Buenas intenciones para el nuevo año

Al brindar por el Año Nuevo mencionamos al menos una de nuestras buenas intenciones a poner en practica desde ese mismo instante. Los buenos propósitos nos alientan ante la perspectiva de 365 días por estrenar aunque no siempre conseguimos llevarlos a término.

Inmaculada Tapia

Llevar hábitos de vida más sanos para preservar la salud, como una dieta equilibrada suele ser uno de los propósitos más habituales.

El comienzo de un nuevo año alienta nuevas perspectivas de vida. La gran mayoría de los seres humanos realiza balance, sopesa pros y contras y hace propósito de enmienda.

Nuevos proyectos se agolpan en nuestra agenda, pero serán pocos los que consigamos realmente llevar a término. Ajustar nuestras expectativas de cambio, y no diversificar y acumular iniciativas, será un buen método para evitar que pasado el tiempo nos acompañe la decepción de no haber podido poner en marcha todas ellas.

Dejar de fumar suele ser un de los objetivos que más a menudo se mencionan a principios de un  nuevo año. Llevar hábitos de vida más sanos para preservar la salud, como una dieta equilibrada y ser disciplinados para realizar más ejercicio, forman también el grupo de propuestas más comunes.

A todas ellas se añade los cursos de idiomas que queremos realizar, nuevos destinos por conocer y estrechar lazos con amigos con los que hemos estado a punto de perder relaciones forman parte de algunos buenos propósitos.

 

CALIDAD DE VIDA

Victoria Badía es psicóloga del Instituto de Psicología Aplicada de Barcelona (España), en una entrevista  Reportajes ha manifestado que esas listas de buenos propósitos surgen de la “necesidad de tener una mejor calidad de vida a nivel emocional. Por parte de todos existe un ansia de mejora; a lo largo del año tendemos a olvidarnos de nosotros mismos, a dejarnos llevar por las circunstancias y así vamos dejando de lado nuestras expectativas personales, pequeñas cosas que son las que más nos llenan”.

De esta manera, poco a poco vamos viviendo una vida que no nos satisface y que nos llena de remordimientos al no ser capaces de imponer nuestra voluntad.

En la mayoría de los casos, esta etapa de balances responde a una actitud crítica, pero constructiva sobre hacia dónde queremos que se encamine nuestra vida aunque sea a través de pequeños matices que modifique nuestra conducta lo suficiente como para que se altere la rutina que hemos establecido, muchas veces sin darnos cuenta.

 

CAMBIOS SENCILLOS

Según la psicóloga, estas listas no las elabora todo el mundo en el mismo momento. Los estudiantes, por ejemplo, comienzan su ciclo al inicio del curso. “En ese momento es donde vuelcan sus nuevas ilusiones y propósitos de enmienda basándose en la experiencia de años anteriores, y mucha gente adulta continúa después guiándose por esta misma fase”.

El hecho de plantearnos cambios sencillos y asequibles a las posibilidades de cada uno facilita que los nuevos proyectos lleguen a buen puerto. “Si se hacen las propuestas de otra manera siempre aparecerá la decepción porque no llegamos a plantearnos lo que sentimos”, comenta Badía. Sólo cuando los propósitos conectan con nuestros deseos reales, y no con los que se nos imponen socialmente o los que realizamos por influencia de la familia o los amigos conseguiremos realizarlos.

 

OBJETIVOS CLAROS

“Es agradable llevar una vida sana, pero si para hacerlo hay que plantearse ejercitar una actividad deportiva y esta nunca nos ha gustado, jamás seremos capaces de mantener nuestro propósito y eso nos acarreará una decepción”, comenta la psicóloga del Instituto de Psicología Aplicada de Barcelona.

Lo mismo ocurre cuando queremos dejar de fumar, sólo dice la doctora, si existen motivos claros para abandonar el hábito se lograr ponerle fin. Las mujeres son más intuitivas que los hombres, realizan reflexiones más profundas y analizan las circunstancias de forma diferente. “No hay estadísticas, pero me atrevería a decir que son ellas las que realizan en un número superior al de los hombres este tipo de balances, pues a lo largo del año han  dado prioridad a muchas cosas, dejando de lado sus propias expectativas y necesidades”, señala Victoria Badía.

Según la psicóloga, dentro de este tipo de buenos propósitos para el Año Nuevo pocos tienen que ver con los objetivos materiales. Comprar un coche mejor u otro logro económico tienen que ver más con nuestras expectativas laborales “o, según los casos, con el hábito del ahorro. Vivimos en una sociedad de consumo y a veces nos dejamos arrastrar por el afán de compra. Pero los buenos propósitos al comenzar el año tienen que ver más con nuestra vertiente emocional”.

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