EDITORIAL
El liderazgo hispano en Estados Unidos se encuentra feliz y muy orgullo por varias razones, sentimiento que se exalta durante el Mes de la Herencia Hispana o de la Hispanidad, como se conocen las celebraciones instauradas a nivel federal desde 1988 del 15 de septiembre al 15 de octubre.
Muchos aspectos confrontan la celebración de este Mes Nacional de la Herencia Hispana, no solo para recordar y celebrar las innumerables contribuciones que los hispanoamericanos han hecho y continúan haciendo a los Estados Unidos de América.
Esta celebración es ante todo un llamado definitivo al liderazgo latino nacional, disperso, ideológicamente dividido y confrontado, a honrar sus raíces no solo con iniciativas que aseguran puestos de trabajo para los allegados y de los cuales se benefician mayoritariamente solo las comunidades con mayor representación política.
Esta celebración del Mes de la Herencia Hispana exige inevitablemente acciones concretas que no se limiten a paños de agua caliente, a alivios y ayuda de momento, que en el proceso histórico quedarán marcados como estrategias electoreras para contentar a las masas hambrientas de justicia.
Esa imagen populista de una gran mayoría descontenta, confronta al liderazgo latino nacional a la búsqueda de soluciones de largo alcance y proyección futurista. No podría existir un mejor momento en la historia para lograrlo, con una administración, que a pesar de las serias críticas a su política en inmigración, con la deportación masiva de las recientes caravanas de inmigrantes en la frontera sur, ha recargado la responsabilidad a países como México, donde diariamente se repitan graves atropellos a los derechos humanos de inmigrantes que desesperadamente tratan de llegar a Estados Unidos.
Un momento excepcionalmente positivo cuando la administración federal cuenta con cuatro secretarios de gobierno, que como los enumeró en su proclamación del Mes de la Herencia Hispana el presidente Biden, se encuentran en al mando de sectores “críticos de la vida americana”, como son en Salud y Servicios Humanos el mexicano Xavier Becerra, en Seguridad Nacional el cubano Alejandro Mayorkas, de Educación el puertorriqueño Miguel Cardona y la administradora de pequeñas empresas Isabel Guzmán, de ascendencia mexicana.
El presidente por su parte mantiene abierta la necesidad de ofrecer un camino a la ciudadanía para los hispanos indocumentados, gran porcentaje del cual son una parte los soñadores, beneficiarios del TPS, trabajadores agrícolas, trabajadores esenciales, particularmente por sus excepcionales contribuciones durante la pandemia y ahora, durante la conmemoración de los veinte años de los ataques terroristas del 9/11, de los trabajadores de recuperación de los atentados que continúan sin estatus legal.
Como el presidente lo ha firmado en su declaración de la celebración del Mes de la Hispanidad, la reforma migratoria se necesita desesperadamente y crear un camino hacia la ciudadanía es una de las principales prioridades de su administración, no solo porque beneficia a la economía de la nación, sino también porque es lo correcto.
Este es el mejor llamado especialmente a sus coidearios demócratas, de presentar de una vez por todas una propuesta justa e integral, porque de no hacerlo, toda la fuerza humana que ahora los respalda, les pedirá una rendición de cuentas y peor aún, les puede pasar la factura a nivel electoral.
Un aspecto muy importante de la proclamación del Mes de la Herencia Hispana por parte del presidente Biden ha sido su disposición para estrechar lazos de cooperación con Latinoamérica, a pesar de su inestabilidad política y tendencia a trabajar con naciones enemigas de los Estados Unidos.
El presidente a dicho y escrito “Al honrar y celebrar las contribuciones de los hispanos a nuestra nación, también reafirmamos nuestro compromiso de extender la mano de la amistad a América Latina y fortalecer la democracia en la región”, de lo cual ha realizado acciones concretas de apoyo, enviado más de cinco millones de vacunas contra el y treinta y tres millones a otros veintiún países latinoamericanos, incluyendo a Haití, que después del reciente terremoto ha sido una prioridad.
La historia de Estados Unidos y América Latina están profundamente entrelazadas y conectadas por la geografía, la economía, la cultura, la inmigración y la gran posibilidad de lograr un auténtico desarrollo continental, a través de la legalización de millones de inmigrantes, que será el más firme paso para detener la permanente, creciente y abrumadora ola migratoria, que del mundo entero llega por el paso sur.
El gobierno central desea fortalecer “una mayor comprensión y un aprecio más profundo por las contribuciones perdurables de los latinos” en palabras del presidente de turno y los momentos y circunstancias no permanecen igual para siempre.
Esfuerzos académicos para crear y conservar una colección de historias y experiencias que reflejan la presencia latina en la historia estadounidense, como las de 9/11, son solo un paso de un largo camino por recorrer.
Ojalá que esta celebración se convierta en una oportunidad de cambio positivo permanente para millones de hispanos, como los trabajadores de primera línea, con quienes existe una gran deuda moral.
Que las celebraciones de la cultura hispana, continúen inspirando a las generaciones venideras y a quienes tienen actualmente el poder, para escribir una historia de honor y de justicia.


























