Gestión ensombrecida por trato a desamparados

Han pasado casi cuatro años de la noche de triunfo de Bill de Blasio en el YMCA de Park Slope, Brooklyn, cuando logró obtener la alcaldía de la ciudad de Nueva York. Era la esperanza en redimir a los trabadores de menores ingresos.
Era, en fin, una esperanza en detener la galopante gentrificación que se había desatado años atrás que echaba a los residentes antiguos de sus vecindarios para dar cabida a nuevos inquilinos más solventes de dinero, o sea de mayores ingresos.
Tomaba la posta del alcalde Michael Bloomberg, un rico que hizo un buen gobierno municipal y que dejó bien encaminada a la ciudad, luego de pasar la pesadilla de la super tormenta ‘Sandy’.
INICIO POCO GRATO
Pero su inicio fue poco grato para los latinos, porque según reportó el Instituto Nacional de Política Latina a su momento, de Blasio nombró solo a nueve (9) latinos de un total de 61 representantes, totalizando el 14.5 por ciento de ellos.
La cifra no coincidía en lo mínimo con nuestra población estimada en 28.6 por ciento. Los negros, que son 25. 5 por ciento, sin embargo, fueron mejor tratados ya que les dio 17 representantes (o sea 27 por ciento de todo el equipo).
Asimismo, treintiun (31) blancos sumaron el 50 por ciento de todo el equipo que planeó su administración.
En el poder municipal, de Blasio ha tenido su mejor logro en el establecimiento del pre-K universal, por el que actualmente se benefician más de 70 mil niños. Ha sido su mayor marca junto a su combate contra el crimen.
En 2016, hubo 335 homicidios, muy lejos a los 2,200 como promedio que había en los 80s y 90s. Los tiroteos igualmente se redujeron a menos de mil, lejos de los 5,000 que hubo en 2010 (el récord previo había sido 1,103 tiroteos en el 2013).
También se registraron algo menos de 6,000 robos de vehículos, comparado a los 110 mil que hubo en 1993. En 2016, ocurrieron 101,600 crímenes en la ciudad de Nueva York, quebrando el récord previo de 105 mil crímenes.
BIEN CONTRA CRIMEN PERO
El factor crimen cuenta para juzgar una buena gestión, pero todo estaría muy bien para el alcalde de Blasio si no hubiese tenido en marcha varias investigaciones en su contra.
Y, si bien, los fiscales le quitaron toda sospecha luego que arribó el presidente Donald Trump, ha quedado prevaleciendo un mal sabor de boca al conocerse el pay-to-play en que habría estado envuelto para favorecer a algunos aportantes a su campaña de reelección.
No ha quedado claro cómo es que casi medio centenar de funcionarios (y el alcalde no sabía nada) permitieron que el lobista James Capalino se beneficiara de una gran transacción inmobiliaria, dejando encendidas varias luces rojas de inmoralidad sino ilegalidad.
Luego, este colaboró con $40 mil a la campaña De Blasio 2017 que busca la relección del actual alcalde y dio $10 mil adicionales usando su chequera personal a “Campaign for One New York”, “non profit”que cerró después como oliéndose lo que se venía.
Asimismo, ha quedado en la nebulosa la investigación de la transacción del centro médico Long Island College Hospital que fue vendido en remate por el sistema universitario estatal de Nueva York conocido como SUNY, donde personajes de la campaña de De Blasio aprovecharon para solicitar al segundo ganador (el grupo Peebles) $20 mil para la organización Campaign For One New York.
DESAMPARADOS
Si estos hechos serian ‘felonías’, su trato a los desamparados no ha sido inmoral y escuálido.
Cuando llegó a la alcaldía Rudolph Giuliani, había 23.868 neoyorquinos en refugios. Cuando asumió la administración de Michael Bloomberg, se censó a 31.009. En el primer mes de la administración de Blasio, hace tres años, llegó a 51.470 personas en los refugios.
Pero transcurridos tres años diez meses de la gestión de Blasio han crecido 20 por ciento, desde que asumiera su cargo. Los hombres y mujeres en el infortunio son ahora ¡61,471 desamparados!
Hace tres meses atrás, se contabilizaron 13,315 familias en estado de desamparo en la ciudad de Nueva York, que tenían 22,970 niños igualmente desamparados, durmiendo cada noche en los refugios del sistema municipal de refugios de la ciudad de Nueva York.
La administración de Blasio ha podido hacer muy poco o nada para mitigar el detonante del desamparo en las familias de la ciudad: el desahucio, sobrepoblación de sus residencias, violencia doméstica, perdida de trabajo, condiciones de insalubridad de la vivienda.
De toda la población de desamparados aproximadamente 58 por ciento de los residentes en refugios son afroamericanos, y 31 por ciento latinos. Asimismo, siete por ciento blancos, 1 por ciento de origen asiático, y tres por ciento de distinta etnicidad.
En casi cuatro años, la administración de Blasio no ha podido sobreponerse a la pérdida neta de aproximadamente 150.000 apartamentos de alquiler estabilizados que se arrastra por décadas.
SIN SOLUCIÓN A LA VISTA
Es más, al cortarse el programa ‘Advantage’ que ofrecía subsidios, la población en refugios aumentó en 14.000 personas.
Hoy en día, el 75 por ciento de los residentes del refugio son familias. Son la mayoría invisible de la crisis neoyorquina sin hogar.
Podría decirse que los desamparados se han convertido en el talón de Aquiles del alcalde de Blasio, aunque él ha querido superarlo pero sin éxito.
De Blasio no los ha resuelto y ha hecho miles de vagabundos inunden estaciones del subway y otros edificios públicos. Es más, podría acelerar la agudización de esta situación el recortar los servicios de cuidado de niños (childcare) en los refugios a solo 10 horas semanales.
De Blasio tiene buenas intenciones, pero mucho de su discurso retórico suena a ‘tuit’ matinal de buenos deseos.
Ha dejado en el limbo a los propietarios de pequeños negocios, muchos de los cuales han tenido que empacar y marcharse. Ha dejado sin solución a la vista al tráfico en la Gran Manzana: todos los huevos los ha puesto en la canasta del ‘subway’ pero se ha olvidado de la planificación de su conjunto, que incluyen buses, bicicletas y también la circulación de camiones.
¿Subirá el ‘derecho’ de entrar a la ciudad en automóvil, como lo hace otras grandes ciudades del mundo? No se sabe. Bill de Blasio parece más enfocado en que la gentrificación deje a unos cuantos viejos inquilinos, pero la mayoría se marche, y que el ultimo apague la luz.



























