1928-2012
Carlos Fuentes: el 'Don' de la palabra
Claudia Munaiz
En 1962 escribió sobre 'La muerte de Artemio Cruz' en una novela que se erigió en una brillante radiografía del México contemporáneo. Ahora los medios escriben sobre la de su autor, Carlos Fuentes. Con una frase oportuna para toda ocasión, el escritor tenía siempre el "Don" de la palabra.
En 2001, el entonces secretario de Trabajo del Gobierno de Vicente Fox, Carlos Abascal, tachó la obra de Carlos Fuentes "Aura" de inadecuada para su lectura en las preparatorias del país. Y sin saberlo, este libro, repleto de simbolismo y aparentemente pecaminoso, volvió a ponerse de moda gracias a la opinión del censor. ¿Sería "Aura" una metáfora para demostrar que México era incapaz de desvelar los misterios de su propia alma?.
"Una simple historia de amor que no le faltaba el respeto a la vida privada, ni perturbaba la paz pública, aunque sí podría perturbar la moral de las buenas conciencias", comentó al respecto en su momento el actual presidente mexicano, Felipe Calderón.
Fuentes criticó y lamentó durante toda su vida que México fuera incapaz de construir una democracia más auténtica. Tuvo una reflexión para ello: "La democracia es el peor de los sistemas políticos, a excepción de todos los demás".
Fue gran amigo del escritor colombiano Gabriel García Márquez, con quien inició una amistad hace cuatro décadas cuando juntos decidieron dedicarse a escribir novelas. En una ocasión, preguntado sobre si le debían el Premio Nobel, contestó rotundo: "No, para nada; el Nobel me lo dieron cuando se lo dieron a García Márquez. Ahora vienen los jóvenes".
AMANTE DEL ESPAÑOL
Sobre el futuro y el poder de la juventud, Fuentes también vaticinó en una entrevista que "una vieja tradición indica que los viejos damos lecciones a los jóvenes, lo que quisiera más bien es que los jóvenes me dieran lecciones a mí, ellos van a ver un mundo que yo ya no veré, traen las noticias del porvenir. Nosotros los mayores aseguramos, sin embargo, que no se olviden las novedades del pasado".
Amante del idioma español, decía que la lengua era un "como un río caudaloso a veces, apenas un arroyo otras, pero siempre dueño de un cauce (...), toda una profusa corriente de oralidad que corre entre dos riberas: la memoria y la imaginación".
"El idioma quería decir para mí nacionalidad: era un conjunto opresivo de significados sujetos siempre a lucha, a reconquista", dijo.
Considerado el fundador de la novela modernista en México, el intelectual cursó estudios superiores en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra (Suiza). Fue desde muy joven cuando su valía literaria comenzó a sobresalir y a contribuir a la universalidad de una generación de escritores extraordinarios que formarían el llamado "boom latinoamericano".
Admirador de autores como los británicos D.H. Lawrence (1885-1930) y Aldous Huxley (1894-1963), Fuentes consideraba pertinente la ficción para responder a las preguntas de cómo éramos y cómo seremos, y conocer el mundo desprovisto de la racionalidad.
"Ni la ciencia, ni la lógica, ni la política nos darán una respuesta. Tampoco nos la dará la novela. Lo que hace la novela es plantear la pregunta de una manera equívoca, de una manera cómica, transgresiva que las otras disciplinas no nos permiten", llegó a decir.
EL BOOM LATINOAMERICANO
A su obra narrativa el propio Fuentes la llamó la "Edad del tiempo", e incluye títulos como "Los días enmascarados" (1954), "La región más transparente" (1958), "La muerte de Artemio Cruz" (1962), "Gringo viejo" (1985), "La silla del Águila" (2003) y "La voluntad y la fortuna" (2008), sobre la violencia ligada con el narcotráfico.
En 2008, el español Juan Goytisolo dijo que Carlos Fuentes logró, junto con García Márquez y el resto de los llamados autores del "boom latinoamericano", "que entroncara de nuevo la literatura española con la modernidad" después de que España diera la espalda a la cultura universal durante siglos.
Para el crítico literario mexicano Christopher Domínguez, "la obra de Fuentes es el conjunto más complejo y variado de la narrativa mexicana", y en la misma estuvieron "todas las conquistas y tendencias de la literatura contemporánea".
Señala que "el desarraigo" es el punto de partida permanente de Fuentes, un escritor que llegó a describir su quehacer literario como una lucha de un boxeador con las palabras, a las que siempre trató de no dejarlas entrar en su acepción común y corriente.
Sobre la transición que comenzó en 2000 en México con la llegada al poder de Vicente Fox de la mano del conservador Partido Acción Nacional (PAN), Fuentes dijo que el mandatario "llegó con una ola de entusiasmo renovador que no se podía cumplir".
En ese mandato, que duraría hasta 2006, hubo según el escritor un "Gobierno holgazán", que "dejó pasar el momento histórico" que le correspondía tras sacar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de 71 años consecutivos en el poder.
Entre los muchos premios que ha recibido destacan el Cervantes (1987), el de Asturias de las Letras (1994), el de Biblioteca Breve por "Cambio de piel" (1967), y el Nacional de Literatura de México (1984).
"AQUÍ CAÍMOS"
Hoy cobran vigencia las palabras incluidas en "La Región Más Transparente". "Aquí caímos. Qué le vamos a hacer. Aguantarnos, mano. A ver si algún día mis dedos tocan los tuyos? Tuna incandescente. Águila sin alas, Serpiente de estrellas, Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire".
Con "Federico en su balcón", recién terminada, Fuentes ya planeaba una nueva novela: 'El baile del centenario', porque como comentó en la entrevista publicada en El País: "Miedos literarios no tengo ninguno. Siempre he sabido muy bien lo que quiero hacer y me levanto y lo hago. Me levanto por la mañana y a las siete y ocho estoy escribiendo. Ya tengo mis notas y ya empiezo. Así que entre mis libros, mi mujer, mis amigos y mis amores, ya tengo bastantes razones para seguir viviendo".
En esta entrevista con el intelectual mexicano, publicada en un diario español hace unos días, se reafirmaba a sus 83 años su juventud creativa. La otra, la física, la fue perdiendo y, el 15 de mayo de 2012, una hemorragia en el aparato digestivo puso fin a su vida. Pero no a su obra ni a su pensamiento.




























