. “Todo esto es para asegurar que aquellos que me siguen tengan un futuro mejor, y estoy orgulloso de estar junto a los soñadores y defensores que luchan por lo mismo”, dijo Astudillo. “Pido que los demócratas cumplan su promesa de proteger a los inmigrantes para que podamos seguir contribuyendo a nuestras comunidades”, demandó.

Los Dreamers son vitales en Nueva York
En reconocimiento al aniversario de DACA, la organización FWD.us publicó un nuevo informe que brinda un análisis estado por estado del impacto de DACA.
Su informe encontró que Nueva York es el hogar de 38,000 beneficiarios de DACA. De estos, el 81% se encuentra actualmente en la fuerza laboral, el 92% tiene un diploma de escuela secundaria, el 51% tiene alguna educación universitaria, el 20% está casado y el 20% tiene hijos. Hay más de 26,000 ciudadanos estadounidenses en Nueva York que viven con beneficiarios de DACA.
A pesar de las contribuciones de los beneficiarios de DACA a la economía, las comunidades y la cultura de nuestra nación, los beneficiarios de DACA no tienen un camino hacia la ciudadanía o la residencia legal permanente.
El alcalde de la ciudad de Nueva York, Eric Adams, y el comisionado de la Oficina de Asuntos de Inmigrantes de la alcaldía, Manuel Castro, emitieron una declaración conjunta en el décimo aniversario de la creación de DACA.

“Estos jóvenes contribuyen a nuestra sociedad, día tras día, y muchas veces asumen los trabajos que otros no están dispuestos a asumir. Desde estudiantes y enfermeros hasta trabajadores sociales y trabajadores esenciales que sirvieron en primera línea durante el apogeo de la pandemia de COVID-19”, expresa parte de la declaración.
“Nos unimos al presidente Biden y la delegación del Congreso de Nueva York para pedirle al Senado de los Estados Unidos que finalmente apruebe la Ley de Promesas y Sueños Estadounidenses que otorgará a cada uno de estos jóvenes notables un camino hacia la ciudadanía”, demandan ambos funcionarios neoyorquinos.




























