Estimado Papá Noel,
Se pierde en mi memoria la fecha cuándo TU surgiste, obeso y rojizo, y te auto convertiste en el símbolo de la Navidad que en el mundo occidental y cristiano era para celebrar el nacimiento del Niño Emmanuel, el redentor del mundo. La Biblia lo dice así. Pero por ninguna parte apareces ni en la Biblia, el Corán o cualquier otro libro sagrado por el cual se pelean millones en la Tierra.
Te llaman Santa Claus en Estados Unidos, San Nicolás en algunos países nórdicos y simplemente Papá Noel en casi todo Latinoamérica, el Caribe y España. En fin, es como dice el dicho: “la misma chola con diferente calzón” o con el mismo disfraz. Eso sí, estás asociado a los catálogos de reconocidas tiendas como Macy’s, JCPenney y otras que hacen su agosto” en noviembre-diciembre luego que se da la campanada y a correr que la ganga se va a acabar, y millones quedamos endeudados por los próximos meses. ¡Qué lindo es el viernes negro!
Grato Santa, pero no es todo, no sé de dónde sacaste la idea de imponer un árbol –genuino pino o copia- para que se erija en ícono de esta temporada, y miles de personas se lo han tomado tan en serio que hay excursiones para ver el susodicho vegetal en el Rockefeller Center o al pie de la Casa Blanca, tal si fuese la quinta maravilla o la fuente de la juventud.
Mientras tanto, el sentido de la real Navidad, del festejo del nacimiento del Niño Jesús con los que millones crecimos en Latinoamérica, el Caribe y España, cada vez engrosa más un capítulo de Wikipedia, que la vida real. Santa, tú no existías entonces, y se adoraba al Niño Jesús en el portal de Belén –de la sala-, rodeado de la Virgen María y San José, los tres reyes magos, sus pastores, bueyes y asnos. Y de acuerdo a la costumbre de cada país, los niños esperaban al pie del pesebre sus regalos cuando llegara la medianoche del 24 de diciembre o el 6 de enero como se hace en los países caribeños, partes de México y España.
Pero ¡qué se puede esperar, Santa, si hasta el Papa Benedicto XVI acaba de anunciar en un libro que Jesús no habría nacido el 25 de diciembre, y que en el pesebre no había animals. Come on Papa XVI!, así Ud. no va a pasar a la posteridad, desmontando todas las tradiciones cristianas.
Los pesebres hoy casi han desaparecido, y los regalos de Navidad se apilan al pie del árbol real o de plástico, donde Periquito y Dorita esperan se hagan realidad sus sueños. Es el mismo sueño grato, Santa, de muchos grandotes y grandotas que esperan tus regalos en otras dimensiones.
Más de diez millones de indocumentados, sueñan con Barack Obama dando la reforma inmigratoria: dejando atrás la pesadilla de vivir a salto de mata y una infracción que los podría conducir directamente a Ciudad Juárez, o a un avión incierto. Los trabajadores de restaurantes de comida rápida sueñan que sus salarios lleguen a $15 la hora, que con mis ojos terrenales veo muy difícil, pero tú eres una deidad y tal vez puedas hacer el milagro.
Santa, los hispanos queremos poder político, y si Adolfo Carrión o Rubencito Díaz llegan a la alcaldía de la ciudad de Nueva York ¡Qué más da! , porque hace tiempo ya nos bailaron y dejaron quebrados de cintura cuando vapulearon a Herman Badillo y después a Fernando Ferrer. Gordo simpaticón, es la única manera de hacernos sentir seriamente en la sociedad del país más desarrollado del mundo. Hemos tomado muchos oficios que nadie los ha querido por años, hemos cultivado inmensos plantaciones en California, Florida, el sur de New Jersey y casi todos los estados de este rico país, sin embargo esos duros jornaleros, cuyas manos han sangrado muchas veces, viven en el limbo con sus familias e hijos.
Santa, es tiempo que los ayudes, nos ayudes, y que muchos de ellos consigan empleos dignos y dejen de ser perseguidos. Lo mismo para los trabajadores urbanos que cada mañana repiten el sortilegio de ubicarse en algunas esquinas esperando alguien les ofrezca un trabajo ocasional.
Vivimos tiempos revueltos, deidad rojiza, y es incomprensible que algunos políticos conservadores crean con honestidad que es mejor invertir en un avión bombardero que cuesta $350 millones en vez de dar chavos para el Medicaid, creen que el Estado es malo si ayuda a los pobres pero es bueno si alimenta la industria de guerra.
Algunos escépticos, Santa, no creerán que esta es época de amor y paz, que es imposible que negros, blancos, hispanos y todas las razas, rememos en la misma dirección por hech0s infortunados derivados de conductas agresivas de ciertos enfermos mentales. Hace pocos días un desquiciado de origen afroamericano empujó a las vías del tren en Manhattan a un joven de origen asiático, y la semana pasada –lo mencionamos, pero no queremos hacer de esto un circo- un joven blanco (por enésima vez de la misma etnia) ha matado a sangre fría a 20 niños, sus profesores y a su propia madre. Papá Noel, te pedimos intercedas y nos des el regalo de la paz. ¡Todos lo necesitamos!
En fin, una golondrina violenta –excepción a la regla- no hace un verano violento, por eso el contenido, el fondo, de esta temporada de Paz y Amor está más vigente que nunca. ¡Santa, dános ese regalo!
¡FELIZ NAVIDAD!


























