Por Ximena Hidalgo-Ayala
IMPACTO
“Varias de mis esculturas, sobre todo las que parecen rostros hechos, tienen el nombre de desamparados, con los que he mantenido conversaciones y todas las paredes que hago, se llaman "cuerpos", cuerpos con fisuras obvias, como los de ellos.”
-Cecilia J. Chueca

La palabra "muro" ha sido asimilado como un elemento de exclusión, de discriminación, de ruptura de relaciones, desde las familiares hasta las relaciones entre países. En medio de esta percepción, la artista peruano-americana Cecilia Jurado Chueca presenta una muestra que tiene a los muros como elemento preponderante.
Con un importante legado académico de sus padres, Cecilia J. Chueca pertenece a una generación de artistas y promotores culturales latinoamericanos, profundamente comprometidos con la sociedad. Creció entre México y Perú y que desde hace trece años radica en Nueva York, asiste desde 1994 a personas sin hogar, así como a personas de la tercera edad en hogares de ancianos y a pacientes psiquiátricos.
Sus obras son una invitación directa a reflexionar sobre asuntos profundamente humanos, desde aspectos vitales que se proyectan a elevados razonamientos sobre la existencia humana.

¿Por qué decides realizar una muestra artística sobre muros?
-Los muros suelen definir lo que está adentro y lo que está afuera, lo que es privado y lo que es público. Pero ¿cuál es la realidad? En mis obras esos muros están rotos y me interesa que en lugar de parecer impenetrables, aparezcan frágiles, evidenciando como el paso del tiempo hace todo menos endurecerlos. Desde pequeña he vivido en diferentes casas, en distintas ciudades y siempre me he sentido una inmigrante. Mi concepto de casa era el de una nómade y creo que actualmente es el concepto de mucha gente, que está dejando un lugar para ir a otro. Esta realidad es más obvia en la gente que vive en las calles.
¿Tiene que ver con el uso politico de los muros en la campaña presidencial?
-De alguna forma sí, por eso le pusimos el subtitulo "Hay alguien ahí al que no le gustan las paredes". Creo que las paredes divisorias de países, de culturas o de etnias, solo segregan y crean disparidad, donde los de un lado piensan que son mejores que los del otro. Lo sabemos por lo que pasó con el Apartheid en Sudáfrica, el muro de Berlín en Alemania y el conflicto de siempre en la frontera entre Estados Unidos y México. No podemos seguir construyendo paredes.
La mendicidad en Nueva York ha crecido ¿cuál es el impacto de este tema en tu obra?
-Mucho, he trabajado con personas que viven mayormente en la calle desde hace veinte años. Esos son los que no pueden estar dentro de muros. Es una situación compleja, hay gente que no tiene casa porque ha perdido el trabajo, no tenían ahorros, ni propiedades y se encuentran de un día a otro en la calle y son temporalmente desamparados. Pero hay gente que vive en la calle porque ha tenido crisis emocionales muy serias y han dejado todo, porque no le encuentran sentido a seguir metidos en un sistema social en el cual se sienten infelices. También hay los que simplemente no pueden socializar con “normalidad", aunque lo intenten, porque tienen problemas psiquiátricos de nacimiento que los apartan o traumas adquiridos, por ejemplo aquí hay muchos veteranos de guerra sin hogar, o gente de orígenes humildes que han sido fuertemente violentados: mujeres violadas, hombres repetidamente encarcelados.
¿Quién es Angie?
-Un día, mientras esperaba en una estación del tren, me senté en una banca a descansar, estaba muy estresada porque tenía mucho trabajo. A mi lado, vi como se movía una enorme bolsa de basura, me asusté, luego vi salir de ella a una mujer con una expresión muy linda en la cara, era Angie. Conversamos mucho, esa vez y muchas otras. Había sido profesora universitaria en Londres, había pasado largo tiempo en el hospital por una crisis de estrés. Cuando se recuperó, decidió venir a Nueva York a pensar qué hacer con su vida. Un día se le acabó el dinero y se vio durmiendo en la estación, pasaron los días y seguía ahí, luego se dio cuenta que ese era un buen lugar y una buena situación para pensar.
¿De qué se tratan las iluminaciones?
-Cuando nombré a la exhibición "Iluminaciones de Angie”, fue también porque ella me habló de cosas fundamentales de la vida que había entendido desde la precariedad en la que estaba. Después de ser una triunfadora y trabajar fuerte, para entre otras cosas, tener más reconocimiento, ahora que no tiene nada, después de dejarlo todo, me dijo: “¿sabes lo que más me importa ahora? estar abrigada, sentir calorcito".
Un mensaje final
-La muestra habla de todos nosotros, sobretodo cuando sentimos que estamos fuera de lo establecido como normal. La exhibición, como una película, tiene momentos dramáticos, pero también tiene momentos de humor. Para ver hay paredes gigantes y también esculturas pequeñas hechas a mano, de cerámica, de elementos muy cotidianos, pero con un giro, con una función diferente. Habla de la creatividad desde la sobrevivencia. Espero que se sientan acogidos.


























